ESPECIAL ROGER MOORE

Un agente con licencia para matar

Fue el 007 que más puros fumó; en siete películas nunca pidió un “martini con vodka agitado, no mezclado”, ni condujo un Aston Martin.
domingo, 4 de junio de 2017 · 01:00
Agencias / Londres

Roger Moore pasará a la historia por haber interpretado a James Bond tantas veces, siete, como Sean Connery. Y además por haberse puesto el uniforme de espía en la edad más avanzada; tenía 45 años. No fue el mejor agente 007 cinematográfico. 

Siempre estará uno o dos peldaños por debajo de Connery, rivalizando quizá con Daniel Craig y con Pierce Brosnan. Pero a él le tocó un Bond bien distinto al expeditivo y lacónico que ha encarnado Craig. Moore fue un agente con licencia para matar más risueño, casi paródico.

Hizo bien la transición entre Connery y los Bond que vendrían después. Excelente en los dos primeros filmes que protagonizó de la serie, 007 vive y deja morir (1973) -quién no le recuerda escapando de sus rivales en un zoológico pisando uno a uno los cocodrilos que se le cruzan, como si fueran boyas flotantes- y El hombre de la pistola de oro (1974), en el que  rivalizó con el villano encarnado por Christopher Lee, de nombre Scaramanga y reconocido por tener tres pezones en vez de dos.

Moore fue Bond en cinco títulos más: La espía que me amó (1977), donde se aliaba con la agente soviética Barbara Bach para recuperar dos submarinos nucleares; Moonraker (1979), cruce imposible entre Bond y Star Wars; Solo para sus ojos (1981), donde el traficante era ni más ni menos que Topol, el actor que fue El violinista en el tejado; Octopussy (1983), una de las más exóticas del ciclo, y Panorama para matar (1985), en la que el antagonista era Christopher Walken, una caricatura de villano en sí mismo.

Estos dos últimos filmes ya mostraron el carácter autoparódico que Moore había asumido con absoluta licencia para reírse de sí mismo cuando hacía de 007. 

Tocaba un cambio, pero su relevo, Timothy Dalton, no lo mejoró en absoluto. Brosnan se le acercó en dos filmes y lo superó en otros dos, y  Craig ha dado una imagen más musculosa y viril del personaje. Pero nadie como Moore para mostrar el lado más amable y distendido del personaje creado por Ian Fleming.
 

Lejos de la acción

Moore quizás fue también el 007 que más puros fumó: su contrato le proporcionaba una dotación ilimitada de habanos Montecristo, tanto que la leyenda asegura que la cuenta salió por miles y miles de libras. 

 

 

Moore dejaba que sus dobles interpretaran todas las secuencias de acción -"¡estaría físicamente muerto tras la primera toma!”- e incluso las carreras, ya que consideraba que él corría de forma "rara”. 

Odiaba más aún usar las armas de fuego debido a un trauma de su adolescencia: su hermano le disparó en una pierna con un fusil. Su carrera le obligó a superar esa pesadilla, aunque sus nervios en las secuencias con pistolas desesperaron a más de un director y obligaron a repetir una infinidad de tomas, según la web Imdb. 

Sus gustos en los cócteles y coches también le distinguen de los demás Bond: en siete películas nunca pidió "un martini con vodka agitado, no mezclado” ni condujo un Aston Martin.

Este Bond nació en Londres, en 1927, de una ama de casa, Lillian Pope, y un policía, George Moore. Siempre defendió su "orgullo” de ser británico, así como presumía también de votar a los Conservadores, lo cual no le impidió abandonar Reino Unido y marcharse a vivir entre Suiza y Mónaco, para pagar menos impuestos. 

A sus 18 años, poco antes de que finalizara la guerra, fue llamado para el Servicio Militar. Fue nombrado oficial y eventualmente se convirtió en capitán. Sirvió para las Fuerzas Armadas, liderando un pequeño grupo en Alemania Occidental.

De joven soñaba con ser artista y dibujante de cómics, aunque, finalmente, y después de pasar por el ejército británico, optó por la actuación: entró en la Real Academia de Arte Dramático y empezó su carrera teatral. "No eres tan bueno, así que sonríe mucho cada vez que salgas”, contaba Moore que le dijo su primer agente.

Aquella frase fue quizás el peor enemigo al que su Bond se enfrentó. Los siete filmes de 007 de la era Moore convencieron a la taquilla, pero no a los críticos. A menudo, las reseñas lamentaban, por un lado, que el actor había convertido a Bond en un personaje gracioso, en lugar del espía elegante de Connery, y, por otro, que la saga se había dirigido excesivamente hacia el entretenimiento para familias. 

Aunque él reivindicaba esa elección: "Me gusta Bond, pero las situaciones que vive son ridículas.
 
En teoría es un espía, pero todos saben que lo es. ¿Qué tipo de agente secreto es reconocido allá donde vaya? Es escándaloso, así que había que tratarlo con un humor igual de escándaloso”.

"Me encantaría ser recordado como uno de los mejores Rey Lear o Hamlet de la historia. Pero, ya que no va a ocurrir, estoy bastante contento de haber sido Bond”, aseguró alguna vez en una entrevista.

También bromeó con que no quería ningún epitafio -"no pienso irme a ningún lado”- y que sería el primer 007 en aparecer en un obituario. Ya había vencido a la muerte varias veces, superando una dura neumonía que lo atacó cuando apenas tenía cinco años y una operación por cáncer de próstata en 1993. Al fin, James Bond bajó las armas. A Moore, en el fondo, nunca le gustaron.

 

 

EL SANTO Y LOS PERSUASORES

¿Por qué los productores de la serie escogieron a Moore cuando Connery se cansó? Moore no era una estrella, como tampoco Connery, pero había funcionado muy bien en el medio televisivo con El Santo, una serie británica de misterio y crímenes, blanda, hedonista y muy atractiva, que interpretó entre 1962 y 1969, y de la que llegó a dirigir nueve episodios.

Después, siempre en la televisión, protagonizó junto a Tony Curtis la buddy movie Los persuasores (1971-1972), serie cómico-criminal que no cuajó, pero hoy conviene reivindicar:
Moore ya dio aquí las pistas para su socarrón James Bond. Estaba preparado para el personaje y los productores tomaron buena nota: Brosnan también llegó a los dominios del agente 007 tras triunfar en la entonces llamada pequeña pantalla con Remington Steele.

El Santo y Bond fueron las creaciones más populares de Moore, que incluso llegó a ponerse la vestimenta de un detective de otros tiempos, Sherlock Holmes, en la película para televisión Sherlock Holmes en Nueva York (1976). 

Antes había alternado producciones británicas, estadounidenses e italianas, algo que seguiría haciendo en tiempos de Bond y de pos-Bond, combinando comedias, policíacos y bélicos: Patos salvajes (1978) es otro de sus títulos más conocidos, en el que formó parte de un grupo de mercenarios en la edad madura junto a Richard Burton y Richard Harris.

Pocos se acuerdan hoy de sus primeras apariciones en producciones de Hollywood como La última vez que vi París (1954),  La melodía interrumpida (1955), Astucias de mujer (1956) y Misión en la jungla (1961). Después de la etapa 007, asumió personajes secundarios, a veces intrascendentes, en filmes como  Spiceworld: la película (1997), realizada al servicio de Spice Girls y con otras rutilantes apariciones musicales (Elvis Costello, Elton John, Meat Loaf, Bob Geldof). 

Moore, en el cine, ya estaba de vuelta de todo.

UNA VIDA SENTIMENTAL AJETREADA

Su vida sentimental fue ajetreada, aunque no trascendió en exceso en la prensa rosa salvo la última de sus relaciones. Estuvo casado entre 1947 y 1953 con la patinadora y actriz de breve carrera Doorn van Steyn; muchos años después, el actor declararía haber sido víctima de malos tratos físicos por parte de Doorn, seis años mayor que él. 

Después contrajo matrimonio con la cantante Dorothy Squires, de 1953 y 1968, y finalmente con la actriz italiana Luisa Mattioli, de 1969 hasta la separación en 1994, con la que tendría a sus tres hijos, Deborah, Geoffrey y Christian.

Moore, quien tenía el título de Sir y fue embajador de Unicef desde 1991 hasta su fallecimiento, dejó a Mattioli, de la que no se divorciaría legamente hasta el 2002, por una amiga de su esposa, Kiki Tholstrup, con la que vivió estas últimas dos décadas. Se casaron en el 2002, en una ceremonia privada en Montecarlo a la que no asistió ninguno de sus hijos; las aguas bajaron revueltas desde entonces por los cauces de la familia Moore. 

El James Bond de smoking blanco u oscuro, pistola Beretta y cabello impecable -Moore ni se despeinaba en las escenas de acción-, no pudo superar su lucha contra el cáncer. James Bond también es mortal.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

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