Elvira Espejo, directora del Museo Nacional de Etnografía y Folklore

“Ya es más fácil la inserción para la mujer de pollera”

La directora del MUSEF mencionó que la política actual ha generado que las mujeres de pollera se inserten más fácilmente en el campo académico.
sábado, 2 de noviembre de 2013 · 21:28
Claudia Soruco    / La Paz
La directora  del Museo Nacional de Etnografía y Folklore (MUSEF),  Elvira Espejo, investigadora y artista textil de origen  qaqachaka, comentó a Página Siete que la inserción de la mujer de pollera en el campo académico resulta hoy mucho más fácil que en años anteriores, por el símbolo político que ésta representa en la actualidad.
Fueron muchas las veces que por su condición y origen  le negaron el ingreso  a exposiciones de arte en el país y desmerecieron muchas de sus opiniones por ser de pollera.
Pese a esas limitaciones, persistió en su formación, especializándose en el campo textil, la pintura, poesía y  la antropología.
Sus trabajos han sido expuestos en el exterior, por los que recibió innumerables reconocimientos.
¿Quién es Elvira Espejo, dónde nació?
Tengo 31 años. Nací en el ayllu Qaqachaka de la provincia Abaroa, del departamento de Oruro, aunque sólo viví ahí con mis padres unos años.  Tuve que irme de su lado por dificultades económicas y  por la carencia  de comida, porque en la  época de mi niñez no había mucha producción agrícola.
 Así que me fui a vivir con mis abuelos al sector de Tacagua, en la misma región. Fue en ese sector donde estudié otros años y aprendí de mis abuelos lo que es la medicina tradicional.
¿Cómo fue su educación escolar?
Bueno, recuerdo que en esa época era muy difícil para las mujeres. Teníamos que pastar  y luego ir a estudiar. No contábamos con muchos materiales, así que yo, por ejemplo, ya hacía mis dibujos en la tierra y en piedras.
 Las mujeres sólo llegaban a pasar clases de primero a tercero de primaria,  máximo quinto básico, fundamentalmente  porque la región es muy machista        y las mujeres no deben ir a la escuela, deben sólo pastar ovejas , tejer y tener su dote. Los hombres sí pueden  ir a la  escuela.
 Siendo una sociedad machista, ¿cómo la trataban sus compañeros de aula?
Fue un poco problemático porque ninguna de las mujeres podía salir bachiller o ninguna   podía  siquiera terminar  el año escolar. Fui la única mujer y de pollera que llegó al nivel medio. Era yo sola entre 20 hombres. 
 Rompí esquemas y siempre me destaqué como presidenta y tesorera de curso, así que los compañeros me trataban con respeto. Me trataban bien, aunque me veían muy varonil.
  ¿Salió entonces bachiller?
Tuve que romper el lazo con mi familia y cuando tenía unos 15 años decidí salir de la región. Así que mis papás molestos me quitaron mi dote (patrimonio familiar) y me dijeron que debía ser yo la que se mantenga como pueda. Así que me fui a Challapata para terminar el bachillerato.
Los primeros meses fueron muy duros, debía trabajar atendiendo en un restaurante  de paso en Challapata y luego iba a estudiar, era muy cansador. Dejé ese trabajo y me fui a trabajar a la parroquia del pueblo. Así que fui la primer "sacristana”.
 Interactué muy bien con la comunidad que venía a la parroquia, porque hablo aymara y quechua. Les entendía.
¿Cómo encontró su vocación?
Ya al salir bachiller tenía claro lo que quería hacer en mi vida. Mi madre me enseñó a tejer. Para mí tejer es más que un arte, es una ciencia en la que también entra la matemática, así que decidí seguir esos pasos. Por otro lado, hallé el gusto por la narración. Así que comencé también con el arte de los cuentos.
Me vine a La Paz para ingresar en la Escuela de Bellas Artes.
¿Fue difícil para una mujer de pollera emprender ese campo académico?
Fue muy difícil para mí. Tuve que sobrepasar muchas dificultades, pero aquí estoy, orgullosa de mi vestimenta.
Los más doloroso era   que ninguna de mis opiniones servían para los demás en esos años de estudio. Mi lucha era tan terrible que habían momentos que pensaba en salirme y dejarlo todo, pero  en mi corazón estaba que algún día todo iba a cambiar, así que también por eso me animé a estudiar antropología.
¿Considera entonces que las cosas han cambiado respecto a la inserción de la mujer de pollera en el campo académico?
Hoy en día yo creo que es lo más fácil más bien, porque la actual política realzó todo y creo que hasta regalan nota por sólo ser mujer de  pollera. En mi época no era así, porque era luchar y romper esos esquemas.
Siempre dije que debía valorar mi propia vestimenta, creo que las inspiraciones están ahí, en nuestra propia valoración.
¿Sintió discriminación?
Sí. Porque me animé a ir a ciertas exposiciones de escultura y una vez cuando quise entrar a una no me dejaron, era por mi vestimenta.  Había cosas así con las que  me topaba a diario y una debe ser muy fuerte para resistir y luchar. Por eso es que hoy en día una mujer de pollera no lucha porque hasta le dan la bienvenida y las tratan como reina.
¿Su otra pasión es la poesía?
 Sin duda. Comencé a escribir y publicamos libros.  Son  poesías  cortas, pero eso es lo tradicional de nuestros pueblos. Una de mis favoritas está en quechua  y la parte central dice "Cría de venado, cría de vicuña, siempre he sido cría de mi amado”.
 ¿Cuáles son sus nuevos retos?
Tenía muchos planes, pero esta nueva tarea en el MUSEF es muy absorbente, así que mi trabajo se debe encaminar desde aquí. Mis planes los estoy cambiando por un reto nuevo.

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