Aprendió a los 13 años de su madre, pionera en la artesanía navideña

Trinidad construye con arena, piedras y fe sus pesebres

Peregrina cada año a Copacabana para venerar a la Virgen y traer los materiales. Cada año inventa nuevos modelos que ofrece en su puesto de la feria navideña.
miércoles, 11 de diciembre de 2013 · 22:44
Natalia Ramos  /  La Paz
Año más, año menos, a Trinidad Flores no le preocupa su edad. Para recordar que tiene cumplidos los 60 recurre a una de sus hijas y a su nieta, que la acompañan en su puesto de la Feria de Navidad en el Parque Urbano Central. Tiene, más que años, infinitas historias que contar.
"Sólo le pido a la Virgen de Copacabana que me conserve bien la vista y las manos para poder seguir trabajando”. Se emociona  ahora y contiene las lágrimas porque es muy devota: "Yo tenía la presión alta y la Virgen me curó, creo que es  milagrosa y para mí es como si fuera mi madre”.
Cada año en Semana Santa va caminando desde La Paz hasta Copacabana para venerar a "la Mamita”. Y en cada visita, con toda su fe, recoge de las playas del lago Titicaca las pequeñas piedras que posteriormente incluirá en su trabajo.
Sus cuatro hijos suelen acompañarla en este peregrinaje que dura una semana. Ellos, además, comparten con Trinidad la tarea de construir a mano cada uno de los pesebres que estos días  se ofertan en la Feria de Navidad.
 Para su construcción, a las  piedras se suma la arena. La traen también de Copacabana, "que ahí es medio rojita”. Si no,   obtienen la arena, más oscura, de los márgenes de los ríos en La Paz.
Trinidad no conoce a otro artesano que, como ella, arme pesebres con estos materiales. La inventora fue su madre Domitila, quien formó parte del sector  más antiguo de la feria navideña.
Ni Trinidad sabe cómo aprendió su progenitora. Lo cierto es que con Domitila, ella comenzó a  hacerlos a los 13 años. Desde entonces y hasta ahora continúa con la tradición y  se afana en que sus descendientes la conserven.
Cada Navidad toda la familia se dispone para tener listos los pesebres en el puesto de la feria. Participa su nieta de 12 años, aunque confiesa que aún le cuesta aprender algunas técnicas, por más que su abuela reniegue.
El esposo de Trinidad es, curiosamente, el único que se resiste a poner manos a la obra. "Me quiere ayudar pero tarda  en hacer las cosas”, aclara ella. Hay gente que le comenta que su  trabajo parece  elaborado por hombres, por la fuerza que  requiere.
"No es un trabajo tan fácil”. Hasta tres días demanda llevar a cabo todo el proceso de elaboración de uno de los modelos de pesebre más grandes. "Primero se lava bien la arena, se deja secar al sol y entonces la voy pegando con cola de madera”, explica.
 Esto no  impide que Trinidad cada año se las ingenie para crear diseños diferentes: "Yo misma voy pensando en cómo hacerlos, casi de manera intuitiva”.
Lo que vende en la Feria de Navidad le sirve para el sustento de la familia por medio año. "Voy repartiendo la plata para que  alcance”, dice. Después se mantienen con el sueldo del esposo.
Para Trinidad, construir y vender pesebres es un buen trabajo. A lo largo de su vida no ha desarrollado otra labor, salvo como trabajadora del hogar cuanto tenía ocho años y hasta los 13.
Recuerda que en aquel entonces aprendió a cocinar y a escribir su nombre.  "Siempre quise estudiar, pero no fue posible porque no podía dejar de trabajar”, cuenta con  nostalgia.

Trinidad no sabe lo que es tener  vacaciones y, a sus 60 años,  tampoco piensa en jubilarse: "Seguiré haciendo estos pesebres con piedritas y arena hasta que mi Virgencita de Copacabana me dé salud”.

Desde septiembre
30 modelos Una vez que tiene todos los materiales, Trinidad comienza a armar los pesebres, junto a su familia, desde septiembre para tenerlos listos en Navidad. Este año tiene a la venta 30 de distintos tamaños. Los pequeños cuestan 30 bolivianos y los más grandes, alrededor de 400.
 Valores Una de sus hijas, Ana María Lequite, cuenta que su madre les ha inculcado el sentido de la responsabilidad  y el trabajo.

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