La venta de esos videos incita a las relaciones sexuales con menores

Campea venta de pornografía infantil en la Ceja de El Alto

Página Siete realizó un recorrido por ferias alteñas y constató la venta de películas (CD) de pornografía infantil peruanas y bajadas de internet desde dos bolivianos.
sábado, 14 de diciembre de 2013 · 18:54
Margarita Palacios / El Alto
"¿Hay videos de changuitas?”, pide uno de los clientes al administrador de un alojamiento en la avenida Tiwanaku, junto a una adolescente de 16 años que es víctima de violencia sexual comercial. 
Este diario  recorrió la pasada semana los alrededores de la Ceja de El Alto donde  expenden videos de pornografía infantil, la mayoría de procedencia  cochabambina, peruana  y americana bajados de internet que motivan el sexo con menores. 
Luego de pagar por tener relaciones sexuales con adolescentes, muchos hombres se dirigen a esos puestos callejeros de películas. "Dame de chivolas, quiero cholipornis”, se escucha a un hombre pedir a un comerciante quien   saca una  pequeña caja donde hay muchos  DVD. Paga cuatro bolivianos y se lleva un video pornográfico con cholitas cochabambinas de 15 años, según indica la tapa.
Un lugar  más barato de materiales más baratos (2,50 bolivianos) es el barrio chino, ubicado en la calle 3  de Villa Dolores. En este callejón los delincuentes, parados a los costados, venden desde equipos electrónicos hasta calcetines. Los clientes  hacen  una fila, todos ellos, hombres que " hojean”  en la oscuridad los DVD pornográficos, entre ellos los infantiles. 
Estos videos también se pueden conseguir a  plena luz del día en la concurrida y popular Feria 16 de Julio, cerca de  la plaza del Maestro. Página Siete constató en cinco puestos, de los aproximadamente 20 que hay en el área, que se vende, a escondidas, pornografía con adolescentes, animales, excrementos y cadáveres.
Este diario no pudo comprobar la comercialización de pornografía de adolescentes alteñas. Sin embargo, una de ellas mencionó que en alguna ocasión, cuando tenía     relaciones sexuales un adulto la filmó. 

En la zona  12 de Octubre, entre la calle 3 y la 8 del sector  Franco Valle, los lenocinios iluminados con luces azules y rojas incentivan el variado y abundante comercio sexual. 
Los hombres que llegan en autos, se estacionan con la ayuda de  guardias de seguridad. Ya en la calle, las mujeres de pollera, abrigadas con mantas hasta la  mitad del rostro,  ofrecen jugo de maca. "Se le va a parar rápido, caballero” o "así le vas a aguantar a tu mujer”. Luego "secan” o vacían un vaso tras pagar  2,50 bolivianos. El sobre de maca en polvo lo comercializa a  10 bolivianos.
Las  víctimas de violencia sexual, todas menores de edad, compran una pastilla de diazepam a siete bolivianos, más conocida como pepita,  de señoras  que se hacen llamar tías, para introducirlas inadvertidamente en las bebidas de sus clientes. Y los videos pornográficos infantiles se venden también en el piso de las aceras a la vista de los niños.
Ante esta problemática, la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) de El Alto, realiza cinco operativos al mes; sin embargo,  de enero a la fecha no se han decomisado  productos audiovisuales de pornografía infantil, debido a que es difícil  constatar, informó la investigadora de la  división de Trata y Tráfico, Marina Yucuta.  "La venta lo hacen de forma clandestina. Cuando vamos con la Intendencia Municipal los vendedores  envuelven  su paquete y lo ocultan”, indicó el director de esta regional, José Sanjinés.
El negocio de pornografía infantil debe interrumpirse, aseveró la psicóloga clínica especialista en niños, Olivia Loayza,  porque si un varón ve constantemente estos productos, en algún momento deseará  estar con una menor y repetir los mismos actos del video.
 
En ese marco,  los integrantes de  la Mesa Contra la Violencia Sexual Comercial de la ciudad de El Alto realizan reuniones de sensibilización con autoridades del municipio alteño para planificar una normativa contra la violencia sexual comercial que condene, de manera más drástica, la venta de este material audiovisual y regule los alojamientos, bares y discotecas.
 
Son las 22:00 del jueves 5  de diciembre. Varones y en su mayoría adultos se acercan  disimuladamente a las  muchachas. Entonces, una menor de 13 años es identificada. El hombre se acerca a una de ellas. La adolescente se cubre los "chupones” en el cuello y  le habla al oído. Ella  se despide de sus amigas o  sus "hermanas de calle”.  "Voy a ‘cachar’ con un piecero”,  que quiere decir que tendrá relaciones sexuales con un hombre.  Es nueva en el oficio, así que prefiere "volar” o inhalar clefa para repeler el asco, dicen sus compañeras, que siente al  estar con un adulto. Esto  hace que ellas vayan volviéndose adictas a esa situación.  Otra de las adolescentes  que vive en situación de calle, se encuentra sentada en el piso vestida con un deportivo. Porta en la mano izquierda una botella donde hay una mezcla de clefa y thinner y en la otra, un pedazo de lana y trapo. 
De pronto, un adulto se le acercó ofreciéndole "ir a hacer pieza”, pero ella no respondía. El hombre continuó insistiendo un par de veces, hasta que la menor aceptó. La ayudó a levantarse y caminaron juntos hacia un alojamiento de la calle América ubicada en la Ceja de El Alto.

 

Proxenetas viven en alojamientos
 Este medio constató que en la Ceja de El Alto muchos de los inmuebles son restaurantes en el primer piso, en el segundo  discotecas y/o bares, en el tercero funciona un alojamiento pero en realidad es un prostíbulo, y en el último  vive el proxeneta.
Para  entrar a un cuarto del alojamiento, el usuario debe pasar por dos rejas cerradas con candados, donde duermen dos a tres menores víctimas de violencia sexual comercial que pagan  50 bolivianos la noche.
Cuando la Policía realiza operativos a estos alojamientos, el proxeneta esconde  a las adolescentes en la terraza u otro espacio del último piso, donde la entidad del orden no puede ingresar al espacio privado porque  necesita una resolución de allanamiento.
Según la investigadora de la división de Trata y Tráfico de la fuerza anticrimen alteña, Marina Yucuta, los proxenetas lucran con la vida de los niños y adolescentes y les dan protección siendo cómplices de un delito. Yucuta agregó que este año no se hizo allanamientos a los  alojamientos por no tener certeza en la denuncia. "Se continuará con  operativos, pero nos vemos ante el obstáculo de no poder ingresar a propiedad privada”, agregó.

Confidencial

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