Internan a bolivianos como «chutos » por Puerto Quijarro

El ilícito se da en la ruta Sao Paulo-Corumba-Puerto Quijarro. En la frontera cobran a los connacionales para burlar a Migración y el control de la Covid-19.
domingo, 16 de mayo de 2021 · 05:04

Jorge H. Quispe C.  /La Paz

Corumbá, frontera con Bolivia, 16:00 del 11 de mayo de 2021. El paceño Felipe M. C. acaba de llegar desde Sao Paulo, Brasil, a la frontera boliviana de Puerto Quijarro. Está nervioso, no tiene el examen del PCR negativo para ingresar a Bolivia;  sin embargo, una taxista le pide estar tranquilo: “Todo ya está charlado con los policías de Brasil y de Bolivia”. 

Minutos después, un médico toma la temperatura a la conductora y el motorizado pasa sin problemas por el sector fronterizo sin que Migración de ningunos de los dos países pregunte por los ocupantes del vehículo que entró a territorio nacional. La escena se repite cada semana, cuando compatriotas urgidos por retornar a Bolivia caen en redes de dueños de flotas y “coyotes” que les prometen que pasarán la frontera brasileño-boliviana sin ningún control. 

Muchos bolivianos se arriesgan,  abordan buses que  son   promocionados por una radioemisora dirigida por  compatriotas en Sao Paulo y   en el trayecto son víctimas de estafas. Por si eso fuera poco, no registran su salida de Brasil ni la entrada a Bolivia, porque son internados como “chutos”,  sin documentos.

En Sao Paulo viven unos 380 mil bolivianos;  la mayoría de ellos se dedican a la costura de prendas, otros son emprendedores en el comercio y venden en la Feria de la Madrugada, la más grande de ese estado brasileño. Pero algunos como Felipe, que tienen la necesidad urgente de regresar al país, caen en estas redes que  les ofrecen ingresar a territorio nacional burlando Migración y el  control sanitario en plena pandemia de coronavirus.

El año pasado el entonces cónsul general de Bolivia en Sao Paulo, José Luis Bravo, admitió al portal Puerta del Sol, de  la comunidad boliviana,  la existencia de “estas flotas clandestinas” que engañan a los bolivianos. Por eso pidió  a los compatriotas que se  inscriban para las repatriaciones en condiciones seguras y legales;  sin embargo, el  círculo vicioso se sigue repitiendo cada semana.

El actual cónsul general de Bolivia en Sao Paulo, Rolando Bulacios, se limitó a indicar que esta práctica ilegal se da en Corumbá, fuera de su jurisdicción. No obstante, el ilícito nace también en  Sao Paulo, donde hay una masiva comunidad boliviana.

 

La urgencia de Felipe

Felipe M. C. (nombre ficticio por seguridad) es padre de tres niños y vive en Sao Paulo desde hace dos años junto a su familia. El hombre decidió dejar La Paz, donde los médicos le dijeron que había pocas opciones de que su hijo, que ese entonces tenía tres años, pudiera superar el cáncer.

“Me hablaron de que en Brasil podían tratar a mi hijo;  no lo pensé dos veces y nos vinimos con la familia a Sao Paulo donde trabajamos en la costura”, recuerda Felipe. El niño ya cumplió cinco ños y el tratamiento médico es favorable en Sao Paulo.

Felipe tiene una radicatoria de dos años en suelo brasileño y aunque la pandemia del coronavirus golpeó a todos, ve con optimismo su futuro fuera de Bolivia.

Empero, a fines de abril sus hermanos y su suegro le informaron que debía viajar con urgencia a La Paz para cobrar un pago de  22.000 bolivianos del banco. 

Había que viajar a la sede de Gobierno lo antes posible. El costo del pasaje en avión es de 2.000 bolivianos y él no estaba en condiciones de pagar 4.000 bolivianos  por  el viaje de ida y vuelta. Por eso tuvo que averiguar otras opciones.

En Sao Paulo, una radioemisora dirigida por bolivianos promociona  a una empresa de flotas que hace viajes a territorio nacional de forma “rápida y segura”.

Felipe se contactó con  J. T., un conocido empresario que, según la promoción radial, tiene buses nuevos que van hasta la frontera con Bolivia. El paceño hizo las consultas de cuánto le costaría todo el viaje.

“Haciendo una cotización en general, el viaje me iba a costar 200 reales (260 bolivianos) hasta Corumbá  y   (J. T) me dijo personalmente que no estaban pasando (la frontera), pero que él me podía ayudar para llegar a Puerto Quijarro y de ahí, a mi destino”.Cuando Felipe  preguntó si necesitaba la prueba negativa de Covid-19, el empresario le respondió: “ Tú llegas a la frontera y pasas a Puerto Quijarro, no necesitas pruebas”. Hasta hace unas semanas, en Brasil fallecían 4.000 personas por día como consecuencia de  la nueva cepa del coronavirus, por lo que los controles se incrementaron. 

Los problemas ya  comenzaron para Felipe en la terminal de Sao Paulo. El viaje estaba previsto para las 12:00 y pero a esa hora no había señales de  la flota. 

En el lugar  se enteró que otros bolivianos habían pagado a J. T.  la suma de 250 reales (325 bolivianos) por el mismo viaje. 

 
Una hora después de lo previsto, a  las 13:00,  salieron de Sao Paulo, pero en bus pequeño de la empresa Gasparo, totalmente distinto de la flota por la que los bolivianos habían pagado. A los 15 minutos de viaje, el vehículo tuvo problemas mecánicos. Los pasajeros tuvieron que hacer transbordo a otro bus para turistas. Llegaron a la frontera a las 15:00. Tres horas después de lo acordado: “ Este señor (J.T.) nos engañó”, dice Felipe. 

Pasar la frontera

El contrato de la flota era hasta Puerto Quijarro;  sin embargo, al llegar a Corumbá, en la frontera con Bolivia, una mujer, que aseguró haber hablado con J. T., abordó a los bolivianos. “La señora  nos dijo que la pasada por la frontera era 60 reales (78 bolivianos)”.  Antes de llegar a Corumbá, el  empresario les anticipó que su contacto les cobraría 30 reales (39 bolivianos).

Felipe pagó 50 reales y estaba listo para cruzar la frontera. Eran las 16:00 del martes 11 de mayo en Corumbá y el paceño y otros dos bolivianos abordaron un taxi con vidrios ahumados. En el volante estaba una taxista brasileña que les habló en un portugués mezclado con español. “Todo ya está charlado con los policías de Brasil y de Bolivia”, les dijo.

 El coche se dirigió al punto fronterizo. Felipe y los otros dos compatriotas temieron lo peor, porque no contaban con el examen PCR negativo de la Covid.  

 La flota Gasparo en la que los bolivianos fueron a Corumbá.
 Foto : Felipe M.C.

Cuando el vehículo se acercó a la frontera, los pasajeros guardaron en  silencio; pero ningún personero de Migración de Brasil se les aproximó. Unos metros después, ya en territorio boliviano, un médico  tomó únicamente la temperatura a la conductora. 

“Nadie de Migración de Brasil  ni de  Bolivia nos preguntó de dónde veníamos o si llevábamos documentos. Tampoco la Policía Federal ni la boliviana nos hizo bajar del taxi para verificar identidades y así pasamos la frontera sin el PCR negativo”, narra. 

El paceño comenta que cualquiera de sus compañeros de viaje hubiera podido ingresar a Bolivia con un menor de edad. “Esto es peligroso, porque en estos taxis se pueden cometer incluso casos de trata y tráfico de personas”, advierte.

Al final, Felipe llegó a La Paz, donde sus problemas no acabaron debido a  que  ingresó sin papeles desde Brasil. El banco se negó a pagarle el dinero por el que vino hasta que  demostrara cuándo salió de Brasil y cuándo entró  a Bolivia. Tampoco  pudo justificar por qué no votó en las  elecciones subnacionales y menos presentar los pasajes de Brasil.

Estos días, Felipe se apresta a volver a Brasil por la misma ruta por la que llegó. Debe viajar con urgencia para estar con su familia y su hijo de cinco años, quien debe seguir el tratamiento médico contra el cáncer.

 

Cayeron policías y funcionarios del vecino país
Policía brasileña halla  red de cobros ilegales a bolivianos en Corumbá

Una red de policías, agentes de turismo y despachadores hacían cobros ilegales a bolivianos que trataban de pasar a Brasil en la zona fronteriza de Corumbá a unos metros de Puerto Quijarro (Santa Cruz). Los uniformados  brasileños fueron sancionados y destituidos.

El pasado   11 de mayo, el Ministerio Público Federal (MPF) de Brasil informó que desarticuló la red criminal. Los implicados llegaron a cobrar entre 2017 y 2018 la suma de 1.050.244 reales (unos 1,3 millones de bolivianos) “en beneficios ilegales para facilitar el ingreso de inmigrantes bolivianos a Brasil”, dice el portal de noticias brasileño Folhams.com.br.

El modus operandi de la asociación criminal consistía en cobrar cantidades indebidas a  extranjeros, la mayoría de ellos bolivianos, que deseaban ingresar a Brasil. Actuaban a través de agencias de turismo,  intermediarios y policías. 

“En esa etapa ingresaban los servidores públicos que cambiaban los nombres, los documentos y no hacían las entrevistas que la Policía Federal debe hacer a quienes buscan entrar a Brasil”, explica el diario  Campo Grande de la ciudad brasileña del mismo nombre. Los policías fueron destituidos  y condenados a prisión.

El puesto  fronterizo  de Puerto Quijarro en Santa Cruz.
 Foto: Jose Hinojosa

Según el MPF, ocho personas participaban en la red delincuencial. El caso se destapó a raíz de la acusación a uno de los involucrados, Tony Batista dos Santos Porcino, quien era agente de viajes en una empresa de turismo en Campo Grande y en la red, responsable de llevar a bolivianos a Sao Paulo. 

 Los implicados cobraban entre 200 reales (260 bolivianos) hasta 600 reales (780 bolivianos) “por inmigrante, dependiendo de las restricciones”. Posteriormente, los policías actuaban para aparentar que el trámite fue  legal. Los uniformados de la red  cobraban multas -que iban desde  185 reales (240 bolivianos)- a los bolivianos que no accedían a sus demandas.

Uno de los reclutadores de los inmigrantes bolivianos era Thiago Demétrios de Lima, quien los captaba en las fila del puesto fronterizo de Corumbá. Junto con  los policías, los agentes  fueron enviados a la cárcel.


 

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