Ad Libitum

El límite está en la imaginación

domingo, 07 de agosto de 2016 · 00:00

Guery Zabala Gumucio

S orprender a la pareja parece una buena estrategia para no caer en  la monotonía en la vida sexual. El sexo regularizado: cada "X” días, a la misma hora, con las mismas conductas o poses… es algo que seguro tarde o temprano afectará a la pareja pudiendo llegar fácilmente al aburrimiento y al desinterés.

Las parejas pueden adoptar una infinita gama de posturas, solamente limitadas por su destreza física y la imaginación. A pesar de esto, muchas parejas  utilizan pocas posturas y algunas sólo una, "misionero” (hombre arriba, mujer abajo), debido quizás a desconocimiento de la variedad. Algunas sugerencias son:

LA MARIPOSA. La mujer tiene que acostarse sobre una superficie relativamente elevada, esto permite una penetración profunda y conseguir mayor placer. Se puede apoyar con el uso del pulgar sobre el clítoris. La espalda de ella está apoyada, así que los brazos de él ayudarán a balancear su cuerpo durante los movimientos, así  como acariciar cualquier parte del cuerpo.

POSICIONES SENTADAS. Aunque las variaciones son grandes, la más usual implica al hombre sentado en una silla o en la cama y la mujer sentada como montando un caballo (horcajadas) sobre él, bien cara a cara (que es lo más habitual), o bien de espaldas. Esta posición puede ser relajada para ambos, permitiendo darse besos, abrazos y caricias   así como mantener la  comunicación visual.

MUJER ENCIMA, HOMBRE ABAJO CARA A CARA. Tendido boca arriba el hombre, la mujer puede tumbarse encima o sentarse sobre él, lo cual facilita el contacto corporal completo y las caricias por todo el cuerpo, favoreciendo la comunicación visual, verbal. En esta posición, la mujer tiene mayor libertad de movimientos para acariciar el cuerpo del compañero y del ritmo de los movimientos pélvicos y sobre la profundidad y ángulo de penetración. 

Es una postura que favorece a las mujeres con problemas orgásmicos. Para el hombre, supone mayor libertar y mejor accesibilidad para acariciar los pechos, el clítoris y todo el cuerpo de la mujer.

EL PERRITO. El hombre situado a la espalda de la mujer introduce el  pene en la vagina. La postura de la mujer puede implicar múltiples variantes: que se apoye en manos y rodillas, que se acueste boca abajo (en este caso debe levantar sus caderas, que puede ser con una almohada, para facilitar la penetración), que ambos estén tendidos sobre un costado. Según cada variación, se posibilita un coito más relajado. La mujer apoyada en rodillas y manos facilita la penetración. Las posibilidades de movimiento de ella están restringidas y no hay contacto cara a cara.

Puedo enumerar cientos de poses y quizás miles, pero para ponerlas en práctica, lo primero que tenemos que hacer es deshacernos de nuestros prejuicios. Para lograr la diversidad en las prácticas sexuales es necesario ser sinceros y expresar lo que se siente en la práctica del sexo en la pareja, decir la verdad sobre las necesidades que cada una tiene en la cama y encontrar la manera de satisfacerlas. 

Lo mismo que dejar de lado las inhibiciones en la cama. Para ello habrá que relajarse y olvidarse de esos prejuicios que aprendimos y  que en nada nos apoyan a variar en la cama. Cada quien sabe cuáles son sus inhibiciones que le impiden dejarse ir y entregarse por completo. Si lo logran, verán cómo se fortalece la intimidad y aumenta la conexión en la pareja.

Ninguna postura es mejor que otra, todo depende del objetivo, momento, condiciones y preferencias personales. Lo más importante es el tipo de relación existente en la pareja y la armonía personal lograda en estos momentos. Lo mejor, para el desarrollo de una relación sexual  adecuada es que ambos se sientan atraídos y libres para realizarla y acuerden la forma de hacerlo.

Recordar siempre que las relaciones sexuales son un medio de obtención de placer, de los más importantes que poseemos, por lo que mejorar debe constituir un objetivo permanente de la actividad sexual. Para ello no basta con partir de unas relaciones sexuales satisfactorias, sino que debe añadirse un interés por ir descubriendo y desarrollando nuevas formas de gratificación sexual. La rutina es, por excelencia, lo que conduce  a la insatisfacción sexual.

No es que te vuelvas un  acróbata, sino que en tus relaciones sexuales  des rienda suelta a la imaginación, dejes de lado tus prejuicios y solamente te entregues al placer, tomando siempre en cuenta no lastimar a la pareja  ni obligar a hacer cosas para las  que aún no está preparada. Disfruta, que las barreras para no hacerlo están en tu cabeza.


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