Expuestos a la indiferencia y a los riesgos de la violencia

“Los lustrabotas somos personas de combate”

miércoles, 13 de noviembre de 2013 · 23:42
Carolina Barea y Eloísa Larrea  / La Paz
Cuando vemos una persona con la caja, no nos ponemos a pensar si es un ambulante o pertenece a una asociación. La vida de los lustrabotas ambulantes es más dura. Esto se debe a que al no tener un puesto fijo, la ganancia tampoco es grande.  "Lo que gano depende de la suerte”, dice Gonzalo. Por otra parte, si un lustrabotas de una asociación llega, le puede pedir que se retire y lo tiene que hacer.
Se encontró a un grupo específico de jóvenes ambulantes, ellos se hacen llamar UGDAS.  "Somos un grupo de amigos conformado por siete personas; empezamos a trabajar en equipo”, dijo Gonzalo.
Ese trabajo en equipo empezó a influir en su día a día, ya que los llevó a su vez a compartir el lugar de trabajo, al frente de la Iglesia de San Francisco. Son solidarios entre ellos, ya que si uno necesita dinero por alguna situación, le dan por más tiempo en el lugar de trabajo.  
Los componentes de este grupo en su mayoría trabajan y estudian al mismo tiempo, al igual que otros lustrabotas. Lo hacen porque como todas las personas tienen metas que alcanzar, ya sea ser ingeniero agrónomo, mecánico de autos, constructor,  etcétera.
"Soy cerrajero, tapicero, decorador floral, pero ahora más me ha gustado la gastronomía”, cuenta William, otro lustrabotas.
Ser lustrabotas al igual que todo trabajo los ayudó a crecer como personas. Aprendieron a organizar tiempos con el trabajo y el estudio, aprendieron que, a pesar de que estén agotados, al final del día dieron todo de sí mismos para que los días que vengan sean mejores.  
Viendo esta realidad, las personas pueden abrir los ojos, apreciar lo que tienen, lo que son, valorar a su propia gente.

 "Si quieres aprender, yo te presto mi caja y ve el mundo desde tu pasamontañas. Yo he dormido en la calle, he comido después de cinco días (…)  soy una persona de combate”, dice Gonzalo.

 Los  detalles
Carolina Barea y Eloísa Larrea Asesoradas por la profesora Adriana Loria, del colegio Horizontes de La Paz.
Objetivo  Son alumnas de segundo de secundaria y realizaron este  reportaje  en varios días de visitas  a los jóvenes que trabajan en la calle como lustrabotas. "Nuestro trabajo busca   retratar su soledad, pobreza, pero también sus expectativas de salir adelante”, dicen las autoras.
Periodista por un día Es el concurso de la Fundación para el Periodismo, del que es parte este trabajo.

 

 

 

 

 

 

 Juan Carlos  (nombre ficticio),  16 años

 

"A veces trabajar es un escape” 

"Trabajo desde que tenía ocho años (…) siempre he sabido sobrevivir solo”, dice Juan Carlos. Juanca llegó a la ciudad de La Paz procedente del campo a sus ocho años, lo hizo mediante sus propios medios. Cuando llegó, buscó dónde vivir y fue a alojarse con un familiar. Él salía de mañana y volvía por la noche, estudiaba y trabajaba al mismo tiempo. Al contarnos su historia nos mostró cómo los lustrabotas normalmente empiezan con su labor desde muy pequeños, por ayudar a la economía de su familia. Generalmente son los hermanos mayores y tienen como responsabilidad cuidar a los menores. Pero, en algunos casos trabajan por decisión propia para salir de la realidad en la que viven: "Yo nunca he dependido de mi familia”, dice.

 

 

 

 

 

Gonzalo  (nombre ficticio),  15 años
"Soy la calle y ella nunca olvida”

"No hay zonas de la ciudad, alguna calle, que no tenga historia; hay cosas que yo no he olvidado en 15 años (...) porque soy la calle y la calle nunca olvida. No hay ningún espacio que un lustrabotas no  haya pisado. Trabajando tuve la oportunidad de conocer todos los adoquines de las calles, sus hendiduras, sus fallas, a la gente, aquellos que no nos quieren ver, aquellos que caminaban con los audífonos con la mirada hacia el  piso, aquellos que  andaban sumisos en sus pensamientos... Siempre estoy ahí, nadie se preocupa de saber algo de nosotros, desconfían de aquel con el pasamontañas. Mi familia sabe que lustro, pero no mis vecinos”. Mucha gente desconfía de ellos y los evita; por eso están más expuestos al peligro y a la violencia en las calles.

 

 

 

 

 

William  (nombre ficticio),  18 años
"Algunos toman, otros se sirven”
Otro problema al que los lustrabotas están inclinados a caer es el alcoholismo, que origina muchas muertes  "Más de seis personas han muerto en mis brazos por tomar, todos jóvenes. El mayor cumplía 30 años (…), cómo duele perder a un amigo”, comenta William.
Normalmente los lustrabotas no llegan a ser alcohólicos por su entorno o la situación que están viviendo es un factor importante.
Según William, hay tres tipos de lustrabotas: los que no toman -que son la minoría-, y los que "se sirven” una que otra vez, que son la mayoría. Sin embargo, "hay los que ganan sólo para tomar, diario toman”, cuenta William.
"No es que se busque, el alcohol es como un compañero más en la soledad”, dice.

 

 

 

 

 

Antonio  (nombre ficticio),  13 años
"La caja es como tu esposa”
El lustrabotas siempre se acuerda de su caja. La caja es mucho más que su herramienta de trabajo, es también un símbolo de pertenencia y de identidad.
 "Tu caja es como tu  mujer, si vos no sacas tu caja a lustrar, no vas a comer hoy, pero si la sacas a trabajar, vas a tener dinero”, dice Antonio, que lleva 10 años como lustrabotas y a pesar de que está en la universidad, sostiene que  más que un trabajo es una forma de vida.
 Antonio es parte de un grupo de lustrabotas que se ha organizado para protegerse de la violencia y frente a otros grupos de lustrabotas.
"El lustrabotas  la recoge temprano, del mismo lugar donde todas las mañanas lo espera. Tu caja la tienes que tener como algo bien atesorado, porque de ella dependes”.

 

 

 

 

 

Rafael  (nombre ficticio), 17 años
"Estos cortes son de las peleas”
Uno de los problemas que enfrentan los  lustrabotas es la inseguridad y la violencia en las calles. Sienten que nadie los protege. "Estos cortes los tengo en todo mi cuerpo,¿no ve?”, dice Rafael mientras muestra sus brazos, "he tenido grandes peleas, muchas heridas”.
 Ellos se sienten, además, estigmatizados: "Pero no somos violentos, eso sí es falso; más bien somos víctimas de la violencia; solamente que la gente nos ve mal,  las personas se han construido una idea errónea de los lustrabotas, a veces los cruzan en la calle, la gente no los ve y si los ven, se hacen a un lado. La gente nunca se pone en nuestro lugar, te denigran, como si fueras lo peor. Pero yo digo la humildad siempre cuenta; no solamente  la humildad sino también el carácter”, asegura Rafael.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

 

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