No puedo vivir sin pareja

¿Qué pasa cuando la búsqueda de pareja pasa de ser importante a esencial para vivir?
domingo, 7 de agosto de 2016 · 00:00
Bitia Vargas 
 La Paz

 

Hablar sobre relaciones sentimentales siempre ha sido un tema atrayente y generador de amplios debates.
 
Cuando hablamos de pareja o de enamoramiento, más de uno defenderá el hecho de que el foco de interés de la humanidad es la búsqueda del amor y la consolidación del mismo. El ser humano hace y deshace las cosas alrededor del amor; también la historia nos demuestra ello, no es extraño que muchas de las grandes batallas se hayan librado por lo que esos personajes llamaban amor.

Pero ¿qué pasa cuando la búsqueda de pareja pasa de ser importante a esencial para vivir? ¿Qué sucede con aquellas personas que de alguna manera son incapaces de permanecer solas por mucho tiempo, sino que tienen una necesidad imperiosa de estar en pareja porque de otra forma sienten morir?

Los psicólogos explicarían que este hecho, para nada inusual, se debe a un equivocado constructo de uno mismo; dicho en palabras más sencillas, la persona asume una necesidad irreal de tener como eje de su existencia a un otro que le venga a llenar las carencias (todos las tenemos pero la manejamos de distintas formas) con su presencia, que se vuelve vital.

Hemos escuchado hablar sobre los vacíos existenciales; quizá este vacío es el que mueve a la persona a buscar una relación, consolidarla, terminarla y enfrascarse inmediatamente en otra, porque ha entendido que la solución a todos sus problemas, sus tristezas y sus vacíos es otra persona. No halla la solución en sí misma sino en los demás, por lo tanto su sola presencia no le abastece para continuar, sino que precisa de otro que le venga a validar. 

Las personas a la larga se vuelven sus muletas, sus salvavidas. Como no puede caminar sola, busca una muleta; como puede ahogarse, busca un salvavidas.  

Sin embargo, aquellos salvavidas y muletas nunca terminan llenando sus expectativas, porque evidentemente son personas y no cosas. Las personas no vienen a llenarnos, vienen a acompañarnos de manera eventual, esto es lo que muy pocos entienden. 

Creemos que las personas nos pertenecen y son para siempre. Las cosificamos y cuando se van dejan un profundo sentimiento de vacío. La única forma de llenar ese vacío es buscando otra "cosa” y como el entendimiento de lo que es una cosa es errado, terminamos buscando a una persona-cosa.

Suena complejo, y en realidad lo es, deviene de nuestros fantasmas del pasado, si queremos llamarlo así, de un inadecuado aprendizaje en el que desde niños nos hacen entender que necesitamos estar siempre acompañados, nos hacen temer a la soledad, cuando deberían prepararnos para manejarla. 

Es cierto que son importantes las relaciones interpersonales para todos nosotros, pero es necesario en primera instancia estar feliz con uno mismo, saber manejar nuestra soledad y disfrutarla, porque las personas a nuestro alrededor son siempre pasajeras; así nos acompañen decenas de años, las personas tarde o temprano se van. 

Esto incluye a la familia. Cuando salimos del hogar materno, nos toca enfrentar la vida solos, en el trabajo, con nuestros amigos, en otro país, en otra ciudad, etcétera; debemos valernos por nosotros mismos y no por los demás. 

De esta forma se hace más sencillo el aceptar que nuestra pareja en determinado momento quiera irse; es más, tiene el derecho de irse, tiene el derecho de dejar de querernos, de querer a alguien más. 

Desde siempre la solución está en uno mismo y no en los demás, pero aplicar estas palabras, he ahí la cuestión como diría Hamlet. Quizá nos ayude el plantearnos tiempos de soledad para ver qué pasa. ¿Qué puede pasar? ¿Morir? La posibilidad es ínfima. 

 Es como tirarnos a la piscina, bracear y bracear, de a poco viene la calma empezamos a nadar. 

Pero esto lo entenderemos cuando finalmente tomemos "el riesgo” de estar un tiempo sin pareja, a ver qué tal nos va.

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