Exiliados de Porvenir fueron maestros y carpinteros para subsistir en Brasil

José Shimokawa, Paulo Bravo y Roger Zavala cuentan que extrañaron a sus amigos y la comida. Recordaron que tuvieron que empezar de cero para alquilar un lugar donde vivir y donde trabajar.
domingo, 22 de diciembre de 2019 · 00:04

Marcelo Blanco  /  La Paz

Oficios que quizás nunca pensaron hacer, como trabajar de electricista o de carpintero, fue el destino que   tocó vivir en Brasil a los exiliados de caso Porvenir. Después de 11 años de estar fuera de Bolivia, contaron que lo que más extrañaron  fueron   la familia, los amigos y la comida.

“Empezamos desde cero porque nos venimos sin nada, no tienes un plan de vida cuando te persiguen. Estás viviendo tu (día) cotidiano y no tienes idea que de un día al otro te van a estar persiguiendo hasta en lo económico. No estábamos preparados para esa situación, tener que irte con tu familia y todo en  24 horas”, cuenta José Ricardo Shimokawa, exvicepresidente del Comité Cívico de Pando.

La llamada masacre de Porvenir ocurrió el 11 de septiembre de 2008, cerca de la población de Porvenir en las cercanías de la ciudad de Cobija,  Pando;  13 campesinos y  dos funcionarios de la Prefectura de Pando murieron.

En el marco de la lucha autonómica de la Media Luna, surgió información sobre una supuesta reversión de las concesiones de tierra de los campesinos de Pando, los que fueron movilizados por el MAS y terminaron enfrentados a partidarios del entonces prefecto, Leopoldo Fernández. El conflicto estalló aquel 11 de septiembre y varias autoridades departamentales salieron hacia Brasil para evitar ser de detenidas por el  gobierno de Evo Morales.

Una de ellas es Shimokawa. Él relata que el 12 de septiembre de ese año cruzó un puente fronterizo y se refugió en  Epitaciolandia. Allí, junto a su familia, vivió un tiempo en la casa de un amigo, luego  alquiló una vivienda  hasta que logró construir una casa. “Yo hacía instalaciones eléctricas, hidráulicas, puertitas con mallas, forraba ventanas, eso fue al comienzo”, dijo. Después abrió una carpintería y en 2016 fundó la firma Shimokawa Ingeniería, dedicada a trabajos de topografía y urbanizaciones.

Roger Héctor Zavala, jefe de gabinete de la Prefectura de Pando, también cruzó la frontera, pero él llegó hasta Brasilea (Acre). Como él, alrededor de 1.200 personas también se  refugiaron en esa región. El Estado brasileño les dio alimentación, atención médica y permitió que sean albergados en el coliseo cerrado del lugar. 

Al principio no conseguía trabajo, pero luego logró ejercer como profesor de español. Con ese dinero pudo vivir con su familia en una casa en alquiler.

Otro exiliado, que si bien no se alejó del país en 2008, sino en febrero de 2011, fue Paulo Bravo, exsenador y excandidato a gobernador  en las elecciones de 2010. Fue acusado de ser uno de los autores de la masacre.

Al conocer que había una orden de aprehensión en su contra,  se fue a Brasil. Antes de partir, vendió sus cosas en remate para tener algo de dinero y empezar en un alquiler. Allí, gracias a sus amigos, consiguió trabajar en una empresa y después el exlíder cívico de Santa Cruz, Branko Marinkovic, le ofreció un empleo en otra firma, donde por primera vez ejerció su profesión: economista agrario. 

Si bien no le alcanzó para comprar una casa, por lo menos pudo adquirir un vehículo. No obstante, sufrió episodios de depresión que no le permitían vivir tranquilo. “Lo más duro  fue entre las 17:00 y las 18:00, no había un día que no tenía depresión”.  

El miércoles 13 de noviembre de este año, la presidenta Jeanine Añez aseguró que los exiliados tenían garantizados sus derechos y podían retornar al país. Shimokawa, Bravo y Zavala tramitaron sus papeles  y regresaron a Bolivia. La comida que tanto extrañaban  volvieron a probarla, se reecontraron con sus amigos y pasarán Navidad con sus familias.

Shimokawa: Me faltaba mi madre

El excívico José Shimokawa contó que a quien más extrañaba era a su madre, pues cuando estaba en Cobija la visitaba todos los días. Recordó que en las noches pasaba la frontera para verla unos minutos.  “En vez de llegar y darle una alegría, le arrebataba de nervios”, dijo, por el temor que ella sentía de que su hijo sea encontrado en algún momento. 

Una vez que logró volver a Bolivia, después de 11 años en el exilio, su madre lo esperó en el puente de la frontera para darle la bienvenida. 

“Mamita, la lucha que tuvimos todos los que fuimos perseguidos no va a ser en vano, vamos a seguir luchando por nuestra libertad y la democracia tiene que prevalecer siempre”,   dijo  a su mamá cuando se volvieron a encontrar.

Zavala: 4 murieron en Brasil

Roger Zavala, exjefe de gabinete de la Prefectura de Pando,  dijo que está alegre por regresar y encontrarse con su familia, pero  triste porque algunas personas murieron en el exilio. “Hay un sentimiento encontrado, porque no todos los que estuvimos en el refugio hemos regresado, tal como (el exsenador) Roger Pinto. Como él, hay otras cuatro personas que fallecieron en Brasil y no pudieron cumplir el sueño de retornar”, lamentó Zavala.

Contó que en estos años sus familiares  también fallecieron en Cobija, como su hermano. “No pude darle el último adiós, eso lastima, es lo que más duele”, remarcó. Pese a eso, volver a ver a su madre fue un motivo de inmensa alegría. Le dijo que ya hay libertad.

Bravo: Me deprimía a diario

El exsenador Paulo Bravo comentó que todos los días entraba en un estado de depresión, y más aún de 17:00 a 18:00 porque en ese horario en Cobija, la gente suele salir del trabajo, se encuentra con sus amigos, comparte un café, etc., algo que en Brasil  no ocurría. 

“Para mí lo más duro allá fue entre las cinco  y seis de la tarde. No había un día que no tenía depresión”, resaltó. Sostuvo que gracias a su familia y a Dios superaba la depresión de a poco.

Remarcó que  extrañaba mucho a sus amigos de su tierra natal y a su familia, pues no podía cruzar la frontera para ver a su madre. Si bien  ella lo visitaba, no era lo mismo porque no podía regresar. Bravo agradeció a las personas que salieron a manifestarse en octubre.

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