REPORTAJE

La utopía del progreso de Julio Aquiles

La doctrina de El Progresismo pretendió forjar una nueva corriente dentro del pensamiento político para marcar un nuevo itinerario de los pueblos y en especial para que Bolivia tenga una propia ideología.
domingo, 28 de mayo de 2017 · 00:03
Freddy Zárate

Los anhelos de progreso son probablemente los rasgos más penetrantes reflejados a través de la historia de las ideas en Bolivia. Según Jürgen Habermas, el término "moderno” expresó una y otra vez la conciencia de una época que se mira a sí misma en relación con su pasado, considerándose resultado de una transición desde lo "viejo” hacia lo "nuevo”. 

Esto significa que el término "moderno” aparece en todos aquellos periodos en que se formó una "conciencia” de una nueva época, modificando su relación con la "tradición”. Siguiendo esta lógica de interpretación –en la década de los años 30– el intelectual Julio Aquiles Munguía Escalante (1907-1983) fue uno de los autores que predicó  entusiastamente la idea de progreso en Bolivia. 

Peregrinaje por EEUU y Europa 

Los pocos datos que se tiene de Munguía los proporciona el periodista y dramaturgo chileno Armando Arriaza. Cargado de entusiasmo, Julio Aquiles Munguía dejó la pintoresca ciudad de La Paz –a fines de la década de los años 20– para conocer otras latitudes del mundo. Se dio a vagar por las grandes ciudades de Norteamérica y Europa. 

Estuvo en Hollywood. Allí se mezcló con pintores y artistas de cine. Fue amigo de Charles Chaplin, el gran bufo, que bailó especialmente para Julio Aquiles Munguía La danza del bastón,y brevemente ejerció el oficio de caricaturista en el periódico Evening Herald. 

Luego pasó a España. La vida bohemia que gozó Munguía en Madrid hizo que frecuentara sagradamente a las seis de la tarde al afamado café Pombo, donde intervenía de pontífice el prolífico escritor Ramón Gómez de la Serna (1888-1963). 

Una de esas noches, el amigo de Munguía, el poeta Mariano San Ildefonso, comentó a Gómez de la Serna que su amigo tenía un escrito inédito: "Me obligó a llevarlo al café, donde Ramón Gómez de la Serna leyó un capítulo en una noctámbula reunión sabatina, ante la presencia de muchos escritores jóvenes de reconocido prestigio, entre los que se encontraban Enrique Jardiel Poncela (1901-1952), Antonio Espina (1894-1972), Benjamín Jarnés (1888-1949), Valentín Andrés Álvarez (1891-1982), José López Rubio (1903-1996)”. 

Terminada la tertulia, recibió felicitaciones de los asistentes y del propio  Gómez de la Serna.
 
Munguía también frecuentó el café madrileño el Gato Negro, donde departió con el Premio Nobel de Literatura Jacinto Benavente y Martínez y el pintor Julio Romero de Torres. Anduvo por Barcelona, Salamanca, Sevilla; luego París, la Costa Azul y Monte-Carl y después de alejarse por cuatro años retornó a Bolivia cargado de sueños e ideales políticos.

La utopía del progreso  

Todas sus experiencias existenciales fueron plasmadas en un manuscrito y enviadas a la imprenta para su publicación a fines de 1931. Pero según relata el propio autor, "los originales del documento llegaron a extraviarse en la imprenta”. 

Volvió a esbozar sus ideas y dictó una conferencia el 24 de febrero de 1932 en predios de la Universidad Mayor de San Andrés (predicó la doctrina pacifista para evitar la Guerra del Chaco).
 
Posteriormente,   amplió varios de sus postulados y publicó el libro El Progresismo: La nueva ideología que debe seguir Bolivia (Editorial América, La Paz, 1933). Esta propuesta   merece cierta atención en el campo de la filosofía política por representar un testimonio de las inquietudes imperantes de la época.

El contexto sociopolítico descrito por Munguía "se halla en tan mala situación, la baja política practicada por sus gobernantes. Según nuestra pobre manera de pensar, política quiere decir malversar fondos, escalar los peldaños del Estado con el único objeto de cometer toda clase de fraudes, explotando miserablemente a la Nación (…).  En Bolivia, hasta la fecha hemos vivido en un caos, sujetos a la desorganización administrativa completa sin encontrar un ideal propio”. Ante este nebuloso panorama, el autor propone una "política quirúrgica” que cure con éxito las "enfermedades de Bolivia”.

La doctrina El Progresismo pretendió forjar una nueva corriente dentro del pensamiento político para marcar un nuevo itinerario de los pueblos; en especial resaltó la necesidad que Bolivia tenga una propia ideología adaptada a su ambiente, a sus costumbres y resuelva sus problemas más intrínsecos para su progreso. 

Al igual que el poeta Franz Tamayo, Julio Aquiles Munguía rechaza enfáticamente todos los modelos políticos "extraños” a Bolivia. Pero Munguía va más allá que Tamayo  al proponer una nueva filosofía cargada de idealismo, una "especie de crisol” que regenere a Bolivia, limpie todos sus vicios políticos, solucione sus problemas más vitales y encauce a sus ciudadanos por la senda del progreso.

Derrumbar para construir 

Para llevar adelante su soñado ideal político, Munguía propuso fundar el gran Partido Progresista, cuya denominación significa: "Avanzada, vigor y juventud”. Una vez en el poder, el partido "milagroso” echaría por los suelos los muros podridos de la vieja casona que no resistiría la fuerza espiritual del progresismo. 

De esos escombros se levantaría los nuevos cimientos que forjarían el "fantástico palacio”, regido por los siguientes principios: (1) "Trabajar por el progreso y el prestigio de Bolivia y la felicidad de su pueblo en general para cooperar de esta manera al progreso y al bienestar de América y el mundo entero”; (2) "Nadie puede poseer ni ocupar lo que no puede hacer progresar”; (3) "Dar a cada cual lo que le corresponde según sus aptitudes progresistas”; (4) "Combatir el analfabetismo difundiendo el libro lo más que se pueda”; (5) "Renovación completa y eficiente de la actual estructura social y fomento poderoso de las industrias para convertir Bolivia en una gran República industrial”; (6) "Trabajar tesoneramente por la conversión del indio en un elemento completamente civilizado para que pueda cooperar en toda forma al progreso y bienestar del país”; (7) "Todo progresista contribuirá según su estado físico y económico al progresar en común”; (8) "Todo progresista tiene derecho a una vida feliz y cómoda, pero también tiene el deber de trabajar y pensar honradamente”, entre otros principios. 

Todos estos postulados políticos se resumen en tres palabras: "Progreso, Prestigio y Felicidad”.

El problema latente del indio en Bolivia 

El intelectual Julio Aquiles Munguía –en su programa de gobierno– enfatizó solucionar el problema del indio: "Bolivia para su progreso necesita que al indio se le eleve de su nivel social, que se le encauce a la vida civilizada (…), actualmente el indio es un verdadero paria que no coopera en ninguna forma el desenvolvimiento y a la organización correcta de nuestro país (…).
 
Podemos decir que el indio en la actualidad no come, pues alimenta en su totalidad con coca y alcohol; no viste, siempre anda harapiento; no lee, en este sentido es un elemento completamente nulo”. 

Siendo ambivalente en sus apreciaciones, por otro lado Munguía reconoce al indio como "un gran elemento de producción”, pero su atraso se debe al estado social del pongueaje, donde es tratado como bestia, "haciendo que esa raza se vuelva tan melancólica y lánguida”. 
 
Desgraciadamente –resalta Munguía– la visión que se tiene del indio se debe a la mala educación de nuestra gente. 

Ante este espinoso panorama, el pensador  planteó las siguientes medidas políticas: (1) Abolir el pongueaje; (2) Fundar escuelas indigenales por cuenta del gobierno y de los propietarios de fincas; (3) Obligar a cada propietario de finca para que mantenga en sus dominios escuelas equipadas, higiénicas y con profesores capacitados, responsabilizándose por cada indio analfabeto que se encuentre en su propiedad; (4) Las escuelas estarían instaladas de acuerdo con la extensión de las fincas o parcelas y la cantidad de colonos; (5) Fundar residencias para estudiantes indígenas. 

Todas estas medidas educacionales apalean a "levantar el espíritu del indio” y "honrar la memoria de los incas, enalteciendo los méritos de sus descendientes”.

Después de dar estos primeros pasos con la educación del indio, Munguía planteó solucionar el tema de la tierra a través de la implementación de la Reforma Agraria y la parcelación relativa:
 
"Este problema no sólo incumbe a la agricultura propiamente dicha, sino al indio que se halla tan íntimamente ligado con ella”. 

Para cumplir con este propósito planteó el Plan Agrario Progresista, contemplado bajo los siguientes puntos: (1) Levantar una estadística y empadronamiento de todas las tierras particulares, comunales y estatales para fijar el valor, la extensión, la naturaleza y la renta de cada propiedad; (2) Declaración estricta del área de las tierras cultivadas y no cultivadas de cada propiedad; (3) Censo de los indígenas propietarios y colonos; (4) Creación de la Comisión de control rural del Estado; y (5) Creación del Ministerio Agro-Indígenal. 

Estos lineamientos estarían bajo el principio fundamental: "Nadie puede poseer ni ocupar lo que no puede hacer progresar”.

la  Reforma Agraria antes de   1952 

Bajo los lineamientos de la Reforma Agraria, Munguía pone en debate el hecho de que un sólo individuo "acapare miles de hectáreas, sin cumplir la ley del Progreso, por el único hecho de dar rienda suelta a su vanidad y egoísmo, habiendo tanta gente que pueda cultivarlas y que al no tener dónde ganar su pan se va muriendo de inanición y hambre”.

Para frenar la tenencia de la tierra en manos de pocos, propone dividir las propiedades en progresistas y no-progresistas; la primera estaría exenta de expropiación y la segunda quedaría sujeta a las siguientes medidas: (1) Expropiación de las tierras no-progresistas; (2) Impuesto progresivo sobre las mismas tierras para indemnizar las expropiaciones; y (3) Confiscación de las propiedades eclesiásticas sin indemnización alguna. Con estas medidas, la división de la tierra se compondría por parcelas simples (tierras concedidas al campesino), colectivas (varias familias campesinas) y estatales (creación de haciendas y granjas para generar empleo). 

Para impulsar todo este Plan Agrario, Munguía propone la creación del Banco Agrícola Progresista en cada capital de departamento. Para afianzar la doctrina progresista sugiere la edificación de canales y pozos en el sector agrícola; la inmediata construcción de carreteras asfaltadas; y la prohibición del consumo de alcohol y coca por considerarlo un aspecto "degenerativo” y "venenoso” para el sector campesino. En este último punto, la hoja de coca no era percibida como "sagrada” ni "milenaria”, sino era simplemente nociva. En la actualidad, la hoja de coca representa identidad y poder político. 

Una educación  progresista       

Dentro del programa de gobierno del Partido Progresista se hace latente el problema de la educación: "En Bolivia es tan mala y tan mal planteada la educación, que su escaso pueblo letrado es un pueblo muy mal educado, debiéndose a esto la desastrosa organización, la política rastrera y el progreso lento”. 

A todos estos males, Munguía concibe una "instrucción científica de la infancia y la formación de verdaderos maestros”. Según la propuesta, cada profesor debe ser el elemento mejor seleccionado, el más virtuoso, el más culto, en otras palabras, "deben ser verdaderos maestros que guíen a sus discípulos por la senda limpia, sabia y recta de la vida”. Para este ambicioso proyecto, el autor plantea designar el 50% del presupuesto nacional a la instrucción pública, disminuyendo en gran medida los fondos destinados al sector castrense.

Solucionar el problema marítimo 

Un interesante punto del programa de gobierno progresista es  aquella referida al problema marítimo: "Para resolver este magno problema del mar que reportaría a Bolivia grandes beneficios desde el punto de vista sociológico hasta el económico, convendría seguir una política internacional pacifista y de acercamiento sin la necesidad de alterar la tranquilidad de América”. 

Al respecto, Munguía propone la transacción territorial, que en la ideología progresista significaría una permuta igualitaria de posesiones: "El sentimentalismo nuestro, al recordar algo que nos perteneció, a veces nos exasperamos tanto creyendo ingenuamente que esas antiguas posesiones volverán otra vez a nuestras manos (…). Para resolver nuestros litigios pacíficamente, admitir la permuta igualitaria de posesiones, equiparando la integridad de los territorios en cuestión (…). En este sentido, nosotros escogeríamos el puerto de Arica, el más asequible a nuestro territorio mediterráneo. En cambio, les daríamos cualquier porción de nuestro territorio fronterizo”. 

La doctrina El Progresismo de Julio Aquiles representa el ímpetu de una generación. Pero la propuesta política fue desestimada por la contienda bélica con el Paraguay (1932-1935). 

Décadas más tarde, toda la prédica idealista de Munguía fue acaparada por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), cuyo proceso político culminó con la Reforma Agraria, el Voto Universal, la Nacionalización de las Minas y la Reforma Educativa. 

Todas estas medidas políticas fueron dogmatizadas y amplificadas por los ideólogos del partido rosado, atribuyendo la "autoría” revolucionaria al jefe del partido: Víctor Paz Estenssoro. 

Un destino trágico para el autor de ideas progresistas que terminó arrinconado y silenciado por el poder político, donde solo le quedó ver desde el balcón la apropiación de algunos de sus postulados políticos sin el menor reparo.
 
 
 
 
 
 
 
 


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