CIENCIA

A 40 segundos de un asteroide

En la incomprensible y vasta oscuridad interestelar que nos rodea, hay algunos cuerpos esperando cruzarse con la trayectoria orbital de la Tierra.
domingo, 2 de julio de 2017 · 01:04
Raúl Zarate Valdivia  / La Paz

Quizá muy pocos lo saben, pero junio, que acaba de concluir, fue el mes del asteroide.  Los eventos del cosmos siempre se entrelazan con la  existencia del hombre y la naturaleza.  Los adultos y principalmente los niños tienen que saber que su futuro estará siempre diseñado por algún cuerpo celestial  errante del espacio profundo. 

Por fortuna, esos eventos cataclísmicos no se repiten con mucha frecuencia. Los científicos calculan que algo similar a la tragedia de los dinosaurios sucede cada 100 millones de años, por lo tanto tendríamos un respiro de 30 millones de años, tiempo en el cual podríamos desarrollar las herramientas necesarias para desviar algún objeto cósmico amenazador. 

Uno se resiste a pensar qué pasaría si un cometa o asteroide se encontrara en curso de colisión  con la Tierra. La idea nos sobrecoge;  es que nunca hemos visto o experimentado algo parecido durante nuestra  vida tranquila.  

El universo es realmente magnífico, pero ese mismo universo también es cruel de cuando en cuando porque obedece las leyes de la gravedad y de la física. La  vida en nuestro planeta empezó con un evento cataclísmico y por otro evento similar puede terminar.  Esta parece ser la esencia  y el mecanismo de la existencia en el cosmos.  Consideremos a continuación qué pasaría cuando estuviéramos al borde del tiempo límite.

40 segundos 

Esto es  lo que usted vería 40 segundos antes de que un cometa impactara con nuestro planeta.
 
 Cuando levantara la vista hacia el cielo, vería una semiesfera y el cuerpo de un cometa que parecería irse agrandando velozmente, tan brillante que se lo podría ver de día. 

El perfil de este cuerpo extraño, nunca antes visto por su tamaño, forma y movimiento, causaría una impresión fantástica y a la vez aterradora. De pronto el cielo se emblanquecería y un zumbido estremecedor emergería por todas partes.  Al  mirar nuevamente al cielo se vería un nuevo sol más grande  que se va transformando en una inmensa bola de fuego enceguecedora. 

10 segundos después, esa bola de fuego dominaría todo el espacio, momento en el cual  perdería la vista por el brillante fogonazo proyectado.  El cielo se volvería rojizo y luego amarillo, quemando todo a su paso. Usted llamaría a sus seres queridos para esconderse en algún lugar seguro de la  casa o simplemente se abrazaría a ellos y experimentaría este evento sobrecogedor sabiendo intuitivamente que no habría escapatoria.  

Dos segundos más tarde buscaríamos cobijo pero nos daríamos cuenta de que ya no hay caso de hacer nada, solo le quedaría oírlo y sentirse resignado.  Un estruendo terrible en la atmósfera se sentiría cuando el aire es comprimido se expande de pronto.  Pero los oídos solo percibirían un gran silencio.  Una onda expansiva aplastaría todo lo que está a su paso, desde Arica hasta Santa Cruz, creando  un escenario  surreal  prohibido   de contemplar a los seres vivientes porque significa el fin. 

En la incomprensible y vasta oscuridad interestelar que nos rodea, hay algunos cometas y asteroides esperando arribar del espacio profundo y cruzarse  precisamente en esos fatales siete minutos con la trayectoria orbital de la Tierra.  

Es entonces  posible que en un futuro lejano la suerte esté echada y se descubra que  habrá un asteroide o cometa en curso de colisión con  nuestro planeta y las potencias mundiales por primera vez desplieguen toda una flotilla de misiles interceptores que puedan desviar el curso de ese inmenso objeto.  Ese será, sin duda, el día más importante de la Tierra.

La fuerza del impacto

Para los que tengan  curiosidad académica de saber qué tipo de daño causaría un cometa o asteroide en colisión con la Tierra, les invito a llenar las letras de la fórmula de la energía desplazada por un cuerpo extraterrestre.  

E  = ½ m (v100)2,  en la cual a la masa (m) se le daría un valor de 3 ya que no sabemos el grado de metalicidad de la roca y (v) es la velocidad de 110 mil kilómetros por hora.  

Supongamos que el asteroide es el 2001 YB5, que tendría un volumen de un poco más de 14 manzanos cúbicos, o sea un diámetro de 300 metros. El cálculo nos dará 1.8 x 10 a la 21 de joules de energía E de impacto.  

Transformando este valor en megatones de TNT (millones de toneladas de dinamita) llegamos a un resultado de 4.320 megatones de pólvora de fuerza explosiva capaz de excavar un cráter  de 3 Km de diámetro y uno de profundidad, creando  simplemente un escenario infernal. 

Todo esto nos revela que la vida como la conocemos, sería  bruscamente interrumpida por eventos de una escala tan inmensa que nos son difíciles de imaginar. 

La parte interesante de todo este evento es que cualquier persona de 16 a 90 años podría calcular la fórmula y saber por anticipado si vale la pena hacer un buen testamento  o más bien rezar, como nos recomienda la Nasa, cuando el cuerpo extraterrestre tenga más de 5 kilómetros de diámetro. 

Mirando el lado menos sombrío de estos eventos celestiales y gracias a nuestro prodigioso avance neurológico evolutivo desde la época cuando caminábamos en las sabanas de África, hoy podemos trazar la trayectoria de estos cuerpos, medir su volumen y velocidad, y saber dónde caerá. Para mediados de este siglo se espera tener ya esa batería de misiles lista para defender nuestro planeta. 

La suerte está echada

Pero si la suerte estuviera echada como en el evento de nivel de extinción, en Chixulub, México, 65 millones de años atrás, todavía existe el chance de que algunas pocas criaturas roedoras que viven en túneles subterráneos debajo de la tierra podrían sobrevivir un largo periodo de frío y escasos alimentos después de un impacto. 

Esas especies, a través de varios millones de años, podrían evolucionar en una criatura bípeda que con el tiempo observe las franjas geológicas en las  montañas pudiendo detectar restos de iridio, deduciendo así lo que pasó en el planeta un día singular de antaño, cuando un cometa  impactó con la Tierra y transformó el curso de la naturaleza, dando un nuevo espacio a los que más tarde pudieran hacer este relato. 

El universo en el que vivimos es un lugar de transformaciones sublimes, pero violentas.  La vida se la da gratuitamente  por un tiempo corto y valioso, pero también se la  quita  intempestivamente sin culpa ni pena. 

El poder renacer después de un evento cósmico cataclísmico  parece ser un milagro inverosímil no programado, pero increíblemente condescendiente para los  diminutos seres humanos.

 

 
 

 



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