Vende figuras del pesebre en la feria de Navidad

Desde hace 50 años, Faustina modela en barro al Niño Jesús

Aprendió a moldear en barro imágenes del Nacimiento cuando tenía 13 años. Hoy es una de las decanas de la feria navideña y ha enseñado el oficio a sus hijos.
lunes, 16 de diciembre de 2013 · 23:01
Natalia Ramos /  La Paz
Las manos de Faustina Mamani reflejan trabajo y esfuerzo. Han pasado casi 50 años desde que el entonces  párroco de la iglesia de San Francisco le enseñó  a modelar las figuras características del nacimiento navideño: animalitos, pastores, San José, la Virgen María y, claro, el Niño Jesús.
Faustina tenía tan sólo 13 años y se entusiasmó. Veía cómo vendían sus creaciones las artesanas de la zona. Esculpió sus primeras figuras de barro; luego se animó con el yeso.  
El  afán por superarse y encontrar  una forma de sustento la llevaron a aprender y buscar  sus propios moldes y diseños. Así mejoró la técnica y la variedad de figuras. Desde entonces moldear con el yeso es su trabajo, al que pronto se sumó su familia.
Hoy, doña Faustina, con las canas de sus seis décadas, expone más de 100 figuras  en su puesto de la feria de Navidad,  en el Parque Urbano Central.
Ofrece todo tipo de  esculturas navideñas: en miniatura, grandes, de todos los colores y formas. Están las que copia  de  modelos traídos de China y otras que tienen  impronta boliviana.  "Los clientes  me sugieren  hacer cosas nuevas o cambiar otras, y así voy avanzando”, confiesa Faustina con voz  satisfecha.  

 Este año está contenta con el ritmo  de las  ventas:   "Cada vez nos visita más gente (a la feria de Navidad)”.  Las cosas marchan, a diferencia de  lo que sucedió el año pasado cuando los artesanos tuvieron que marcharse antes de lo previsto,  por las rajaduras en  pilares del cercano edificio El Alcázar.
Recuerda que con el susto cayó enferma y su  salud casi  le impidió acudir este año a la cita navideña. Pero doña Faustina no se rinde, sabe superar obstáculos.
  Muy pronto le tocó aprender que "si una trabaja hay para comer; si no, no hay”. Huérfana de madre, se crió en La Paz con su padre y  seis  hermanas.
Quiso estudiar en la universidad, pero no pudo. Se encontró con dos obstáculos. "A los que teníamos el apellido Mamani nos discriminaban y no nos dejaban entrar”,  relata Faustina. Además, "antes  nos decían que las mujeres no  debíamos estudiar, que nuestro deber era servir a los hombres”.
Faustina no se resignó a estas circunstancias que la discriminaban, ni mucho menos. Hizo todo lo que estuvo en sus manos para lograr su independencia económica, aunque los estudios no le fueran permitidos.
 Gracias a su trabajo incansable  como artesana, afirma con orgullo, "nunca dependí de nadie. Incluso  cuando mi esposo falleció, hace 14 años, pude sacar adelante  a mis tres hijos”.
Ahora  vive en la ciudad de El Alto con "suficiente campo para poder trabajar con mi familia” en el oficio que ha ejercido toda su vida. Sus hermanos se encargan del trabajo más pesado, como hacer los moldes de las nuevas figuras, cuyos modelos se modernizan cada año. Los precios de sus trabajos van desde dos bolivianos, los más pequeños, hasta 300 bolivianos, los más grandes.
Faustina piensa jubilarse dentro de  unos dos años; comenta que se siente cansada por el esfuerzo de 50 años sin tomar vacaciones ni descanso. "Estoy tranquila, tengo  la seguridad de que mis  hijos seguirán en el negocio”, afirma.

Una treintena  de yeseros en La Paz

La Asociacion Viajeros al Interior y Exterior de Bolivia, a la que pertenece Faustina,  reúne  en la actualidad en La Paz  a alrededor de 30  personas que se dedican a la artesanía con yeso, según explica la artesana.
Además de   la feria de Navidad, ubicada en el Parque Urbano Central, trabaja durante todo el año en la elaboración de todo tipo de figuras de yeso.
Después de cinco años que vende en este espacio navideño, considera que en  esta gestión se ha logrado una buena promoción para que la gente les conozca y vaya a comprar. "Los primeros años hemos sufrido mucho porque no vendíamos nada”, señala.
Recuerda cómo hace 10 años "las autoridades eran  abusivas  y nos echaban de los sitios de la calle donde vendíamos. Cargaban con todo y no nos devolvían la mercancía”. Antes tampoco  existían los productos importados de China, que hoy se hallan en la feria.

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