Apuntes

El Museo de la Biblia que quiere inspirar y no evangelizar

La visita tiene una intención pedagógica, con la reconstrucción del pueblo de Nazareth en tiempos de Jesús; el imponente edificio se encuentra a unas pocas cuadras al sur del Capitolio.
domingo, 3 de diciembre de 2017 · 00:00

AFP Washington


La Biblia ahora tiene su museo en Washington, financiado por una adinerada familia de cristianos militantes que niegan cualquier intento de proselitismo, en un país donde la religión ocupa un lugar importante. 


El museo, que abrió sus puertas  el 18 de noviembre, cuenta con ocho pisos y 40.000 m2 en los que recrea la historia de la Biblia, los relatos contenidos en el Antiguo y Nuevo Testamentos y sus repercusiones en el mundo. 


El imponente edificio se encuentra a unas pocas cuadras al sur del Capitolio, una cercanía con el poder legislativo que ha alimentado la polémica sobre la influencia de la religión en la política estadounidense. Su costó fue de más de 500 millones de dólares provenientes en parte de familia Green, propietaria de la cadena de tiendas de artes decorativas Hobby Lobby y conocida por su militancia cristiana. 


La empresa fue la que impugnó ante la Corte Suprema, en nombre de sus convicciones religiosas, la obligación del empleador de pagar a sus empleados un seguro de salud que incluyera la anticoncepción. La máxima corte falló dándole la razón en junio de 2014. 


En julio pasado, la firma fue condenada a restituir a Irak miles de objetos de la era mesopotámica importados ilegalmente a Estados Unidos. La familia negó que estos artículos estuvieran destinados a su colección privada, que atesoran desde 2009. Incluye unos 40.000 objetos, entre ellos fragmentos de los Manuscritos del Mar Muerto, tablillas de arcilla, ejemplares de la Torá o un pedazo de una Biblia de Gutenberg. 


“La Biblia ha tenido una influencia en mi vida y la de mi familia, manejamos nuestra empresa de acuerdo con sus preceptos”, dice a la AFP Steve Green, jefe de Hobby Lobby y presidente del consejo de administración del museo. 


Pero, asegura el filántropo, el museo “no está dedicado a una fe, una iglesia o una congregación, sino a un libro que ha influido en el mundo”. 


“Dejamos que las personas decidan qué quieren hacer con esta información (...), esperando que encuentren inspiración”, agrega. Tony Zeiss, el director general, también niega cualquier proselitismo: “No pretendemos evangelizar sino despertar la curiosidad, no buscamos interpretar” el Libro Sagrado para cerca de 2.300 millones de cristianos y 14 millones de judíos en todo el mundo.


La visita tiene una intención pedagógica, con la reconstrucción del pueblo de Nazareth en tiempos de Jesús, películas, animaciones interactivas o en 3D. El museo espera atraer entre uno y tres millones de visitantes al año. Sin embargo, temas polémicos, como la homosexualidad o la anticoncepción brillan por su ausencia.

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