REPORTAJE

Alasita, celebración que trasciende el tiempo

La tradicional fiesta de la miniatura, que en la actualidad se desarrolla cada 24 de enero, tiene sus raíces en la época prehispánica. Entonces, era una ritualidad vinculada a lo agrícola y se celebraba cada 21 de diciembre en coincidencia con el solsticio de verano. Testimonio de la trascendencia de esta festividad es, sin duda, el Ekeko, el dios de la abundancia.
domingo, 22 de enero de 2017 · 00:06
Carla Hannover  / La Paz  

" Como pocas, la Fiesta de la  Alasita ha perdurado desde la época prehispánica hasta nuestros tiempos. De hecho, es probable que esta  celebración nunca desaparezca porque es la que mejor se ha  adaptado a las coyunturas de diversos tiempos”, explica Vida Tedesqui, investigadora de la Unidad de Patrimonio de la Alcaldía de La Paz. 

 La tradicional fiesta de la miniatura, que en la actualidad se desarrolla cada 24 de enero en Bolivia e incluso en el exterior, tiene sus raíces en la época  prehispánica. Entonces, era una ritualidad vinculada a lo agrícola y  se celebraba cada  21 de diciembre, en coincidencia con el solsticio de verano. Testimonio de la  trascendencia de esta celebración  es el Ekeko, conocido en la actualidad como el dios de la abundancia, que se constituye en la figura clave para comprender el paso del tiempo y las transformaciones de este ritual.

"El testimonio arqueológico señala que las estatuillas del Iqiqu (Ekeko), encontradas en territorio boliviano en la Isla del Sol, estaban vinculadas a esferas rituales y religiosas de las culturas Tiwanaku e Inca”, se lee en un cartel de la exposición El Ekeko y el mundo de las illas, en el museo Costumbrista de La Paz, que abrirá sus puertas este enero y en la que por tres meses se expondrán  más de un centenar de Ekekos de diversas épocas. 

Tedesqui explica que la historia de la Alasita se divide en cuatro momentos. La época prehispánica, la Colonia, la República, además de este momento contemporáneo. En todas ellas hay un común denominador  que tiene que ver con el deseo de prosperidad.  

 En su inicio se practicó   el intercambio  

"El origen de esta celebración como tal se encuentra en la época prehispánica”, explica Tedesqui. Era una fiesta ritual y se desarrollaba en otra fecha y en otra época.  Era conocida como la fiesta  de Chhalasita (la fiesta del intercambio). En esta fecha los  tiwanakotas o antiguos aymaras  hacían un ritual de consagración de las illas e ispallas, éstas son  representaciones simbólicas de los objetos  como los alimentos o los animales”.

 Se dice que los aymaras  exponían estas illas e ispallas cada 21 de diciembre a mediodía para que el Sol,  con sus rayos,  haga realidad esas representaciones y   de esta forma se multiplique  la cosecha. "Es importante mencionar que, entonces, la Chhalasita tenía otro sentido, que era el de intercambio”, pues  no se tenía una lógica mercantil como la que se tiene después de la Colonia,  explica la investigadora.  En este primer momento juega un papel importante la figura del dios Tunupa, representado por una estatuilla de una figura jorobada. Según el  arqueólogo boliviano Carlos Ponce Sanginés  "las antiquísimas figuras antropomorfas (con joroba prominente y apéndice fálico) serían de la época del Imperio inca, y antecesoras del Ekeko de la época de la Colonia”, se lee en su  estudio  Tunupa y Ekako. Asimismo, Manuel Rigoberto Paredes de Iturri escribió que "estas diminutas estatuillas fálicas serían remanentes de remotas fiestas sagradas del solsticio de verano”.  

De Chhalasita a Alasita 

 Tedesqui señala que un segundo momento de la fiesta de la Alasita se halla en  la época de la Colonia. Entonces, esta celebración era considerada por la Iglesia como algo  profano, por lo que se realizaba de forma clandestina.  Sin embargo, "es después del cerco de Túpac Katari cuando se da la escasez  de provisión de alimentos cuando la fiesta es aceptada y oficializada en la ciudad”. 

Es entonces cuando nace la leyenda de la Alasita.  "Durante el cerco de Túpac Katari, en 1781,  La Paz estaba desabastecida, pues  los alimentos no podían ingresar. La familia  de Sebastián Segurola, el entonces gobernador, se había quedado sin provisiones. Sin embargo, la servidumbre tenía comida. Él les preguntó de dónde sacaban los alimentos y la joven que trabajaba allí les dijo que se los había traído el Iqiqu, una estatuilla que había recibido de su novio Isidro Choquehuanca. De esa forma es que la figura del Ekeko está relacionada a  la Alasita”, explica la investigadora. 

Es así que después del cerco de Túpac Katari, en 1789, vuelve a surgir Chhalasita. Sin embargo, la celebración  reconfigura su lógica de intercambio. "Por un lado, el Ekeko de piedra cambia de fisonomía. Toma el aspecto del suegro de Sebastián Segurola. Un hombre regordete, blanco, mestizo, con las mejillas rojas. Pero, además, surge el rito de la Alasita, cambiando de alguna forma el ritual  en sí mismo. Se pasa del intercambio  a la compra venta y se cambia  la fecha del 21  de diciembre, primero, al 20 de octubre y luego  al 24 de enero”.

 Deseos  en miniatura

Un tercer momento identificado por Tedesqui se halla  durante la República, situada a  principios del siglo XIX. "Surgen los artesanos, quienes comenzaron  a hacer  réplicas de la imagen del Ekeko. En este momento también surgen  las ferias”. 

De esta forma, la   Alasita tiene diferentes escenarios, entre ellos,   la plaza Murillo, la ex-Terminal de Buses, la plaza de San Pedro,  El Prado,  la Tejada Sorzano y  la exfábrica Said, entre otros. "Durante  la República podemos rescatar también  los concursos de miniaturas. Éstos  surgen de acuerdo al contexto que se vive. En este momento, por ejemplo, se vivió  la irrupción de la   industrialización y las miniaturas estaban relacionadas con ello”.

  "Algo que  llama la atención es que, anteriormente,  en la República, era común  regalar el Ekeko k’ala. Se regalaba a la estauilla  sin carga   y la gente iba   a la feria y compraba las miniaturas y le cargaba a su Ekeko lo que  quería”. 

 Deseos de acuerdo con  la época

Tedesqui encuentra un cuarto momento en estos tiempos. "Es más adelante cuando se  da una hibridación cultural, considerando que se fusionan dos visiones: la andina y la católica. De ahí que uno compra las miniaturas y bien puede irlas a milluchar con el   yatiri o bien se las lleva a la  iglesia para hacerlas bendecir”.

  Esta hibridación poco ha transformado el sentido de la Alasita.  "Éste radica en creer en que estas miniaturas se convertirían en cosas reales.  En la época prehispánica dejaban que los rayos de Sol llegaran a las miniaturas de  las illas y las ispallas  con la esperanza de tener  una buena cosecha”. 

Ekeko, a tono con la época

La muestra El Ekeko y el mundo de las illas, que este mes tomará las salas del museo Costumbrista, no sólo ofrece la posibilidad de ver las diversas representaciones del Ekeko a lo largo del  tiempo. Permite, además, realizar una lectura de aquellas cosas que estaban de moda en diversos momentos.  De esta forma se puede  ver a un Ekeko cargando costales de papa, chuño y animales o ekekos, como los de este tiempo, que cargan computadoras, cámaras fotográficas y hasta réplicas de las cabinas del teleférico.

 "La Alasita en la actualidad es un patrimonio por las costumbres que la gente ha ido  adoptando con el pasar de los años”. De ahí que se espera que este año la Unesco proclame   a esta fiesta como patrimonio de la  humanidad. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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