El limbo del último comunario encarcelado por el caso Apolo

Desde que ingresó al penal de San Pedro en 2014 hasta la fecha, Juan Bascopé no tuvo ninguna audiencia. Ni siquiera sabe qué fiscal atiende su caso.
domingo, 22 de octubre de 2017 · 00:00
Sergio Mendoza  / La Paz
 
Hace tres años y tres meses que Juan Bascopé Cari, de 46 años, vive en la cárcel de San Pedro. Su esposa y sus cuatro hijos se acomodaron con él en la prisión a la espera de que un día se resuelva un caso que no avanza, que existe, pero al parecer  ni siquiera figura en el sistema informático del Ministerio Público.
 
El 21 de julio de 2014 fue su audiencia cautelar, desde entonces no tuvo otra, ni de cesación a la detención preventiva  ni de juicio  ni de nada. Bascopé ni siquiera sabe qué fiscal está con su caso y uno de los abogados que lo atendió hace varios meses tampoco está seguro si aún persiste la causa penal.
 
"Esto es retardación de justicia. Desde que me enviaron aquí no tuve ninguna audiencia, pasaron ya más de tres años y no hay acusación, ni nada. Soy el único encarcelado que queda por lo que ocurrió en Apolo”, relata el sindicado mientras bebe un refresco de mocochinchi.
 
El 19 de octubre de 2013, un contingente de la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC) incursionó en la comunidad  Miraflores (municipio de Apolo, en el norte paceño) para erradicar cultivos de coca ilegal. 
 
Los comunarios de este lugar estaban listos para impedir que esto ocurriera. Cuatro personas murieron ese día, todos del bando de la FTC:  Dos militares, un policía y un médico.
 
Lo que pasó allí activó una alarma en  el Gobierno, que desplegó a la Policía y a las Fuerzas Armadas para tomar el control del lugar y dar con  los responsables de los crímenes. Decenas de personas fueron detenidas, al menos unas 20 imputadas y similar cantidad enviadas a prisión.  Pero a la fecha sólo hay un encarcelado, y junto a él están sus hijos y su esposa. El resto fue liberado o se benefició con medidas sustitutivas. 
 
Desde que entró a San Pedro Bascopé vio sólo una vez más al juez que lleva su caso, y de pura suerte. Fue el 6 de septiembre de este año, cuando el magistrado de Achacachi, Beltrán Quispe Pucho, asistió al penal para las jornadas judiciales de descongestionamiento. "Yo le reclamé, ¿cómo sin pruebas aún me tienen aquí?”.
 
Bascopé ocupa la habitación en la que solía vivir otro imputado por el mismo caso. Allí pasa las noches con su esposa, su hija mayor de 20 años  y sus tres hijos, de 14, nueve y cinco años. 
 
Junto a su pareja vende chorizos a la parrilla en un patio de la cárcel. Su hija dejó el colegio por problemas de salud. El único que continúa sus estudios es el  de 14 años, que -según su padre- sale por la mañana de la cárcel rumbo al colegio y vuelve por la tarde. 
 
Su caso se abrió por asesinato con el número 070/2013; pero éste no figura en el registro digital de la Fiscalía. De acuerdo a funcionarios de esta institución el único caso abierto con el nombre de Bascopé Cari es uno de 2015, por "vejaciones y torturas”; pero en éste el preso es la víctima. 
 
Cuando lo detuvieron, en julio de 2014, lo golpearon hasta dejarlo inconsciente, le fracturaron las costillas, le amenazaron con dañar a su familia y arrojarlo a él desde un helicóptero si no confesaba dónde estaban las armas con las que los comunarios de Apolo enfrentaron a la FTC.
 
El abogado que sigue su proceso más de cerca, Francisco Pacheco, indicó que él tampoco encontró el caso 070/2013 en el sistema del Ministerio Público. "Pero existe, está con el fiscal Daniel Ayala. Yo no entiendo por qué tanto hermetismo y por qué durante tanto tiempo aún no puedo acceder a todos los cuadernos de investigación”.
 
Pacheco pasó meses buscando estos expedientes. Contó que incluso viajó a Apolo para hallarlos y al final, después de tanto insistir, consiguió un 70% porque la Fiscalía no se los entrega todos. "Una vez que tenga todo completo buscaré la mejor estrategia para sacar a Juan de la cárcel, ese es el principal objetivo”.
 
El recluso no fue notificado con acusación alguna que, según la norma, debía salir en seis meses después de su imputación en 2014. El Código de Procedimiento Penal también señala que un proceso puede durar máximo tres años, caso contrario los operadores de justicia pueden recibir sanciones por "negligencia”.
 
Este medio intentó conversar con el fiscal Ayala, pero no se lo encontró en su oficina. Sin embargo, él está asignado a la división de Corrupción y no de Delitos Contra las Personas. 
 
También se intentó consultar con el fiscal departamental de La Paz, Edwin Blanco, quien señaló que no tiene tiempo para atender este requerimiento. 
 
¿Abusos sexuales de la FTC?
 
La Fiscalía sostuvo que Juan Bascopé participó directamente en los asesinatos ocurridos el 19 de octubre de 2013, en Apolo. Él se declaró inocente y aseguró que esa mañana se encontraba a varios metros del lugar donde se produjo el enfrentamiento.
 
Por otro lado -dijo- ni siquiera pertenecía a la comunidad Miraflores, sino a otra llamada Copacabana, a unos cuantos kilómetros de distancia. 
 
Pero ese día estaba cerca del conflicto. Contó que la gota que rebalsó el vaso fue que algunos miembros de la FTC intentaron violar a las mujeres en la escuela de la comunidad. "Después de gasificar las casas, las llevaron al aula y allí les ordenaron que se desvistan. Fue cuando un grupo de jóvenes que estaba escondido salió armado a disparar”. 
 
El ahora recluso dijo que los machetes volaron y las ráfagas de los disparos, sobre todo de los uniformados, acribillaron el monte, por lo que él no se movió del lugar en el que estaba. 
 
"Los comunarios llegaron de diferentes lugares y los policías y militares escaparon por donde pudieron”. En ese momento se habrían dado los asesinatos.
 
Los militares Óscar Gironda, Willy Yujra, el policía Johnny Quispe y el médico Michael Olivares fallecieron con impactos de bala.  
 
La denuncia de los abusos sexuales a las mujeres data de hace varios meses, pero no se evidenció que esto haya ocurrido. 
 
En  2015 el abogado que representaba a los campesinos, Rilver Velasco, dijo: "A 17 mujeres violaron. El comandante de esa unidad dijo a sus hombres ‘pueden hacer lo que quieran’”. 

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