La tumba de Eduardo Rózsa

“La parte jurídica no llegó al final”, afirma el periodista Harold Olmos
martes, 16 de abril de 2019 · 00:04

Harold Olmos  / Santa Cruz (*) 

Casi nada cambió en 10 años. En el cuarto nivel del bloque de nichos de la familia Antelo Landívar del Cementerio General de Santa Cruz reposaba un ramito de margaritas aún frescas, escondidas entre claveles  que, con hojitas verdes, se imponían en el modesto florero de metal a cuyo lado se destacaba, en letras negras bien diseñadas, el nombre del huésped en cuya memoria fue depositado: Eduardo Rózsa Flores. 

Diez años atrás, el nombre estaba garabateado sobre el estuco fresco, que ahora lucía pintado con firmeza, al parecer desde hacía pocos días.

Eso era toda la memoria del personaje de muchos mundos y muchas lenguas, que ahora tendría 60 años, al que se acusa de haber pretendido encender una conflagración para derrocar al gobierno de Evo Morales y dividir Bolivia. 

El arrojado combatiente de la Guerra de los Balcanes, recordado con aquel adjetivo por los pocos amigos que le quedaban en Bolivia, donde vivió toda su infancia hasta los 10 años, y los que ganó en Chile durante algún tiempo antes de que sus padres se radicaran en Hungría, escapando de la dictadura militar del general Pinochet.

El carácter impulsivo de Rózsa parece retratarse en sus palabras cuando departía con algunos de sus amigos en Santa Cruz y le contaron que Morales se había reunido días antes con todo su gabinete en una lancha en el lago Titicaca: ¨De haber sabido antes, le enviaba un par de hombres rana y volaban todos…¨.

También parece sepultada en la bruma la versión, reforzada por el propio presidente Morales ante sus colegas en una reunión en Cumaná, al día siguiente del episodio, que estaba en marcha una conspiración para matarlo y que él había dejado la orden de detener la operación y a los conspiradores pues el espionaje de su gobierno  había detectado que “querían escapar”. Uno de los pocos que no creyó en la versión fue Barack Obama, a cuyo país Morales incorporaba en la conspiración. Incrédulo, lo escuchó decir que EEUU no participaba en conspiraciones. La frase de Morales es tenida por los opositores al Gobierno como una confesión.

Pero a partir de ahí la acusación derivó en elementos nada creíbles: una balacera de media hora cuando las evidencias posteriores demostraron que habría haber durado cuando mucho un par de minutos.

 Lo que sí quedó impreso en la memoria fueron los gritos desesperados dentro del hotel y los pedidos de clemencia a toda voz que escucharon dos huéspedes brasileños que rápidamente salieron del hotel para tomar, aún de madrugada, el avión comercial que los llevaría rumbo a su país.  

Se cree que en esos instantes Rózsa fue acribillado. Así moría la leyenda que él mismo había personificado en una película premiada en un festival cinematográfico, hasta ahora la versión más difundida sobre la vida del combatiente de los Balcanes. También a partir de ahí se volvió cada vez más difícil para el Gobierno convencer de la veracidad plena de la versión conspirativa.

El canciller irlandés de entonces, Michael Martin, fue invitado por el presidente Morales a venir a Bolivia para verificar la tesis defendida por el Gobierno de que un grupo armado había atacado a la Policía. 

La invitación duró pocas horas antes de ser anulada por el propio Gobierno. Pero la versión del ataque sobre la Policía fue poco a poco desvirtuada y con el tiempo la versión invirtió papeles: quien atacó fue la Policía. Los supuestos atacantes fueron sorprendidos mientras dormían, de acuerdo con dos sobrevivientes del grupo capitaneado por Rózsa, y algunos de ellos estaban desnudos, condición improbable para lanzar un ataque armado.

Diez años después del episodio, la parte jurídica no ha llegado al final. Algunos de los 39 acusados consiguieron la libertad tras declararse culpables de las acusaciones que les hacía el Gobierno.

 Pero otros se resisten a aceptar las acusaciones y han dicho que mantendrán esa posición hasta el final. Los abogados estiman que la fase de sentencia no ocurriría antes de un año ni antes de  las elecciones de  octubre, cuando los acusados esperan que el proceso contra ellos logre tomar otro rumbo.

La tumba de Rózsa  yace solitaria al centro del cementerio. Algunos pinos próximos le brindan algo de sombra al conjunto de nichos. Pero al atardecer de un sábado como el pasado, había  pocas personas fuera del personal de mantenimiento.

“No ha venido mucha  gente”, dijo el guardia, al explicar la soledad que reinaba en el principal camposanto cruceño. “Pero la tumba de Rózsa está limpia y mantenida”.

 

* Harold Olmos es autor de Labrado en la memoria, anotaciones de un reportero (Plural),  una obra  completa sobre el caso. 
 

Permítanos un minuto de su tiempo.

Para desarrollar el periodismo serio e independiente, esencial en democracia, que usted aprecia en Página Siete, contamos con un equipo de reporteros, editores, fotógrafos, administrativos y comerciales de primer nivel.

Los ingresos con que Página Siete opera son producto de nuestro trabajo; no contamos con prebendas de ninguna naturaleza.

Si usted desea apoyar el esfuerzo que realizamos, suscríbase a P7 VIP, para recibir de lunes a viernes una carta informativa por correo electrónico, que contendrá un resumen de las noticias y opiniones más interesantes de Página Siete, a un costo de sólo Bs 15 al mes.

Para suscribirse haga clic aquí o llame al número 2611749, en horas de oficina.

15

Otras Noticias