Guarda la pipa de Víctor Paz Estenssoro como uno de sus tesoros

Guardián de Palacio vio llanto de Banzer y tristeza de Evo

Conocido como el Quilo, un suboficial de Policía, se despidió tras 28 años de trabajo en el Palacio. Cumplía funciones no propias de un efectivo policial.
sábado, 12 de octubre de 2013 · 22:15
María Carballo / La Paz
Las canas  cubren casi toda  su cabeza, viste un saco café, una camisa blanca y un pantalón azul. Sus  zapatos están bien lustrados y se dispone a realizar el último recorrido histórico con estudiantes de dos colegios provincianos por los salones del Palacio de Gobierno.  
 Al verlo, nadie se imagina que se trata del suboficial Juan Quilo,  un policía que  llegó al Palacio  de Gobierno hace 28 años  y dejó el uniforme para cumplir otras funciones ajenas a las  de un efectivo, como técnico en sonido y eléctrico, encargado de llaves, coordinación en conferencias de prensa y guía e historiador para los alumnos.

 Más conocido como el Quilo por autoridades, funcionarios y periodistas, este suboficial de 59 años de edad vivió de cerca la gestión  de al menos 10 presidentes de Bolivia; los conoció en sus momentos de debilidad, alegría y tensión.
Entre sus más preciados recuerdos están las lágrimas en el rostro de Hugo Banzer Suárez, la pipa de Víctor Paz Estenssoro que quedó en sus manos tras un viaje del exmandatario y la vez que más tristeza notó en el presidente Evo Morales.
 
Según cuenta, una vez por los años 90, la delegación de niños de un prekínder visitó el Palacio y vieron a  Banzer.
Intentaron acercarse, pero  el suboficial Quilo no los dejó. Entonces el expresidente se dirigió a éste y le dijo: ‘Déjalos, Quilo’.
"Después me llamó a su despacho y me contó que cuando era niño, iba  a la escuela cargando una chuspa y una silla porque su  escuelita no tenía muebles. Me dijo  que sus papás hicieron un gran sacrificio para que fuera militar y que nunca se imaginó ser presidente. Se emocionó y se puso a llorar”, expresa.
El Quilo respira profundo y evoca  otro recuerdo, la forma cómo quedó en su poder la pipa de Paz   Estenssoro. "Él no dejaba a nadie tocar su pipa, sólo yo podía limpiarla. Un día se fue de viaje y ya no me la pidió, y yo me la quedé”, señala  mientras sonríe.
En otra oportunidad, relata  que vio a Evo Morales muy consternado porque su hija Evaliz fue duramente atacada en las redes sociales. "Dijo en una conferencia que se podían meter con él pero no con su hija, luego lo vi salir muy triste, casi a punto de llorar”, precisa.
 Según el entrevistado,  Morales es el presidente que le enseñó a madrugar y a reír pese a las dificultades. "Es un presidente muy alegre”, dice.
Este suboficial recibió muchos regalos de diferentes mandatarios.
"Sánchez de Lozada  me regaló un reloj; Banzer, una pulsera;  Morales, el busto de Bartolina Sisa. Son  recuerdos que guardaré en mi corazón”, sostiene.

El suboficial Quilo nació en el norte de Potosí en 1954 y 11 años después sus padres murieron de fiebre, dejando en la orfandad a él y a otros ocho hermanos.
Con sólo nueve años y sin dinero, vino con dos de sus hermanas a La Paz para trabajar.
"Me quedé en una pastelería de unos españoles. Me enseñaron a hacer pasteles, vivía con ellos, me pagaban un sueldo y me hicieron estudiar”, rememora.
Estudió hasta tercero de secundaria en el colegio Germán Busch, pero tuvo que dejar los estudios porque su pareja quedó embarazada.
"Entonces empecé a trabajar ya por responsabilidad. Llegué a a tener siete hijos”, agrega.
Para sostener económicamente a su familia, trabajó de albañil, cerrajero, soldador y mecánico.
Al inicio de los años 70  ingresó a la Unidad de Bomberos, primero como albañil para ayudar en la refacción de los ambientes de la unidad, luego como mecánico y bombero. En 1978 pasó a formar  parte de las filas policiales y se especializó en manejo de explosivos. Admite que no es "un policía de carrera”.
Llegó a Palacio en 1985, durante  los últimos días del  gobierno de Hernán  Siles Zuazo, y  en 1993  un memorándum del Comando General lo destinó  como especialista en explosivos, función que cumplió junto a otras que no eran precisamente las de un efectivo policial.
¿Por qué? Cuando él llegó había muchas cosas que hacer y poca gente que lo haga.
"No había quién arregle los cables o los focos, o que prepare el sonido en las conferencias de prensa; me encargué yo  aunque no era mi obligación”, afirma.
 Las anécdotas de el Quilo son interminables, entre ellas está la que relata sobre el expresidente Carlos Mesa.
"Lo conocí cuando era periodista y correteaba con su micrófono, muy jovencito”, cuenta.
Conoció a muchos periodistas que empezaron con una grabadora y hoy son famosos presentadores de televisión.

Como especialista en explosivos, le tocó salvar la vida de  muchos presidentes.
En los 90, en el segundo gobierno de Banzer, desactivó un explosivo  en el hotel Radisson, en un acto al que asistió el mandatario. En otra ocasión casi queda ciego y sordo.
Pero también tuvo  errores. "Una vez en el gobierno de Paz Zamora no vi  un maletín que alguien se olvidó en un acto, y por ese error me dieron 20 días de arresto”, describe.
Al concluir la entrevista y emocionado por los recuerdos se presenta ante nuevos  estudiantes que llegan al Palacio, a quienes llevará a recorrer los pasillos de esa dependencia contándoles  anécdotas  y hechos de cada rincón,   recibiendo al final aplausos y ovaciones de su joven público.
El Quilo se va con el deber cumplido y con la satisfacción de haber servido a tantos presidentes y al pueblo en general. Así lo expresa a Página Siete con lágrimas en los ojos y agradece por la entrevista, ya que  servirá "para que la gente sepa quién soy yo”, subraya.

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