16 años en prisión por matar a su agresor y le niegan la libertad

Miriam fue condenada a 30 años de cárcel sin derecho a indulto por el asesinato de su expareja, un policía que la golpeaba hasta romperle los huesos.
miércoles, 30 de septiembre de 2020 · 01:38

Sergio Mendoza  / La Paz

Miriam tiene 59 años y ha pasado los últimos 16 en una cárcel, alejada de su familia, condenada a la pena máxima por la muerte de su agresor: un miembro de la Policía Boliviana que le rompió los huesos y la golpeó cada vez que pudo.

 Pese a ello, ayer tenía la oportunidad de salir de prisión bajo la figura de “libertad condicional”, con el argumento de que cumplió más de la mitad de su condena (30 años) y tiene a una hija que debido a sus problemas de salud y a su estado de embarazo requiere de los cuidados de su madre, quien no la vio crecer por estar encerrada. Sin embargo, la Justicia le negó la libertad porque aparentemente no cumplió con ciertas formalidades.

“Lo que no acreditaron en audiencia es el grado de discapacidad de la hija. Sólo acreditaron un certificado particular que tampoco tiene fecha. La normativa dice que tengan a su cargo personas con discapacidad grave, pero no han fundamentado en audiencia”, explicó a Página Siete la jueza de Ejecución Penal Vidalia Morales.

En abril de 2003, al defenderse de una más de las agresiones de su esposo, Miriam utilizó el arma de fuego que éste tenía como efectivo de la Policía. El agresor falleció, la víctima fue detenida y un año después se la condenó a 30 años de cárcel sin derecho a indulto. La pena fue ratificada en dos instancias, con lo que la suerte de Miriam fue decidida. En ese entonces su hija tenía nueve años.  

La abogada María Elena Attard, quien representa a la mujer condenada, sostuvo que la justicia no actuó conforme a ley, pues no se tuvo en cuenta la “legítima defensa” (artículo 11 del Código Penal) ni convenciones internacionales firmadas por el Estado boliviano en la  que se debe tener en cuenta las circunstancias del hecho investigado. 

Desde entonces Miriam fue recluida y su hija puesta al cuidado de familiares cercanos.

En una entrevista con las organizaciones que impulsan la revisión de su caso y su libertad condicional ella relató la violencia que tuvo que soportar por al menos siete años con su expareja, quien bebía en exceso y cada vez que se le presentaba la oportunidad la golpeaba, llegando a extremos de incluso fracturarle las costillas. Las denuncias que ella presentó ante la Policía no sirvieron de nada, aparentemente porque el agresor también era un uniformado.

“Los golpes eran en lugares donde no podían manifestarse los moretones: el estómago y la espalda. Tengo rota la punta del esternón y mis costillas. Yo ni siquiera sabía que estaban rotas mis costillas porque me tuvo tres días en su casa, sin salir. (...) Cuando yo llamaba a la Policía ¿qué iba a decir?, sus camaradas lo iban a proteger como siempre lo hicieron”, relató la víctima. 

Al relatar el calvario que tuvo que pasar durante su tiempo de encierro añadió: “Vendí todo, no tenemos nada; pero eso no es problema, vamos a levantarnos de cero... (se rompe en llanto) Me siento tan mal porque mi hija ha tenido que pasar por muchas cosas. Por lo menos los últimos años de mi vida quiero que mi hija esté conmigo, verlo a mi nieto”.

 Página Siete se contactó con la hija de la reclusa, quien ahora tiene 25 años, y relató las constantes golpizas que su padrastro propinaba a su madre durante varios años cuando ella era una niña. “El tenía problemas con el alcohol, llegaba borracho y la golpeaba a mi mamá”.

Ella está embarazada, perdió la vista de un ojo y corre el riesgo de perder la vista del otro debido a un globo congelado que le llegó en carnavales.

   La jueza Morales dijo que como no se demostró en audiencia la discapacidad grave de la joven, no se accedió al pedido de libertad condicional para Miriam.

 Organizaciones rechazan los actos contra víctima de agresión  

   Distintas organizaciones de la sociedad civil han expresado su rechazo  no sólo por la sentencia de 30 años contra Miriam, sino también por la negación a su libertad condicional, que se dispuso ayer. En este sentido denunciaron que la justicia boliviana no aplica aún el enfoque de género. 

 La coordinadora de la Plataforma Ciudadana por el Acceso a Justicia y los Derechos Humanos (que reúne a varias organizaciones), Susana Saavedra, manifestó que la justicia le ha fallado tres veces a Miriam. 

La primera fue al no atender las denuncias de la constante violencia que ella sufrió a manos de su exmarido; la segunda, con la sentencia de 30 años de prisión por haberse defendido de su agresor, y la tercera y última por la decisión de mantenerla en prisión y no concederle la libertad condicional. 

“Necesitamos operadores de justicia que vayan más allá de la letra muerta porque la ley así lo permite. Hemos visto varios casos de operadores que fueron más allá de la letra muerta y no se basaron en meros formalismos como hizo esta jueza”, señaló Saavedra. 

 Página Siete se contactó con la jueza Morales, quien explicó que su decisión fue en el marco de la norma, la cual no puede obviar, y que pese a ello la defensa de Miriam puede apelar su decisión e incluso pueden volver a solicitar la libertad condicional, pero subsanando la observación realizada, la cual básicamente se centra en demostrar la discapacidad grave de la hija. 

Al mismo tiempo la jueza resaltó que ella sólo debe enfocarse en la solicitud de libertad condicional y no así en todo el proceso el cual, reconoció, podría tener deficiencias al haberse sentenciado a la máxima pena a una mujer que se defendió de su agresor.

“Si hubo una violación al debido proceso en su momento  corresponde a los jueces en su momento, pero yo atiendo sentencia condenatoria”, dijo Morales.

 Añadió: “La jueza es una tercera imparcial, no puede beneficiar si no se cumple la ley, lamento que no haya salido, yo la conozco a la solicitante, es una mujer muy sacrificada, muy trabajadora, y en cuanto a la igualdad de género yo también soy mujer. Me da pena, pero si yo accedía la Fiscalía me caía con todo a mí, porque usted sabe que si concedemos a una parte, la otra parte se descontenta, y es mejor aplicar la ley para que no se descontenten”.

 

 

 


   

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