TURISMO

Islandia... sorprendente

Conglomerado de magia, leyenda y existencia de seres ancestrales como trolls, gnomos o elfos, por Islandia estos seres parecen corretear entre sus piedras volcánicas, manantiales acuosos e impetuosas cascadas.
domingo, 1 de enero de 2017 · 00:00
Diego Alonso

Conocida como "la tierra de hielo”, o  Snaeland, "tierra de nieve”, el nombre de Islandia es contemplado también por una vieja historia que raya en la leyenda. Se cuenta que su denominación proviene de un grupo de celtas que formaban el pueblo iceni, que habitaba en el noroeste de las tierras del Reino Unido. 

Tras combatir contra los romanos en el siglo I d.C., se lanzaron al mar llegando a unas tierras que se encontraban al oeste, donde fundaron una colonia a la que llamaron Ice-leanbh o "tierra de los hijos de Iceni”. Sea realidad o ficción, el hecho es que Islandia está unida históricamente al hielo y a la nieve.

Durante décadas ha sido un territorio desconocido a nivel popular, hasta que desde hace unos años fue puesta en el mapa por muchos viajeros que deseaban conocer los valores de una naturaleza diferente enclavada a pocos pasos del Círculo Polar Ártico.

Allí se puede disfrutar, entre otras actividades, del baño en aguas termales, observar las auroras boreales, o recorrer unas tierras poco pobladas, a veces agrestes, con conos volcánicos y profundos barrancos y desfiladeros.

Pero también encontramos pueblos de pequeño tamaño, aldeas, formadas por cuatro casas en torno a una iglesia, con un campo verde ofreciendo sus pastos al ganado. Y eso sin olvidar los fiordos, esas penetraciones de lenguas de océano en la tierra, o los pequeños puertos pesqueros que jalonan, de norte a sur y de este a oeste, las costas islandesas.

UNA TIERRA ÚNICA: EL NORTE

Mucho menos turístico, pero con un protagonismo  importante en las Sagas Islandesas, relatos históricos de aquello que sucedió en Islandia en los siglos X y XI, el norte de la isla permite conocer de primera mano, en un recorrido, más allá de la única carretera con buen asfalto (N-I) que circunda todo el país, a través de pistas con más o menos grava, la idiosincrasia histórica, cultural, paisajística, de leyendas y magia, que envuelven un territorio diferente, como si de otro país se tratase en comparación con el más turístico del sur.

Un buen punto de partida para hacer un recorrido por la isla es el fiordo de Eyjafjorour, a cuyo lado se elevan las más antiguas montañas, y se registra la actividad volcánica de mayor envergadura, así como los movimientos geológicos que afectan al paisaje. 

Al fondo del fiordo está la población de Akureyri, la cuarta del país con una población de algo más de 18.000 habitantes, que se estableció en el año 1602 como punto de comercio con Dinamarca. 

Históricamente es uno de los principales puertos pesqueros y, desde hace unos cinco años, un punto de atraque de varias compañías de cruceros que ofrecen viajes hacia tierras más próximas al Círculo Polar Ártico, dado que Akureyri es una de las poblaciones más al norte, más próximas a esa superficie helada.

Basta con moverse unos kilómetros al oeste para llegar hasta Hvitserkur, en la península de Vatnsnes, y afrontar la primera leyenda norteña en la playa, con una forma que, como no podía ser de otra manera, se encuentra unida a los trolls.

DINOSAURIO, RINOCERONTE, TROLL...  

La roca de Hvitserkur es una curiosa formación geológica que ha sido perfilada por el viento y el agua, dándole forma de figura de animal, que para algunos es una representación de un dinosaurio, mientras que para otros se trata de un rinoceronte, de acuerdo con el ángulo de visión y la imaginación que se quiera aportar al ver esta piedra enclavada en el océano, a unos 15 metros de la costa, y a la que se puede acceder cuando la marea está baja.

Aunque se hable de una figura animal, la leyenda cuenta que se trata de un troll que había acudido con otros a destruir el monasterio cristiano de Thingeyrar, y que fue sorprendido por el amanecer sin poder retirarse como sus compañeros, quedando convertido instantáneamente en una estatua de piedra.

Y volviendo a la realidad, se puede decir que el nombre de Hvitserkur se puede traducir por "camisa blanca”, ya que el color que tiene la piedra es éste, debido a la cantidad de deposiciones que sobre ella han depositado las aves que habitan en la zona y que se han encargado, como pintores naturales, de adornar así al dinosaurio, rinoceronte o troll. 

La roca mide algo más de 15 metros y tiene esculpidos tres amplios agujeros, dos de cuatro metros de ancho y cuatro de alto, y un tercero de casi siete metros de alto y dos de ancho.
Y de la playa al interior, atravesando de nuevo el fiordo de Eyjafjorour, esta vez hacia el sudeste, para encontrar un deleite de los sentidos y otra tradición ancestral.

LA CASCADA DE LOS DIOSES

El salto de agua de Godafoss es uno de los más espectaculares que se puede  ver en Islandia, y que se percibe desde la distancia por las nubes acuosas que el aire desprende en la caída de 12 metros que protagoniza el río Skjalfandafljot. Tienen forma de herradura con una anchura de aproximadamente 30 metros. Sin lugar a dudas es una de las cascadas más interesante que se puede  apreciar en un país donde, precisamente, no faltan este tipo de elementos geográficos.
Se encuentra partida en su punto central por una roca que acompaña al carácter mágico, místico que se desprende de su historia, al conocer que el nombre proviene del periodo de la cristianización de la isla.

Corría el año 1000 cuando el  lagman  (hombre sabio o de leyes) Porgeir Ljosvetningagooi  declaró la oficialidad del cristianismo en Islandia, y, según se relata en las Sagas, como muestra de su compromiso con la nueva religión, recogió en su casa las estatuas que tenía dedicadas a Odin y a otras divinidades nórdicas y, en un acto de acatamiento a la nueva fe, las arrojó a las aguas de la cascada, que a partir de ese instante sería conocida por todo el pueblo islandés como Godafoss, la Cascada de los dioses.

Y ya que de cascadas estamos hablando, nada mejor que retomar camino para llegar al salto de agua más caudaloso de Europa, a la Cascada de Dettifoss. Situada el este de la anterior y en el interior del parque nacional de Jokulsargljufur, impresiona la fuerza que tiene el río Jokulsa en este salto, y el estruendo que produce al caer 45 metros para perderse por los barrancos y desfiladeros del parque, rumbo al océano.

Los 100 metros de anchura hacen de Dettifoss una de las caídas de agua más increíbles del mundo. 

Además, el estar al norte de la isla, en una zona de glaciares, el caudal que se precipita es el más importante de Europa, ya que arroja entre 200 y 500 metros cúbicos por segundo. 
Un rocío acompaña esa caída que puede observarse desde más de un kilómetro de distancia. También es posible escucharla desde esa distancia en toda su magnificencia. 

Fuerza natural que ha penetrado entre las paredes de lava y los murallones de piedra hasta formar un perfecto conjunto de agua, tierra y aire.

DE PAISAJES Y PUERTOS PESQUEROS

Pero no todo son cascadas o figuras de trolls y animales ofreciéndose a la mirada del viajero, también están los lugares que atraviesan las carreteras de tierra y piedra, y que permiten observar paisajes que se pueden asemejar a los lunares, por querer compararlos con algo que no se conoce pero que se supone. 

La lava de los volcanes enfriada, los surcos que en ella ha labrado durante siglos el agua, es otro de los elementos naturales con los que disfrutar. 

También encontraremos calderas de lodo y aguas termales donde bañarse y limpiarse de ese lodo que, a semejanza del existente en el Mar Muerto, dicen que tiene propiedades curativas para las enfermedades de la piel.

El viajero encontrará respiraderos humeantes, fumarolas o nubes de vapor de agua haciéndose visible en un cielo de olor a azufre... 

Todo ello contribuye a aislarse del mundo globalizado, a creer que se está realmente en un país donde, en cualquier momento, va a aparecer un enorme troll, detrás de una de esas nubes, o llegando a la superficie a través de uno de los respiraderos, o un pequeño e incordiante gnomo que se acerque a una aldea, o un elfo que mueva sus orejas puntiagudas cerca de alguno de los pequeños pero fuertes caballos islandeses. Todo es posible y todo se puede esperar.

Y ¡cómo no¡ En una isla hay que hablar de esos puertos pesqueros que jalonan sus costas y que han sido una de las principales aportaciones a la economía del país durante décadas. 

Puertos como, por ejemplo, el de Husavik, que ofrece la posibilidad de visitar un museo dedicado a los cetáceos, animal marino que cuenta con una campaña de sensibilización nacional para que no se pesque, para que se pare su caza y captura. A lo que se ha unido también otra acción contra la captura del ave frailecillo, especie que, de no cuidarse, puede entrar en una situación de extinción en pocos años.

Islandia es eso y mucho más. Esto es el norte, pero queda el sur, más turístico, pero no por eso más olvidado, que bien merece una visita intensa, pese a que allí no haya tanta magia como en las proximidades del Círculo Polar Ártico.

Por cierto, que en ese mucho más hay que incluir también uno de los fenómenos de la naturaleza más hermosos que existen en el mundo y que se puede  encontrar en el país: las auroras boreales,  ese conjunto de luces de colores que, de vez en cuando, aquí más en cuando que en vez, se dejan ver cubriendo el cielo de azul, verde, naranja o blanco.

 
 
 

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