Ad Libitum

Drogas y sexo, una mala idea

domingo, 9 de abril de 2017 · 00:00

Guery Zabala Gumucio

 

 

Desde tiempos muy remotos el hombre y la mujer han buscado sustancias que les permitan incrementar su placer sexual,  y han recurrido a plantas, alimentos, y, por supuesto, a sustancias naturales o sintéticas como lo son las drogas. Sin embargo, según todos los estudios realizados, las drogas tienen efectos negativos, no sólo durante las relaciones sexuales, sino en la manifestación de la sexualidad en general.

Es difícil intentar agrupar los diferentes tipos de drogas, legales e ilegales, que se consumen en nuestra sociedad. No obstante, podrían señalarse cuatro categorías generales agrupadas en función de sus efectos generales sobre el organismo y sobre la respuesta sexual.

1. Drogas reductoras de la activación o excitación (alcohol, marihuana  y hachis). El resultado de estas drogas  es complejo. Al reducir la activación del organismo,   y por tanto también de las estructuras implicadas en la sexualidad, dificultan o bloquean la puesta en marcha de múltiples respuestas corporales, como la erección del pene o la lubricación vaginal.

Por otro lado, reducen en parte el control cerebral (cortical), lo que puede hacer disminuir las inhibiciones personales y sociales, animando o facilitando que, bajo su consumo, se intente de forma más activa, menos inhibida, llevar a cabo aproximaciones y relaciones sexuales.

2. Drogas estimulantes o activadores (cafeína, nicotina, cocaína, anfetaminas, crack). En general parecen facilitar inicialmente la respuesta sexual en el caso de personas con niveles de excitación o activación bajos (personas apáticas), pero pueden tener efectos contrarios en personas de por sí y a activadas, provocando un exceso de activación que se suele traducir en irritabilidad, crispación, rigidez. 

A medio y largo plazo no hay que olvidar que esta sobreactivación producida artificialmente por las drogas puede producir la aparición de trastornos en el organismo en general y en el funcionamiento sexual en particular.

3. Sustancias alucinógenas (LSD, mescalina). Su relación con la sexualidad es sólo tangencial,  en cuanto que favorecen la aparición de diferentes sensaciones y alucinaciones ópticas, táctiles, auditivas, podrían incrementar las sensaciones que rodean a la sexualidad. Pero la realidad no es tan sencilla: primero, porque rara vez esas sensaciones tienen relación con el placer sexual; segundo, porque las sensaciones o alucinaciones generadas pueden ser positivas o negativas, de forma que en algunos casos pueden colaborar a experiencias sexuales muy agradables y en otros facilitar experiencias  terroríficas

4. Drogas de diseño industrial (éxtasis). Algunas personas las usan para  favorecer la comunicación y relación emocional. Estas drogas, a veces etiquetadas incorrectamente de afrodisíacos, en realidad parecen tener efectos negativos sobre la respuesta sexual,   incluso pueden dificultar respuestas como la erección y la eyaculación en el hombre. Por otro lado, sus efectos, al favorecer la comunicación y relación emocional  en algunos casos pueden facilitar el progreso en las relaciones personales.

 Deseo, excitación y orgasmo

Las drogas pueden influir de tres maneras en  la actividad sexual: pueden afectar el deseo, la excitación y el orgasmo. Algunas de ellas tienen un efecto claro sobre la mente de las personas que las toman, de modo que el deseo sexual se ve modificado. 

Muchas drogas reducen el deseo sexual, pero algunas de ellas parecen incrementarlo, en otras palabras, actúan como afrodisíacos; sin embargo, el hecho de que una droga aumente el deseo sexual,  no significa necesariamente que mejore su desempeño.

La respuesta sexual del organismo ante los estímulos eróticos se da por mecanismos polinérgicos del sistema nervioso que trabajan liberando un trasmisor químico llamado acetilcolina, de modo que las drogas anticolinérgicas que bloquean la acetilcolina pueden afectar la respuesta sexual, sobre todo, la erección y la lubricación.

Las drogas también afectan a distintas fases de la respuesta sexual:  deseo, excitación y orgasmo, y provocarán diferentes disfunciones dependiendo tanto de la sustancia que se ingiera como de su hábito de consumo. La sexualidad no debe entenderse únicamente como genitales que funcionan de determinada manera en función del tipo y cantidad de sustancia que una persona tenga en su organismo. Se debe considerar la  sensualidad, erotismo, y, por supuesto, la interacción con la pareja, comunicación, intimidad, cercanía. 

Por ello, las drogas no sólo influyen en la respuesta fisiológica, sino  que también provocan que el consumidor  descuide las relaciones personales y de pareja, ya que   está fundamentalmente interesado en buscar, conseguir y consumir drogas y no vivenciar la relación y el contacto afectivo que implica un encuentro sexual.


 

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