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Ser Fiel

Una naturaleza superior nos motiva y otra nos pide disfrutar.
domingo, 25 de septiembre de 2016 · 00:00
Bitia Vargas  La Paz
 
 
Escuché no hace mucho tiempo sobre la poca posibilidad del ser humano de ser realmente fiel a su pareja. Obedecemos a una dualidad en nuestro ser: una naturaleza superior que nos motiva y nos encamina hacia la trascendencia y hacia fines más elevados como la cultivación de valores, y que si nos  dejáramos arrastrar por ella podríamos llegar  a ser fieles; y una naturaleza inferior que nos conduce hacia nuestros impulsos más básicos, a la satisfacción de las necesidades netamente corporales, que ciertamente nos produce placer y gozo, y que al ser arrastrados por ella incurrimos en la infidelidad. 

Nuestra naturaleza inferior nos confronta con nuestra propia naturaleza animal, mientras que la genética nos dicta que debemos preservar la especie, por lo que a mayor cantidad de parejas sexuales más se extenderá nuestra especie. Con la naturaleza en nuestra contra, en un mundo donde hay tantas oportunidades y nuevas visiones, ¿cómo ser fieles?

Es imposible si sólo miramos nuestra naturaleza animal, que nos pide  imperativamente reproducirnos, gozar, disfrutar. Pero no olvidemos que también somos seres con posibilidades de crecimiento continuo, de transformación personal, por lo tanto nuestro desafío es enfrentar aquella naturaleza inferior que nos impide ser fieles. 

Sin embargo, hay que aclarar que nuestra naturaleza inferior no es del todo baja ni dañina, puesto que es ella la que nos aporta equilibrio  al hacernos constante recuerdo de lo fácil que es "caer”, evitado que nos volvamos presas del orgullo y la vanidad.

Por otro lado, la fidelidad es una cuestión de voluntad y compromiso. Ser fiel implica seriamente decidir serlo. Esta decisión deber ser consciente y verdadera primero con uno mismo y luego con nuestra pareja. Si este compromiso nace de nuestra propia voluntad y no es impuesta, es mucho más probable mantenernos así, porque al romper este compromiso, a quienes estamos siendo realmente infieles es a nosotros mismos y a nuestros principios. En este sentido, la fidelidad no es algo que sólo atañe y afecta al otro, nos afecta a nosotros también, aunque  evidentemente no estaremos conscientes de ello si antes no hemos fortalecido  valores e  ideales.

Ser fiel también es un asunto de "acuerdos” mutuos. Sabemos que cada relación de pareja es diferente, pero lo que no sabemos, o lo que nunca consideramos, es en establecer nuestros propios convenios y acuerdos. Es imprescindible conocer qué valores son importantes dentro de nuestra relación, para cada uno de nosotros: fidelidad, lealtad, ayuda. Es probable que para una relación sea más importante sentir apoyo y ayuda que fidelidad, por lo tanto la base de esa relación será el apoyo que ambos miembros se den. 

Con los acuerdos claros en un papel que románticamente podemos recrear, o si somos menos románticos, tenerlos en la mente, es más fácil conservarnos por el camino que ambos queremos seguir, sabiendo lo que al otro podría dañarle.  La infidelidad podría ser una de ellas, es entonces cuando nos preguntamos: ¿puedo destruir lo que tengo con esa persona a la que quiero y valoro por esta persona que apenas conozco? ¿O por un placer que durará poco? Si aun así incurrimos en el engaño es porque la persona con la que actualmente estamos no es la que verdaderamente queremos.

En palabras puede resultar bastante sencillo decidir y establecer convenios, pero es la práctica la que nos exige un desafío.  Este desafío no tiene por qué ser amargo si miramos a todo con ópticas diferentes. Los retos son necesarios para nuestro crecimiento, sin ellos, ¿cómo darnos cuenta en qué debemos mejorar para lograr la excelencia? 

También la excelencia en la relación de pareja es posible, sobre todo cuando aprendemos que la fidelidad no es sinónimo de estar presos sino de libertad y confianza, y cuando aprendemos que ser sinceros con el otro implica primero ser sinceros con nosotros mismos. 

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