Cochabamba: reos hacen “milagros ” con Bs 8 al día, les adeudan 2 meses de prediarios

El defensor del Pueblo Nelson Cox corroboró la falta de pago de manutención por parte de la Gobernación. Añadió que continúan los cobros por derecho de piso y de vida dentro de los recintos penitenciarios.
lunes, 23 de septiembre de 2019 · 00:18

 María Mena M. /  Cochabamba

Precariedad, insalubridad y una deuda acumulada de dos meses en los prediarios de los privados de libertad,  de los siete penales de  Cochabamba, son parte de las falencias denunciadas en la Llajta. El defensor del pueblo Nelson Cox confirmó la falta del pago de la Gobernación  y advierte que persisten los abusos y cobros ilegales dentro de los recintos carcelarios. 

“Hemos recibido la denuncia por la demora en el pago del prediario a los privados de libertad. Hasta ahora no sabemos cuál es la causa”, dijo Cox,

Página Siete visitó el penal de San Antonio, donde verificó las condiciones y precariedad con las  que son preparados los alimentos para los internos; además, evidenció las carencias y limitaciones en infraestructura, utensilios e ingredientes.

El milagro de los ocho bolivianos 

“¿Me puede regalar un peso para mi pan?”, insiste Faustino, interno del penal San Antonio de Cochabamba recluido por el delito de violación. “Es que no me alcanza el prediario para la comida y me da mucha hambre”, continúa mientras extiende la mano. 

Es uno de los 475 privados de libertad de ese reclusorio que recibe de la Gobernación cochabambina el prediario de ocho bolivianos al día  -o 240 bolivianos al mes-  destinados para el desayuno, el almuerzo y la cena. Los reclusos aseguran que por “milagro y gracia de Dios” logran sobrevivir con el monto catalogado como “insuficiente y miserable”.

La distribución y administración de estos recursos son  diferenciadas en las siete cárceles de Cochabamba  -San Antonio, San Sebastián varones y San Sebastián mujeres, El Abra, San Pedro de Sacaba, San Pablo de Quillacollo y la carceleta de Arani- y tiene ciertas semejanzas a nivel nacional. Pero, sin distinción alguna, todos los privados de libertad sólo reciben ocho bolivianos.

En Bolivia, según datos de la Defensoría del Pueblo, hay más de 19.000 reclusos, entre hombres y mujeres, que viven hacinados  en las 56 cárceles y carceletas. Del total de reos, el 68% está recluido de forma preventiva. 

Sólo en Cochabamba son más de 3.000 reos. Entre los penales más poblados están: San Antonio con más de 450; El Abra con más de 700 y una cifra similar en San Sebastián varones.

Cox afirmó que los delegados “descuentan” a cada recluso -de forma obligatoria-  45 de los 240 bolivianos mensuales que reciben  como prediario. Ese dinero lo destinan para la “olla común”, que es sólo para el  almuerzo. El desayuno y la cena corren a cuenta de cada reo que debe pagarlos con los 195 bolivianos que resta.

Un  delegado afirmó que el aporte de  45 bolivianos es “voluntario” y que el 75% de la población opta por alimentarse de la “olla común”. El resto  compra sus alimentos o depende de la comida que le hace llegar su familia.

En el caso del desayuno -el más económico-  lo pueden comprar a 1,50 bolivianos de los cuatro quioscos que tiene el penal. Consiste en un té o café con un pan, sin derecho a repetir. Un pan adicional cuesta 50 centavos.

La cocina está situada en el lado sureste de la cárcel. Es una pequeña habitación sin ventilación y con una sola ventana. Allí, tres personas pelan  las papas para el almuerzo del día siguiente.

Sobre una precaria mesa de madera están dos cocinetas eléctricas, en las que preparan los alimentos para más de 200 personas. En un pequeño estante se ven escasos utensilios, como vasos, lavadores, cucharones y cuatro grandes ollas.

La heladera está casi vacía. Sólo se divisa unas bolsas blancas, en las que aparentemente está la carne.

“Somos cuatro personas quienes preparamos todos los días el almuerzo. Lo que más nos falta es papa y cebolla”, dice el cocinero que prefiere mantener su nombre en el anonimato.

Asegura que el menú del almuerzo es variado, que se ofrece una sopa de arroz, fideo, maní u otros, siempre acompañado de carne de res o pollo. Las legumbres son casi inexistentes. En días especiales, sobre todo en feriados, sirven un “plato especial” como pollo dorado, chuleta  o asado.

“Antes -hace más de dos años- el almuerzo no tenía sabor, era desabrido, pero ahora es agradable. Es comible”, dice con orgullo uno de los internos a tiempo de asegurar que la actual gestión de delegados mejoró el menú.

Pero esta ración, que aparenta ser completa, no satisface a la mayoría de los reclusos. “Siempre tengo hambre y no me gusta el almuerzo, pero no hay más que comer”, dice Juan, recluido hace dos años por  robo agravado.

Para Juan, la hora de la cena es la más difícil del día porque el olor del pollo frito -que se vende en los quioscos a 10 bolivianos- hace “rugir y retorcer” su estómago. “No puedo pagar. Siempre me quedo con ganas de comer”.

Sólo aquellos reclusos “pudientes” o con recursos económicos pueden disfrutar de las delicias que se venden al interior del penal; mientras que aquellos de escasos recursos  o que llegan  del interior del país deben subsistir con su prediario.

“¿Quién vive con ocho bolivianos al día?”, se cuestiona Faustino, que de acuerdo a sus cálculos, cada día gasta entre 1,50 a dos bolivianos para su desayuno, tres bolivianos para el almuerzo  que se prepara en la olla común y el resto para la cena. “Acá se vive en medio de la miseria”, concluye.

Denuncian cobros y extorsiones   

La Defensoría del Pueblo recibió denuncias de extorsiones y cobros indebidos, como el de  derecho de vida y de piso a los nuevos internos. Este año fueron denunciados tres casos, dos en San Sebastián varones y uno en San Antonio. 

El caso más reciente sucedió el pasado jueves. Un privado de libertad del penal de San Antonio ingresó al Hospital Viedma por un severo golpe en la cabeza.

“Está confirmada la agresión. Le exigían el pago de 650 bolivianos, pero como se negó a pagar fue golpeado”, contó Cox.

Pero los delegados de los internos tienen una versión muy diferente. Explicaron que esta persona ingresó al penal hace tres semanas,  que se sumergió en la depresión y que  sufrió una parálisis facial que afectó su salud.

“Se desmayó y cayó de nuca, golpeándose la cabeza. Los policías lo trasladaron al Hospital Viedma y allí dijeron que necesitaba una tomografía, pero como él no tiene familiares nosotros pagamos 600 bolivianos por ese examen”, contó uno de los delegados.

La Gobernación debe dos meses de  prediarios

El defensor del Pueblo de Cochabamba, Nelson Cox, afirmó que la Gobernación, a través de Régimen Penitenciario, debe dos meses de prediarios a los privados de libertad de las siete cárceles del departamento. La deuda corresponde a  julio y agosto de este año.

“Hemos recibido la denuncia por la demora en el pago del prediarios a los privados de libertad. Ellos han señalado que tienen un cúmulo de dos meses”, dijo Cox a tiempo de asegurar que ese dinero es necesario para la subsistencia de los reclusos.

El 17 de septiembre hubo una reunión para tratar la situación de las cárceles en Cochabamba y se cuestionó el retraso en el pago de los prediarios. Lamentablemente la titular de Régimen Penitenciario no asistió al encuentro, por lo que se desconoce los motivos de la demora.


En Palmasola  se denunció un mal manejo de los prediarios.

Respecto a la distribución y administración de los ocho bolivianos dentro de los penales, Cox manifestó que en El Abra, considerado el penal de máxima seguridad del departamento, se maneja un sistema diferente al de  los demás penales. 

Dijo que los reos no reciben efectivo, sino que todo ese dinero va destinado a una concesionaria que se hace cargo de preparar los tres alimentos del día:  desayuno, almuerzo y cena.

Mientras que en San Antonio y los demás centros el dinero es administrado por los delegados o por los mismos internos, quienes reciben el dinero  de funcionarios de Régimen Penitenciario.

A estas demoras y la precariedad de las cocinas, se suma que ninguna de las cárceles cuenta con un nutricionista que controle la alimentación de los reclusos. Pero antes de solicitar este profesional a Régimen Penitenciario, los internos prefieren priorizar la asignación de un médico permanente.

Este medio intentó comunicarse sin éxito con la titular de Régimen Penitenciario. El representante de la Defensoría señaló que la responsable fue asignada en ese cargo  hace unas dos semanas. Hasta la fecha  no fue presentada oficialmente.

Hace varias semanas la población carcelaria de Palmasola, en Santa Cruz, denunció irregularidades en la dotación de alimentos. En su caso  señalaron que la concesión le fue otorgada a un exrecluso que les da comida deficiente. 
 

Sin nutricionista y  entre las cucarachas, las ratas y los gatos

“Un día encontré una cucaracha en mi sopa. Se cayó del techo o de la pared. La retiré con la cuchara y tuve que comer como si nada hubiera pasado o me quedaba sin comida”, relató Roberto, recluido desde hace cuatro años por el delito de narcotráfico.

No es habitual hallar una cucaracha u otro insecto en la sopa o en los alimentos de los internos, pero es algo que suele suceder debido a la precariedad y antigüedad de la infraestructura, justifica el interno.

El penal tiene una superficie de 1.508 metros cuadrados y está ubicado en pleno centro de la ciudad, frente a la terminal de buses, al lado del mercado San Antonio, donde abundan las ratas y los gatos.


Los reos  han realizado mítines en diferentes ocasiones.

Uno de los delegados explicó que este año Régimen Penitenciario gestionó la fumigación del penal, pero fue para combatir a los mosquitos y no a las cucarachas y otros insectos. 

“Fue algo absurdo porque acá no hay mosquitos”, dijo uno de los reclusos.

La nutricionista Deysi Bustamante explicó que la exposición  de los alimentos a las cucarachas representa un riego para la salud porque estos insectos son transmisores de bacterias y enfermedades, como la salmonella.

“Una persona puede tener salmonella y ni siquiera se daría cuenta. Los síntomas son fiebre, náuseas, diarrea y vómitos. Es insalubre e inhumano vivir en medio de cucarachas y ratas”, alertó Bustamante.

La cárcel de San Antonio es de dos plantas. La mayoría de las celdas miden  1,70 metros por dos  metros. Están construidas con  madera y divididas por mamparas o delgadas paredes. 

El techo es de calamina, por lo que el calor y la humedad se concentran en todo el penal.

Para controlar las ratas, algunos internos adoptaron gatos, pero estas mascotas ensucian y orinan en los pasillos y en los techos. El penetrante olor de los desechos se percibe en los reducidos y angostos pasillos.

En temporada de lluvia, de acuerdo con los privados de libertad, abundan las goteras y  el agua que se desliza por el techo arrastra consigo las heces de los gatos exponiéndolos a enfermedades y bacterias. 

“Así se vive aquí adentro, no hay de otra”, señaló uno de los internos del penal. 
 

 

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