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El desprendimiento

El cansancio es el síntoma por excelencia que nos dice cuándo debemos desprendernos de algo.
domingo, 15 de octubre de 2017 · 00:00
Bitia Vargas  La Paz

 

A  pesar de ser una de las acciones más poderosas y liberadoras, el desprendimiento es algo que todavía  aterra profundamente a la gran mayoría de los seres humanos. 

Desde que evitamos los cambios, por ahorrarnos la molestia de perder el confort, hasta el apego a cosas materiales y relaciones poco saludables,  evitamos desprendernos.    Desprendernos de cosas que afectan nuestro bienestar es parte de la salud mental, y cuando nos aferramos malamente a ciertas cosas, circunstancias y personas nuestro cuerpo y nuestro espíritu reaccionan frente a ello. 

Muchas veces estamos sometidos a constante estrés porque tenemos decenas de actividades.
 
Tenemos tres o cuatro trabajos y  aun así seguimos aceptando más. Nos cargamos de nuevas responsabilidades. Dormimos poco a causa de estar tan ocupados y descuidamos nuestra salud física y mental. 

Vivimos  la mayor parte del tiempo sin tiempo, con sentimientos de culpa, quizá porque lo invertimos en generar dinero, sacrificando todo a nuestro alrededor: familia, matrimonio y momentos para nosotros. 

El cansancio es el síntoma por excelencia que nos dice cuándo debemos desprendernos de algo. 
 
Este agotamiento será sin duda mental, físico y espiritual.  Pero la mayoría de las veces solo nos damos cuenta del agotamiento físico y no prestamos atención a nuestros cambios de humor, a nuestra apatía, a nuestra poca capacidad de sonreír y ser feliz como un síntoma del agotamiento mental y espiritual. 

Cuando el cuerpo empieza a hablar en su propio lenguaje, por medio de los malestares, signos y síntomas físicos, es porque la sobrecarga de estrés y apego han desbordado nuestro ser y es hora de deteneros a pensar qué es lo que debemos dejar o empezar a hacerlo, para volver a la tranquilidad. 

Tomarnos el tiempo para analizar cada rol, cada plano de nuestra vida es esencial para darnos cuenta de qué cosa nos está haciendo daño pero a la cual estamos tan apegados que somos capaces de sacrificar nuestra tranquilidad y nuestra salud por su causa. 

Estos apegos pueden ser a relaciones ya gastadas, trabajos sin futuro, donde además somos acosados laboralmente. 

Otras veces serán objetos que ya no necesitamos pero que los mantenemos para llenar la casa, sin darnos cuenta que también estamos obstaculizando el libre paso de todas las energías que nos pueden renovar.

Es después de hacer este análisis minucioso que tenemos, además, la posibilidad de empezar a practicar nuestro desprendimiento. De dejar las relaciones inestables, los múltiples trabajos que nos dejan sin tiempo, las responsabilidades que no necesitamos, las ropas que ya no usamos pero que seguimos manteniendo en nuestro armario, el cabello largo que todas las mañanas desearíamos tener más corto. Del amigo que solo sabe contarnos tristezas, o ese vicio que nos está afectando. 

Luego debemos  empezar a descubrir lo que el cambio trae consigo, las puertas que se abren cuando finalmente aprendemos a dejar y a cerrar otras. Desafiarnos a nosotros mismos y dejar de decirnos, por ejemplo, que no podemos vivir solteros, que nos moriríamos sin esa persona, por más daño que nos haga. 

El desprendimiento es una cualidad de valientes, así como el amor lo es. 

El desprendimiento libera, al igual que el amor.  El desprendimiento trae consigo paz, tranquilidad y entendimiento, lo mismo que el amor. 

Por lo tanto, tal como el amor, el desprendimiento es vital para nosotros, para nuestra supervivencia. Sobre todo cuando las circunstancias piden a gritos que la usemos. Sobre todo cuando nuestro cuerpo empieza a hablar y nuestra salud empieza a peligrar. 

Pensemos también que el ser desprendido es un acto de amor hacia nosotros mismos, sin el cual nos privamos de tener una vida plena y feliz.


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