Reportaje

Oficinas camaleónicas

Vestíbulos y oficinas en Holanda y EEUU comparten un innovador concepto arquitectónico: sus paredes e iluminación interiores cambian continuamente de “piel”.
domingo, 11 de septiembre de 2016 · 00:00
Ricardo Goncebat

Al igual que los camaleones, algunas oficinas poseen la facultad de modificar sus colores dependiendo de las condiciones ambientales y tienen la capacidad de que su "epidermis”, es decir la apariencia de sus superficies -en este caso interiores- se modifica continuamente reaccionando a la actividad humana o al entorno natural.

LAS  MÁS PSICODÉLICAS

El bloque de oficinas Terrell Place, dentro de un emblemático edificio y punto de referencia de los Derechos Humanos de la capital estadounidense, ha recibido un impactante cambio de imagen por parte del estudio de diseño experimental ESI Design de Manhattan, Nueva York.

Las áreas comunes de esta edificación han sido transformadas espectacularmente incorporándoles 158 metros cuadrados de paneles digitales activados por el movimiento, que exhiben imágenes psicodélicas y cambiantes, ofreciendo una experiencia de obra de arte en continua evolución nunca vista y, al mismo tiempo, respetando el pasado de ese emblemático lugar, según ESI.

Terrell Place se creó al combinar el edificio original de los Almacenes Hecht’s con dos construcciones vecinas y recibió su actual nombre cuando la activista afroamericana por los Derechos Humanos, Mary Church Terrell, lideró en ese lugar, a mediados de la década de 1950, una protesta contra la segregación, a la edad de 86 años, según explican desde ESI.

Los diseñadores de la firma neoyorquina unificaron el amplio espacio del lobby (vestíbulo) de la primera planta tratándolo como un lienzo multimedia, cubriendo las paredes y corredores con gigantescas pantallas, cuyas imágenes en movimiento crean una sensación de continuidad entre las áreas del edificio y produciendo una experiencia visual envolvente y vibrante.  

"La pared-pantalla más grande, de 24 metros de ancho por 4 metros de alto, capta la atención y curiosidad de los transeúntes, que pueden verla a través de gigantescas ventanas, que una vez fueron los escaparates de exposición de los Almacenes Hecht’s”, dice  Gideon D’Arcangelo, vicepresidente de estrategia creativa de ESI Design.

"Los monitores de las video-paredes con tecnología LED  se activan con el paso de las personas, a través de un sistema de cámaras infrarrojas que detectan la actividad humana, creando hermosas escenas que se despliegan en armonía con el ir y venir en las horas punta de la mañana y que se transforman con un ambiente más calmado de la tarde”, según ESI.

Los monitores exponen tres tipos de contenidos visuales (estaciones, juegos de colores y paisaje urbano) que ofrecen una selección de escenas con duraciones variables y secuencias diferentes, asegurando que los inquilinos nunca vean la misma imagen, incluso aunque lleguen y partan a la misma hora cada día.

Se pueden ver, desde el ciclo de la vida de los cerezos, hasta la eclosión de las flores de los árboles y la caída de sus pétalos o el vuelo y aleteo de las mariposas, activándose con el paso de las personas al aproximarse a los monitores o cuando se detienen para hacer una pausa en el vestíbulo, según ESI.

La opción juegos de colores muestra imágenes multicolores generadas mediante modelos informáticos que se expanden por las video-paredes, tejiendo un tapiz visual que refleja la actividad del Terrell Place, y la opción paisaje urbano muestra escenas icónicas de la arquitectura, estatuas y transportes de Washington DC, que cambia al pasar la gente.

En el corredor principal, la experiencia visual se ve reforzada por sonidos ambientales que emergen de altavoces invisibles ubicados en las paredes y los techos, que incluyen tonos de la naturaleza y de la ciudad y música que ha sido parte de la vida del  Terrell, como la obra Elijah, de Felix Mendelssohn o Deep River–24 Negro Melodies, de Samuel Coleridge Taylor.

"Funciona casi como un gigantesco sistema de visualización de la actividad del Terrell Place en tiempo real”, según Michael Schneider, principal diseñador de tecnologías creativas del ESI.

LUCES QUE SE metamorfosean

Por su parte, el atrio del edificio de la división de Iluminación de Philips en Eindhoven (Holanda) ha sido acondicionado por la firma de arquitectura LAVA, incorporándole un gran dosel suspendido de su techo y formado por 1.500 "hojas” o paneles piramidales luminosos, cuya luz varía de color e intensidad, adaptándose a las estaciones y a la hora del día. 

Los visitantes son recibidos por este gigantesco árbol de luces interactivo, dispuesto en el gran espacio de la sala principal a la entrada del edificio y formado por luces LED y superficies reflectantes, que generan un cambiante juego de luces y sombras, de acuerdo a LAVA.

Añaden que este sistema produce, en general, el efecto de la luz dorada filtrándose a través de las copas arbóreas.

Esta firma con sedes en Australia y Alemania ha utilizado las últimas tecnologías en iluminación y un sistema de luces inteligente, que modifican la forma y la visibilidad de la luz, al reflejarse sobre distintas partes de la propia estructura, para así generar distintos escenarios que estimulan o relajan a las personas.  

Las luces pueden programarse para responder automáticamente a  los cambios en el propio espacio físico del atrio, generando luces con distintos colores (del plata al dorado), intensidades, ritmos y patrones, así como efectos de sombras, como el paso de las nubes o de aves moviéndose sobre las cabezas de los ocupantes de la sala, de acuerdo a la revista GizMag.  
 
Según LAVA, los paneles luminosos están programados para adecuarse a distintas situaciones, "casi como si fueran un ecosistema y pueden producir distintos efectos de luz, ofreciendo un impulso de energía por las mañanas, cuando  las reuniones están en curso, por ejemplo”.

Las luces inteligentes generan distintos ambientes -de comunicación, concentración, activación, relax, intercambio y bienestar- en los empleados y visitantes, que se reúnen, hablan y desarrollan sus tareas, en los escritorios y zonas de trabajo que hay debajo de la cubierta luminosa, de acuerdo a LAVA.

  El atrio, originalmente el patio central de un edificio de la década de 1950, ha sido diseñado como lugar de bienvenida, encuentro e interacción entre las personas y para congregarlas en actividades clave como las exposiciones, charlas públicas, los servicios de café y bar y las reuniones de equipo.

 Según Rieck, el sol nos da nuestro sentido del tiempo, pero al trabajar dentro de una oficina, la gente se pierde los útiles cambios de luz que ocurren a lo largo del día. 

"Para solucionar este problema,  una superficie reflectante situada en la parte trasera de cada panel, que emite luz LED y a la vez absorbe los sonidos ambientales, produce un juego de luces y sombras, y también filtra la luz natural que entra a través de las ventanas laterales y los tragaluces del atrio”, informa  Jane Silversmith portavoz de LAVA en Sídney (Australia).

"Las investigaciones del Instituto Fraunhofer (Alemania) muestran que generar diferentes efectos de iluminación es una manera rentable de llevar variedad y productividad a la vida de los trabajadores, que rápidamente se vuelven inconscientes de su entorno, sin importar cuan atractivo sea”, según Silversmith.

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