Víctimas del fuego

Los accidentes con fuego en el país son resultado de descuidos y de las condiciones de pobreza, pero son prevenibles. Estos niños enfrentan la vida con ganas de superación. Conozca sus impactantes historias.
domingo, 21 de mayo de 2017 · 00:25
Claudia Herbas Flores/   Cochabamba

Daiana Jorge Condori, como cientos de niños y jóvenes del país, es una víctima más de accidentes con fuego que destrozan vidas y sueños y marcan a una persona para siempre.

Un día soleado de octubre de 2016 miré a lo lejos una muchacha con sombrero blanco; era Daiana.  Me acerqué para conversar y luego le consulté si le interesaría asistir a unos cursos para elevar la autoestima. "Por qué no”, me respondió.

Poco después entramos en contacto y la joven me invitó a visitar el centro de rehabilitación de niños y jóvenes quemados Mosoj Punchay (Nuevo Amanecer), porque allí sus compañeros necesitaban motivación. Junto a un grupo de amigas  fuimos varias veces para leerles cuentos y hacerles pasar un rato feliz.

Esta joven de 19 años sufrió un accidente cuando tenía 11, en Tarata. Al dirigirse al espacio donde su abuelita preparaba unos juegos pirotécnicos, una bolsa de pólvora que estaba colgada en un clavo en la pared cayó al piso, explotó y le quemó  la cara y   cuerpo, con terribles consecuencias que le marcaron su vida y su rostro para siempre.

Esta joven pasó por al menos 50 cirugías reconstructivas a cargo del doctor Óscar Romero, responsable del pabellón de quemados del hospital Viedma de Cochabamba y de médicos voluntarios que llegan del exterior a esta ciudad para operar gratuitamente víctimas de quemaduras.

UN DÍA EN LA VIDA DE DAIANA 

Daiana Jorge se levanta temprano para ir a sus clases en la universidad, pues este año ingresó a estudiar la carrera de marketing, después de haber culminado satisfactoriamente el colegio. 

Por la tarde se dedica a su trabajo en un pequeño negocio en el que venden focos ahorradores de energía eléctrica, donde ella es almacenera alistando los pedidos de los clientes. A las seis y media, cuando concluyen sus labores, camina varias cuadras hasta la parada de movilidad para irse a su casa en la zona sur de la Llajta.

Esta joven sueña con tener un negocio igual donde trabaja, vive con sus tíos, primos y hermana menor. Su papá trabaja en España y le envía dinero para cubrir sus estudios, mientras que su mamá, que tenía cáncer, falleció cuando Daiana apenas era una niña de ocho años.  

En su tiempo libre se dedica a las labores de casa, ayudando a su tía. Realiza sus trabajos de la universidad, pero casi no sale a la calle porque es difícil ser aceptada por la sociedad cuando se luce diferente al estándar de "mujer normal”.

DAiANA DESPUÉS DEL ACCIDENTE 

"Fue un shock muy fuerte (…) dejé de hacer mi rutina diaria, no podía escribir porque estaba con guantes de compresión. No podía hacer ejercicios de educación física y con el profesor de esta materia jugaba ajedrez”, cuenta con una mirada perdida y triste. Como resultado de este desfase en el estudio,  perdió un año en el colegio en primero de secundaria y dice que no le gustaba ir porque sus compañeros no le hablaban. 

"No iba al recreo y tuve que cambiarme del turno de la mañana a la tarde”, recuerda. Se cambió a otro colegio, el Mejillones de Pacata Baja, donde tuvo mejor acogida y además conoció a buenas amigas que la hicieron sentir incluida. 

Durante su rehabilitación en el centro Mosoj Punchay,  médicos, psicólogos, y fisioterapeutas le brindaron una gran ayuda,  pero principalmente Óscar Romero, director de este lugar que curó  las heridas de esta joven valiente.

Con su experiencia,  aprendió a estar atenta, ya que un accidente, dice, ocurre en el momento menos pensado. Pero quizá el principal aprendizaje que le dejó esta terrible desgracia es que las cicatrices en el cuerpo no te hacen una peor (o mejor) persona.

Daiana sueña con tener una casa propia y está trabajando para ahorrar dinero y cumplir esa meta. "Si desean algo hay que esforzarse para lograrlo”, dice, un reflejo de lo que ella está haciendo por atraer cambios positivos en su vida.

Ana Gabriela Mamani, de  12 años, se durmió con una vela encendida mientras estudiaba en un pequeño pueblo de Potosí y sufrió graves quemaduras.  Sus padres la ocultaron durante tres años hasta que finalmente pudo ser atendida por el especialista Romero.

Elena, de 13  años, fue atacada por su hermanastra; la roció con gasolina y le prendió fuego. Hoy se recupera en el centro después de haber sufrido graves quemaduras en su cuello y en una pierna.

Los casos se cuentan por decenas.

EL CENTRO MOSOJ PUNCHAY

"Los niños quemados son producto de la pobreza en Bolivia”,  sostiene el médico   Romero, mientras cuenta que el centro  se construyó con fondos de la Telemaratón del año 2010 con la finalidad de rehabilitar a los niños que sufren accidentes por fuego, después de pasar por el pabellón de quemados del hospital Viedma.

Este albergue, que empezó a funcionar en 2012, tiene  una capacidad para atender a 48 niños.
 
Tiene un comedor, sala de juegos, de fisioterapia, cocina y 10 baños. Hoy, alrededor de 12 niños están internados  con marcas que dejó el fuego en sus rostros, brazos, o en las piernas.

Cuando estos niños crecen, su piel se queda atrofiada por falta de elasticidad como efecto de la quemadura. En muchos casos, si no en todos, esto deriva en un gran trauma. Muchos no salen de sus casas y no realizan las actividades cotidianas como cualquier adolescente. 

¿Qué es lo que necesitan? Además del tratamiento médico especializado, motivación y empoderamiento para que continúen su vida en la escuela, la universidad, formando una familia, trabajando y emprendiendo un proyecto propio de éxito.

El doctor Romero intenta salvar hasta donde le es posible las partes afectadas, realizando injertos de piel para curar quemaduras profundas de segundo y tercer grado que implican la muerte del tejido celular. 

Tras las intervenciones, los niños deben someterse  a un largo proceso en el que reciben apoyo psicológico, de un fisioterapeuta y otros especialistas. En la mayoría de los casos necesitan cirugías estéticas reconstructivas, también practicadas por Romero, con la ayuda de voluntarios de Alemania, Estados Unidos y Chile. 

La sección de quemados del hospital Viedma de Cochabamba atiende un promedio de  60 pacientes al mes, la mayoría son casos ambulatorios y los más graves son derivados al Mosoj Punchay. 

Romero ha llevado adelante muchas exitosas intervenciones y gracias a ello pacientes de otros departamentos e incluso del exterior acuden a él.

Un equipo multidisciplinario trabaja junto a Romero, entre los que se puede mencionar a la enfermera Magda Lazarte y los doctores Jefrey Vargas, médico asistente de emergencias, José Álvarez, psicólogo, y Juan Pablo Quiroga, cirujano plástico.

TÉCNICA DE CURACIÓN 

Romero utiliza una técnica especial cuando opera a un "paciente agudo” que ha sufrido graves quemaduras por el fuego, una descarga eléctrica u otras situaciones;  debe unir tejidos y realizar injertos de piel para resguardar la zona afectada. Tras la intervención, se le devuelve la funcionalidad de los movimientos de las partes del cuerpo afectadas. 

Un caso que lo impactó, entre los cientos que atendió, es el de un hombre joven que se electrocutó mientras trabajaba y sus brazos quedaron totalmente inmovilizados y  pegados al tórax, lo que le impedía realizar movimientos. Fue  operado por Romero y pudo recobrar el movimiento normal de los brazos.

"Yo nunca pensé en operar a personas quemadas”, dice  Romero, mientras recuerda que por un azar de la vida mientras realizaba una pasantía en el hospital Paula Jaraquemada de Santiago, Chile, empezó a trabajar en esta especialidad que hoy ofrece con gran solvencia a sus pacientes.  
Durante una visita a Cochabamba, los médicos alemanes voluntarios se sorprendieron por los accidentes e incidentes con  quemaduras en Bolivia y más por las cirugías reconstructivas que se llevan a cabo en medio de precarias condiciones.

Los médicos voluntarios de Estados Unidos, Alemania, Chile y España que vienen una vez por año a Cochabamba han contribuido significativamente para realizar cirugías reconstructivas y estéticas a niños, adolescentes y adultos.

El Centro Mosoj Punchay recibe donaciones de personas de buena voluntad, por ejemplo, un grupo de amigos que se reúnen para jugar cacho, hacen una y cada lunes llevan 20 kilos de carne. Los padres franciscanos donan comida y medicamentos.

  Las "Damas de Rosado” y muchas otras organizaciones y personas brindan su compromiso para que este lugar pueda mantenerse. La albúmina es un medicamento esencial para tratar las quemaduras; y es caro.

Causas y prevención

Según los reportes de accidentes por fuego que registra la unidad de bomberos de Cochabamba, gran parte de los casos que atienden son consecuencia de fugas de gas, malas conexiones o mangueras desgastadas.  

La instancia responsable de las acciones de prevención y socialización es la Agencia Nacional de Hidrocarburos  que, según sus representantes y técnicos, realizan campañas en las ferias de barrios y zonas a nivel nacional. 

En marzo se hizo una visita en su sede de la ciudad de La Paz y se les mostró fotografías de niños quemados, sugiriéndoles que cambien el contenido de los mensajes que estaban emitiendo en la folletería por fotos de, por ejemplo, manos de una niña quemada de 12 años que está internada  en el Centro Mosoj Punchay.  

  CIRUJANOS ESTÉTICOS voluntarios 

Muchos de estos casos merecen la atención voluntaria de los médicos. El presidente de la Sociedad de Cirujanos Estéticos de Cochabamba, Orlando Arriarán, dice que 18 cirujanos que se formaron fuera del país han realizado campañas y operado de forma gratuita.

Según Arriarán, el tratamiento de las víctimas de quemaduras por fuego debería ser asumido por el Estado porque es sumamente caro, ya que demanda uso de quirófanos, unidades especiales, insumos medicinales como la albúmina y un proceso posoperatorio muy delicado. 

Tanto Óscar Romero como Orlando Arriarán coinciden en que las causas de los accidentes de fuego son el  descuido de los progenitores hacia sus hijos, la pobreza y el hacinamiento. 

Arriarán se comprometió a acudir el llamado para ir junto a sus colegas y visitar a los niños del Centro Mosoj Punchay y ver la posibilidad de que se beneficie algún niño que requiera cirugía estética gratuita.

Lo único que necesitan es que una clínica privada sea patrocinadora brindando la sala de quirófano, insumos, equipamiento y personal de enfermería.

 En la prevención deben participar instituciones como la Agencia Nacional de Hidrocarburos, Bomberos, Colegio Médico, municipios, hospitales, clínicas privadas, el sistema educativo  y los medios de comunicación.

Se puede evitar que haya más nuevas víctimas como Daiana.

 
 
 
 
 
 

Sobre la última encuesta de Página Siete

Si usted es de los que necesita estar bien informado, puede acceder a la encuesta electoral completa de Página Siete, suscribiéndose a la aplicación PaginaSietePro que puede descargar de App Store o Google Play

 


   

66
1

Otras Noticias