El 45% de adolescentes presos dejó el colegio para delinquir

La educación, para ellos, no cumple un rol de reproducción de valores y conductas pacíficas. Asimismo, el consumo de alcohol prevalece en los menores de edad.
viernes, 02 de septiembre de 2016 · 00:00
Sergio Mendoza  / La Paz

El 45% de los adolescentes privados de libertad en dos centros de La Paz abandonó el colegio por delinquir y sólo el 7%  de éstos alcanzó el bachillerato, de acuerdo con la investigación  Agua que Labra la Piedra 2. Hacia una seguridad ciudadana, adolescentes y prevención de la delincuencia.

 La publicación de la fundación ProgettoMondo Mlal se elaboró con datos recogidos por la investigadora Micaela Román, con el apoyo de la Unión Europea y la Cooperación Italiana. Se consultó a aproximadamente 80 adolescentes, entre 14 y 18 años, recluidos en Qalauma y en el Centro de Reinserción Social de La Paz.

Resalta la falta de importancia que  los muchachos que fueron objeto de este trabajo dan a los estudios. "La educación formal no es referente en el proceso de socialización (...). Los adolescentes están marcadamente alejados de la escuela o el colegio y estas instituciones no desarrollan ninguna acción al respecto”, resaltó Román.

Los motivos son varios: necesidad de trabajar, rebeldía, disgusto por el estudio, aplazos, muerte de los padres, etcétera. Llama la atención que el 29% de los encuestados no concluyó la primaria.  

Asimismo, el consumo de alcohol y drogas tiene un rol importante. Antes de ser encarcelados el 82% de los adolescentes ya consumía bebidas alcohólicas y el 24% alguna sustancia controlada. La mitad de ellos comenzó a consumir alcohol antes de los 15 años. Además buena parte reconoció que antes de cometer un ilícito había recurrido a estas drogas.

Román resaltó que las conductas delictivas en muchos casos tienen su origen en los ejemplos no sólo dentro la familia, sino en toda la sociedad. "Pautas de interacción social, donde se privilegia el dinero por encima de la educación, el alcohol como principal o único medio de socialización y la tolerancia a la transgresión de las normas legales como práctica cotidiana”.

El libro, además, cuestiona la tolerancia que como sociedad tenemos a lo ilegal, a la injusticia, a la corrupción, prácticas que se reproducen como modelos y estilos de vida, manifestó el responsable de Programas de Justicia Juvenil en Bolivia de ProgettoMondo Mlal, Roberto Simoncelli. 

Es así que el rol negativo de los amigos, el alcohol, el dinero fácil y la tolerancia a la transgresión suelen causar conductas delictivas, apuntó Román.

Otros hallazgos de la investigación señalan que el 41% de los adolescentes recluidos escaparon alguna vez de casa, el 71% trabajaba antes de ingresar a los centros y el 18,5% fue encarcelado en más de una oportunidad, generalmente por el mismo delito: robo o delitos contra las personas.

 

Proponen cambiar los patrones de conducta de toda la sociedad 

 Con el propósito de prevenir la delincuencia juvenil en la investigación  Agua que Labra la Piedra 2  se propone cinco líneas de acción que involucran no sólo a las autoridades, sino a toda la sociedad, en el entendido de que se requiere un cambio general de la cultura transgresora de las normas legales. 

"El problema no se circunscribe a los adolescentes y/o sus familias. Emerge la necesidad de repensar nuestra vida en comunidad, nuestros patrones de conducta, nuestro esquema de valores, nuestros modelos y estilos de vida que reproducimos, nuestra vida cotidiana”, escribió Micaela Román en el libro. 

La investigadora preguntó: ¿Podemos esperar que los adolescentes dejen de robar cuando nosotros compramos los productos robados? "En muchos adolescentes el consumo de alcohol es el catalizador de las conductas delictivas, pero socialmente el consumo masivo y abusivo  es parte de nuestra cotidianidad”.  

Para combatir la delincuencia juvenil una primera línea de acción consiste en replantear la noción de un enfoque integral. Es necesaria la participación de todo el Estado, la sociedad en su conjunto y que la comunidad reproduzca valores sociales y formas de convivencia pacífica. 

 La segunda línea de acción consiste en aplicar un enfoque restaurativo, contrario a la justicia punitiva. Esto implica que el transgresor entienda las consecuencias de sus actos y las repare. La víctima obtiene la reparación del daño e incluso es posible restablecer las relaciones. 

Además se debe reformular el rol social de la escuela y colegios, y convertirlas en instituciones con función educativa y socializadora, donde se promueva una cultura de paz y buenas prácticas de convivencia social. No se trata de sólo incorporar contenidos educativos, sino de tener un rol activo en la prevención de conductas antisociales y delictivas. 

Por último, Román dijo que se debe crear espacios de interacción entre adolescentes sin que medie el alcohol, la violencia o las drogas. E invita a que los medios de comunicación difundan contenidos que aporten a la prevención de la delincuencia y repliquen valores sociales.

 

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