Bandas delictivas alteñas ahora captan a niñas y adolescentes

Algunas de estas agrupaciones de menores de edad se reúnen para cometer faltas y delitos. Las autoridades señalan como causa las familias disueltas.
domingo, 6 de octubre de 2019 · 00:04

Madeleyne Aguilar  / La Paz

Las bandas delincuenciales de El Alto ahora captan a niñas y adolescentes que -en algunos casos- aceptan unirse  por necesidad de pertenencia social, alertan autoridades de seguridad de esa urbe. En el 2016 la Policía  identificó   20 grupos delictivos, de mujeres y hombres de todas las edades, que operaban en al menos 15 zonas.

“Hoy (dos de las más peligrosas) Las Perú y Las Leydis están conformadas exclusivamente por menores de edad de sexo femenino. Son bandas delictivas, relacionadas a la violencia sexual comercial. Ambas comparten como territorio las zonas Villa Dolores y  12 de octubre”, informó el teniente Boris Gutiérrez,  jefe de la División de Menores, Familia, Trata y Tráfico de Personas de la Policía en El Alto. 

Señaló que, en su experiencia, la mayoría de estas bandas operan  en los distritos 1 y 6. Las características en común son adolescentes que provienen de familia disgregadas. 

Las autoridades alteñas coinciden en que las pandillas reclutan a niños y niñas en necesidad. Van detrás de aquellos pequeños que están  en las calles u ocultos en salas de juegos electrónicos en horarios en los que deberían estar en el colegio, estudiando. 

Otros blancos son los “voceadores” de minibuses que trabajan alrededor del reloj de la Ceja o las nuevas víctimas en la casas de citas. Al terminar su jornada, son encontrados por las pandillas,  el único grupo social al que pertenecen,  porque en casa nadie los espera.

     Gutiérrez alertó que, lamentablemente, en la urbe alteña  es común la presencia de menores de edad en bandas. En su criterio, este fenómeno creció con el uso de teléfonos inteligentes y que la captación ahora se la realiza por redes sociales. Pero no se dejó atrás el abordaje directo.

Cuando ya se ha formado una agrupación, los jóvenes se dedican al robo o se convierten en víctimas de violencia sexual comercial. “Las Perú y Leydys no son las únicas bandas conformadas sólo por menores de edad. Con seguridad, que hay varias otras”. aseveró el teniente.
 

La familia uno de los factores

 El director de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (Felcc) de El Alto, el coronel Douglas Uzquiano, coincide con Gutiérrez al señalar la disolución de  la familia como causa. 

“Es por la falta de control a las actividades que realizan los hijos. Los encargados de transmitir conocimientos, valores, principios somos los padres, principalmente”, comentó.

Añadió que pese a que existe centros para orientación de jóvenes en conflicto con la ley, no se cuenta con un sistema de educación eficiente para su reinserción a   la sociedad. “Muchas veces se aprehende a  jóvenes que  ya conocíamos, porque  cometieron otros delitos anteriormente. Siguen llegando al lugar de acogida pero vuelven a salir”, indicó.  

A veces llaman  a los padres de los menores de edad, para decirles que aprehendieron a su hijo o hija pero no siempre hay una respuesta positiva. Casi siempre los progenitores  se niegan a ir por ellos y  recogerlos. 

“El núcleo principal para ayudar a estos adolescentes   es la familia y si ellos no lo hacen va a ser más difícil”, reiteró.

 


 

Familias bandas

El coronel Uzquiano señaló que hay bandas conformadas por familiares. Citó como ejemplo la banda o clan del Quizo. 

El pasado 23 de septiembre, la Policía desbarató esa organización criminal y detuvo a tres de sus miembros. Dos  eran padre e hijo con antecedentes penales y habían iniciado en el mundo de la delincuencia al sobrino del primero.  

Fueron capturados  al identificar el vehículo en el que la banda de cogoteros  intentaba asaltar a un ciudadano, en la carretera a Copacabana.  

Casos como éstos son comunes en los patrullajes para desbaratar bandas, que realiza la Policía. “En la ciudad de El Alto, vemos que padre e hijo están consumiendo bebidas alcohólicas. Hace unos días hubo un caso de parricidio, un joven que victimó a su progenitor”, contó.

 

Medidas de prevención

La Policía de El Alto sostiene reuniones con las juntas vecinales. En ellas los ciudadanos  participan activamente para reclamar mayor seguridad. 

“Llegan a reunir más de 300 personas en el lugar. Sin embargo, cuando nosotros (la Policía) deseamos transmitirles conocimientos para combatir la trata y tráfico, cómo cuidar a sus hijos para que no huyan, los medios sociales para estar al tanto, solamente asisten cinco o diez padres de familia”, comentó el director de la Felcc. 

Reclamó que la sociedad también debería estar deseosa de prepararse. “No hay una escuela donde se aprenda a ser padre o madre. Los menores de edad reflejan lo que ven en su progenitores bebedor o maltratador. Muy pocos nos preocupamos de ser buen ejemplo”, agregó.

La Felcc junto al Comando regional logró realizar un especie de censo de pandillas y bandas en la urbe alteña. Desde la Estación Integral Policial (EPI) de cada zona y sus módulos se  identificó dónde se reúnen, cuál es el seudónimo, cuántos grupos o pandillas hay y si en esas reuniones se dedican precisamente a delinquir o cometer faltas. 

En 2016 se logró obtener un listado con 20 bandas delincuenciales, con muchas de las que aún continúan vigentes. “Es una constante actualización porque cada día nacen varias”, dijo.

 Uzquiano alertó que hay aproximadamente nueve que son las más fuertes porque tienen entre 50 a 100 miembros. Todas están en la zona 16 de julio. El método de la Policía para combatirlas es ubicarlas y desbaratarlas.

El 25 de mayo de este año, la Felcc aprehendió a los miembros de la banda Los Lagartos, que operaba en la zona Ballivián en El Alto. Sus miembros se dedicaban a atracar a los transeúntes en estado de ebriedad.

 Las pandillas y bandas no es un problema que sucede solamente en la urbe alteña, sino un fenómeno que crece en toda Bolivia y otros países.

 Grupos en riesgo de  delinquir

El secretario municipal de seguridad ciudadana de El Alto  , Dorian Ulloa explicó: “hay una muy delgada línea entre las pandillas juveniles y las bandas”. Señaló que, si bien hay diferencias, los jóvenes que forman parte de esos grupos corren el riesgo de cometer delitos.

“Una pandilla juvenil es tal si se reúne para tomar bebidas alcohólicas, hacer bulla o molestar a la gente. Pero si -por ejemplo- en un empujón matan a alguien, se convierten en una banda delincuencial”, aseveró Ulloa.

Según el secretario edil, no se debería usar el término “pandilla” para un grupo de personas que atracan o comenten crímenes porque, según el código penal, son bandas delincuenciales.

“Si en la comisión de un delito hay más de dos personas involucradas, es una asociación delictuosa. En leyes de otros países se establecen las categorías de delitos mayores y menores. En Bolivia, el código penal establece delitos y faltas”, apuntó. 

La Secretaría edil de Seguridad Ciudadana confirma que existen algunos menores de edad implicados en faltas menores, como el consumo de bebidas alcohólicas en vía publica, no asistir al colegio, encontrarse en lugares no permitidos para ellos, como discotecas. Si hubiese casos de comisión de delitos, son remitidos a la Policía.

 

Defensoría detecta señales de pandillas en colegios de El Alto

Con el objetivo de prevenir que menores de edad sean miembros de bandas delincuenciales. La Defensoría de El Alto visita escuelas y juntas vecinales. Junto a la Policía analiza si existe algunas señales que revelen problemas como la posesión de sustancias controladas, armas blancas, o el cutting.

“Cuando determinamos que un adolescente puede ser parte de una pandilla, ingresamos para la atención psicológica. Buscamos hacerle saber que puede ser perjudicial para él o ella cuando absorben su tiempo, se convierten en el grupo de supervivencia o buscan más la permanencia en la calle que en el hogar”, explicó el jefe de la unidad de atención integral a la familia, de la Alcaldía  de El Alto, Harry Suaznábar. 

Tras la atención terapéutica, en muchas ocasiones se deriva a los jóvenes a instituciones pertinentes. Es un trabajo sistémico, porque no solamente se trabaja con el adolescente afectado sino con la familia.

“Es una corresponsabilidad. Si vemos que el adolescente efectivamente pertenece a una pandilla, pero no tiene la intención de acudir a la terapia psicológica, citamos a los padres”, explicó Suaznábar. 

Esos programas de prevención se realizan a partir de una plataforma creada en 2016. Desde entonces, la Defensoría participa en ferias distritales y eventos como entradas folklóricas para atender a los jóvenes con problemas.

Las autolesiones son una señal de alerta. “En una unidad educativa hemos detectado 16 casos de cutting. Estas cortaduras que se autoinfringen pueden ser por situaciones amorosas,   problemas sociales de diferente índole o por pertenecer a una pandilla. Principalmente se las realizan en los brazos”, señaló.

El jefe municipal explicó que las pandillas surgen por pertenencia territorial, sobre el que se  quiere establecer vigilancia y autoridad, frente a posibles intrusos.

 Suaznábar aclaró que no todos cometen crímenes, muchas veces sólo buscan pertenecer a un grupo. Sin embargo, entre los ritos de iniciación, o para ascender, puede comerterse faltas  o delitos.

   Punto de vista
Raiza Andrade Tapia,  psicóloga


“Todos tienen un rol para ayudar”

Los menores de edad se unen a las pandillas porque no encuentran  aceptación dentro del núcleo familiar, ni en su grupo de pares. Es por eso que, cuando encuentran un lugar donde los aceptan, se sienten bien por ser parte. 

Como sociedad lo que debería hacer es concientizarlos, en especial  cuando entran a la adolescencia, etapa donde uno busca más un grupo de amistad y de aceptación. Así se puede prevenir este problema. 

Por otra parte, el papel de la familia consiste en brindar control, unión y comunicación. Además, ellos ayudarán al joven o adolescente que está involucrado en una pandilla, para  hacerle notar lo negativo. Sin embargo, si la persona  afectada no desea salir de ahí o mejorar su calidad de vida, es muy difícil que su familia pueda hacer algo al respecto.

Las escuelas también tienen responsabilidad para controlar  a sus estudiantes. Los educadores deberían inculcar valores en los alumnos. 

Actualmente, según normas, cada escuela debería contar con un profesional de psicología. Éste analizará los comportamientos de los estudiantes. El bullying, por ejemplo, muchas veces es señal de la  búsqueda   aceptación.

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