Música, charlas y aviones, la vida de Erwin Tumiri ahora

El joven de 26 años cuenta su historia para ser ejemplo de gente de su edad. Tocó en un grupo folklórico cristiano y repara accesorios de aeronaves.
miércoles, 29 de noviembre de 2017 · 00:06

Daniela Romero / La Paz


El avión de LaMia se había estrellado en Medellín, Colombia, con 77 personas a bordo  la madrugada del 29 de noviembre de 2016. Habían pasado varios minutos del accidente  cuando los rescatistas  encontraron con vida a Erwin Tumiri, uno de los técnicos de la tripulación.


  Adolorido de los brazos y la columna, con un canguro fosforescente y en shock, Erwin sólo atinaba a gritar a sus compañeros. Cuando el llanto lo quebraba, uno de los rescatistas lo tranquilizó: “No grites técnico, tranquilo, no te desgastes, estamos aquí para ayudarte y a tus amigos también”.


Esas fueron las primeras imágenes difundidas del rescate en Cerro Gordo y las primeras que vio Erwin para después afirmar  que volvió a nacer y así afianzar un plan de vida: no desperdiciar el tiempo.


 “Antes no salía, ahora salgo con mis amigos, trato de disfrutar todo lo que se pueda con ellos. Pero más lo hago con mi familia, con mi mamá más que todo”, afirma desde Cochabamba el joven de 26 años y el menor de cuatro hermanos.


Hoy se cumple un año del siniestro aéreo y durante este tiempo Erwin se dedicó a la música, pues hasta hace poco integraba el grupo  folklórico  cristiano Ajayu, con el que fue a diferentes presentaciones.


   “Me acerqué más a Dios, me gusta la música y estuve un tiempo en Ajayu, después me llamaron y me siguen llamando para que dé charlas contando mi testimonio y eso lo hago con cariño”, cuenta el técnico de la tripulación que aquella madrugada perdió a cinco de sus integrantes.


Jóvenes, personas mayores y hasta niños escuchan su relato en diferentes eventos. Está seguro que al contar su testimonio ayuda a la gente “a seguir adelante, sin importar tropezones y caídas”.


  El miedo a subirse a un avión fue inevitable después de lo que vivió, pero unió fuerzas para vencerlo.

Su prueba de fuego fue el regreso a Bolivia desde Colombia el año pasado, cuando ya estaba rehabilitado.


Ahora se dedica al mantenimiento de aviones y avionetas en Cochabamba, ya no formó más parte de la tripulación de algún vuelo. Está dedicado plenamente a reparar accesorios y partes centrales de aeronaves.


   Siempre se lo ve sonriente en las fotografías que publica en sus perfiles sociales. “Quiero demostrar que se puede ser feliz”, dice aunque hoy parte de su corazón se cae al recordar a sus compañeros que murieron.


En este año visitó algunas veces a Ximena Suárez, la azafata del avión que también sobrevivió.


Pese a estar ocupado con  actividades extras y su trabajo, Erwin tiene el punto fijo en su madre, quiere devolverle toda la atención que le brindó mientras se recuperaba. “Estoy con vida, eso agradezco a Dios y por eso toda mi vida estará dedicada a ella, a mi madre”.

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