Reclusas sacan adelante a sus familias con muñecas de trapo

Privadas de libertad contaron a Página Siete que pasan cursos dentro del penal y con ello hacen manualidades o repostería que venden para ayudar a los suyos.
martes, 10 de marzo de 2020 · 00:04

Marcelo Blanco /  La Paz

Rosmery y Patricia (nombres ficticios por protección de su identidad) son dos privadas de libertad que confeccionan muñecas de trapo, hechas de material reciclado, para sacar adelante a sus familias desde la prisión. Ambas mencionan que están detenidas de forma preventiva por más de un año, por lo que piden ayuda a las autoridades para que sus casos dejen de dilatarse.

“Tengo cinco hijos afuera de la cárcel que están solos. Desde aquí mantenemos a nuestras familias con lo poco que vendemos”, dice Patricia, mientras sostiene la muñeca que confeccionó con botellas de plástico, lana, tela y -según cuenta- “mucho amor”. 

Aproximadamente demoran dos días en hacer una nueva, y como si fuera una nueva hija, le ponen un nombre. “Kelly se llama mi muñeca, porque es muy alegre”, indica con una sonrisa en el rostro, mientras lentamente la peina con sus dedos. 

El domingo 8 de marzo se celebró el Día Internacional de la Mujer. Por tal motivo, la Dirección de Régimen Penitenciario hizo una feria en el Centro de Orientación Femenina de Obrajes. Ahí las reclusas presentaron los productos que realizan al interior del penal.

“Hay cursos que puedes tomar aquí y te dan títulos por ello con carga horaria”, señala Rosmery, mientras muestra uno de los certificados que obtuvo en estos talleres. Los cursos que pueden pasar son de tejido, confección, repostería, peinado, construcción civil y estudios a nivel de los Centros de Educación Media de Adultos (CEMA).

Rosmery, al igual que Patricia, le puso un nombre a su muñeca. “De mí se llama Tifany”. Menciona con gestos de alegría y nostalgia. 

Kelly y Tifany son muñecas de trapo que están coladas a una botella de plástico cortada y adornada. “Son muñequitas portaenseres de baño, hechas a mano. Cuestan 50 bolivianos”, declara Patricia.

Además de estos artículos, ellas hacen almohadas, alfileteros, pijamas y otras cosas similares.

Rosmery cuenta que los cursos les ayudan a bajar el estrés y a matar el tiempo en el hacinamiento carcelario. Sin embargo, denuncia que no cuentan con las cosas necesarias para sus cursos. “En este curso nos falta la máquina de tejido”.

Ella lleva recluida de forma preventiva  tres años y ocho meses, se la investiga por un caso de avasallamiento. Afirma que hay corrupción en el proceso porque, según pudo evidenciar, los jueces benefician a la parte acusadora y dilatan el caso para mantenerla en prisión.

Patricia está dos años detenida preventivamente. Ella indica que está ahí por un problema de una deuda que tiene pendiente. Al igual que Rosmery, notó mucho favoritismo por parte de  los jueces y mucha retardación de justicia. Ambas, con una edad de entre 40 y 50 años, tratan de salir adelante con los pocos recursos que tienen a disposición.

Esperan que se agilice sus casos o que funcionarios de entidades estatales, que hablan con ellas y dicen que las ayudarán, realmente lo hagan. “Vienen representantes de la Defensoría del Pueblo, pero hasta ahora nada”, contó Patricia con decepción.

Hasta que logren salir ellas están motivadas a buscar los medios para salir adelante. Venden sus productos en ferias internas, días de visitas o dan las cosas que hicieron a sus familiares para que ellos los comercialicen afuera.
 

   Centros penitenciarios para mujeres 

  • Venta  Los productos que elaboran las reclusas pueden comprarse los días de visita: jueves y domingo.
  •  Hacinamiento   En el país, hasta abril de la gestión pasada, la Dirección General de Régimen Penitenciario registró un total de 18.838 personas privadas de libertad, de las que 1.523 son mujeres. 
  •  Defensoría del Pueblo   Según sus datos de 2018, ocho de cada 10 mujeres privadas de libertad no cuentan con una sentencia condenatoria.
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