La vida de una víctima de trata y tráfico pasa a la pantalla grande

Esta y otras películas se exhibirán hasta el 29 de julio en seis ciudades para que la población tome conciencia sobre estos delitos.
martes, 26 de julio de 2016 · 00:00
Página Siete  / La Paz

Sandra Ferrini es una uruguaya que sobrevivió a 37 años de explotación sexual. Desde sus ocho años su madre la entregaba a vecinos para que la violaran. 

Desde sus 14 aguantó golpes, un tumor en la cabeza, la extirpación de sus pechos por un cáncer ocasionado cuando le inyectaron aceite de avión, a cientos de "clientes” y otra violación más cuando estaba convaleciente en un hospital.

Esa historia se trasladó a la pantalla grande. La película Tan frágil como un segundo se exhibió ayer en la Cinemateca y volverá a proyectarse mañana a las 19:00. Es parte de  un ciclo de cine contra la trata y tráfico de personas que se exhibe por el día internacional contra estos delitos, que se recuerda el 30 de julio.

El ciclo se realiza hasta el 29 de julio en La Paz, Tarija, Pando, Potosí, Santa Cruz y Cochabamba. Se exhibirán películas como Trade (a las 15:00 de hoy en la Cinemateca) que trata sobre la explotación sexual de mujeres en la frontera entre México y   Estados Unidos. 

También se proyectará  El lado oscuro del chocolate y Abriendo brecha (a las 17:00 de mañana en la Cinemateca). El primero es un documental sobre los abusos laborales contra  niños africanos y el segundo, una producción boliviana sobre la explotación de zafreros en el oriente del país. 

 El propósito es que la población tome conciencia y conozca más sobre estos ilícitos, ya que Bolivia es un país de origen, tránsito y destino de víctimas, informó el viceministro de Justicia Plural y Derechos Fundamentales, Diego Jiménez. Desde 2012 hasta 2015 se calcula que el Ministerio Público atendió 2.000 causas de trata y tráfico y sólo hubo 20 sentencias en Bolivia.

Ferrini pasó de las violaciones consentidas por su madre a diferentes redes criminales que la llevaron a Argentina, Brasil y Europa. No tiene resentimientos hacia ella -afirmó- porque a pesar de todo es quien le dio la vida y la posibilidad de convertir su sufrimiento en un motivo por el cual luchar. "Mi madre murió un día. Yo no la odio, no le tengo rencor, pero no me explico por qué lo hizo”, afirma. 

Cuando estuvo en manos de esas redes perdió a dos hijos porque tenía que trabajar aún de embarazada. Al tercero se lo llevaron sus tratantes y ella sabe que aún vive en el viejo continente. 

Contó que intentó en varias ocasiones escapar. Lograrlo casi le cuesta la vida. "Yo no podía salir, pero ayudé a muchas a escapar, era medio rebelde después de todo, tal vez por eso me mantenía, para ayudar al resto”.

Su cuerpo estaba prácticamente destruido cuando recuperó su libertad, en 2005. Ya no tiene miedo de que sus tratantes vuelvan para buscarla. "Parece que ellos ya no se animan porque yo soy una persona pública. Es más, me encantaría que vinieran, los denunciaría porque yo ya no les tengo miedo como antes”. 

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