Apuntes

Graciosas anécdotas de cuatro bolivianos en EEUU

Cuando la actitud es positiva es posible superar cada reto con imaginación. Y con mucho humor. Conozca los curiosos contratiempos que enfrentaron estos compatriotas.
domingo, 17 de diciembre de 2017 · 00:00

Erick Foronda / Washington / Especial para la revista Miradas


Los bolivianos tienen en EEUU historias de éxito. Se han ganado una reputación de personas muy trabajadoras y honestas. Y son emprendedores. El inicio de una vida nueva en EEUU no es sencillo.

Se deben enfrentar muchos desafíos. 


Pero cuando la actitud es positiva es posible superar cada reto con imaginación. Y con mucho humor.

Les presentamos cuatro historias -de las muchas que hay- verídicas de ciudadanos bolivianos que comenzaron su vida en Estados Unidos.  Nada se compara con la voluntad de triunfar. 


Distribuir pizza en invierno


Jorge es un boliviano que llegó a Arlington a principios de los años 90. Joven y emprendedor consiguió el trabajo de distribuir pizzas a domicilio. Fue en el segundo día de trabajo cuando Jorge recibió la orden de ir a dejar una pizza enorme. Aquel día nevó. Manejar ya fue un difícil reto para alguien que llegó recién a EEUU.  Sin embargo, fue peor caminar.  A pocos metros de llegar a la casa, Jorge  resbaló, la pizza se fue al piso que estaba aún con nieve y  quedó esparcida.  Jorge no tuvo mejor idea que acomodarla  de nuevo en el envase de cartón. Sacar la nieve y entregar a la familia que esperaba  su delicia caliente. 


Taxista cansado 


Alberto tuvo un día muy cansador manejando su taxi. Esperaba a sus pasajeros en el aeropuerto de Dulles.  Ya oscureciendo, condujo su taxi en el camino acostumbrado de retorno a su casa. Solo esperaba su café y descansar. Al llegar y cuando ya estaba estacionando en su casa vio el espejo retrovisor. Casi le da un infarto.  Se olvidó de su pasajero que con un rostro desfigurado se preguntaba porque estaba en la puerta de la casa de Alberto y no en la suya.


Asegurando puertas 


Hugo tuvo un trabajo provisional como ayudante de parqueo.  Un buen día llegó una señora.  Intentó ingresar al parqueo pero el parqueo estaba cerrado por un evento privado. La señora, molesta, se bajó de su vehículo. Increpó a Hugo por la falta de anuncios y exigía que la dejaran ingresar. No hubo manera. 


Cuando la señora retornó al vehículo, todas las puertas se trabaron con la llave adentro. Hugo le dijo que el podía abrirlo. Sin muchas opciones, la señora aceptó.  Hugo llevó su herramienta y abrió la puerta en menos de un minuto. La señora preguntó por el costo. Hugo le dijo que eran 15 dólares. En esa época 15 dólares eran muy valiosos. La señora pegó un grito al cielo y dijo que no pagaría.  Hugo le preguntó “¿no va usted a pagarme?”  


La respuesta fue un no rotundo. Entonces Hugo cerró la puerta de nuevo. La señora no podía creer.

“¡Me cerraste la puerta! si ya estaba abierta”, protestó la cliente. “Usted no me pagó”, le respondió Hugo. La señora pidió a gritos abrir la puerta porque ya estaba demorada, pero él  le dijo que lo haría solo con pago anticipado. 


De retorno a casa, pero ¿por donde ?


Jenny trabajaba atendiendo banquetes en el Convention Center un espacio enorme y privilegiado de Washington. Esta actividad es muy exigente al  ofrecer la mejor atención posible y en los horarios de cada evento. Ella acabó su trabajo a las 2 de la mañana.  Cansada, se subió a su vehículo y manejó por donde creía que era el camino correcto. Sin embargo, se confundió en una de las salidas desde la no muy fácil ciudad de Washington. Delante de ella estaba la única vagoneta en esa oscura noche.  

Jenny decidió seguir al vehículo con la esperanza de encontrar una salida hacia su casa. La hora no le ayudaba. Después de seguir a la vagoneta por casi 10 minutos, grande fue su sorpresa  cuando el conductor de la vagoneta estacionó en su casa.  Al borde del llanto, Jenny bajó de su vehículo y, sin vergüenza, tocó el timbre y le dijo al conductor que le siguió pensando en que la llevaría hacia un camino hasta la salida de Washington, y que ahora estaba completamente perdida. Con amabilidad, el conductor le explicó la ruta que debería tomar. Fue el susto de su vida, solo superado cuando Jenny tuvo que pasar por muda cuando un oficial de la policía la detuvo por ingresar a un recinto reservado.

 Pero esa es otra historia.
 

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