Vilma Plata Arnez, profesora y dirigente de la corriente trotskista

El trotskismo es consecuente en el país por sus principios

Desestima la vía “electoral” para llegar a la administración del Estado y reafirma la revolución como el medio para alcanzar el socialismo.
domingo, 1 de diciembre de 2013 · 23:04
Pablo Peralta / La Paz
La maestra Vilma Plata Arnez sostiene que los dirigentes trotskistas del país mantienen esa consecuencia que les caracteriza  porque ostentan un programa de principios y eso marca su moral y conducta ética. Refiere, además, que confía en la revolución para llegar al socialismo y desestima la vía electoral como un medio para arribar a esa etapa.
En las recientes elecciones legislativas de Argentina, el Partido Obrero (PO), de corte trotskista, logró cuatro diputaciones en Salta. Sin embargo,  para Plata no representa un avance. 
Cita como ejemplo el caso del presidente de Chile Salvador Allenden: "Murió  defendiendo la vía pacífica electoral para llegar al socialismo. Es una experiencia que nos demuestra que ello no es posible”. 
Esta dirigente afirma que  la crisis mundial del capitalismo plantea dos alternativas: o una revolución social o la barbarie del capitalismo.  Sobre lo primero sostiene que las condiciones objetivas están dadas, aunque aún falta madurar las condiciones subjetivas. 
Plata sostuvo que de todos los países latinoamericanos, el trotskismo en Bolivia es el  más avanzado por su madurez política y  sus documentos programáticos, gracias a un trabajo de "topo” del Partido Obrero Revolucionario, expresado en  documentos que van  desde la Tesis de Pulacayo hasta la Tesis de la Central Obrera Boliviana, textos  que constituyen programas sobre cuál debe ser la lucha estratégica de la clase obrera:  alcanzar el poder y llegar a estructurar su propio gobierno de obreros y campesinos, a través del socialismo.
¿El trotskismo boliviano no piensa seguir el ejemplo de sus colegas en Argentina?
No, porque partimos de un balance objetivo, de dónde están en este momento los trabajadores. Cuál es el nivel de madurez que han alcanzado.
Si estuvieran las bases trabajadoras en este momento aplaudiendo al gobierno de turno, que es el MAS, detrás de él furiosamente ilusionados de que pueda cambiar el país, porque nos han traído el cuento de que estamos en un proceso de cambio, cuantitativo, supuestamente hacia un socialismo comunitario; pero el propio (Álvaro García) Linera descartó esa posibilidad y dijo que aquí no habrá ningún socialismo, lo más que podemos hablar es de capitalismo andino, pero capitalismo al fin.
Entonces, ahora la situación del MAS ya no es que la gente tiene ilusiones en él. Más bien se desprenden y muchos lo repudian. Los trabajadores vuelven a su eje revolucionario, mantienen y acentúan su independencia política.
Si ése es el proceso de maduración de los trabajadores de base, de estar luchando por su independencia política frente a la política de la burguesía del MAS, un verdadero partido revolucionario no puede volverlo a ilusionar en lo que están abandonando: es decir, las ilusiones democráticas, un gobierno democrático popular. 
Ese balance objetivo de dónde están los trabajadores nos permite acompañar ese desprendimiento que hacen de las ilusiones democráticas y  profundizar ese proceso para plantear la posibilidad de la toma del poder independiente de la burguesía, con nuestros propios objetivos.
Por lo que refiere, el triunfo de trotskismo para legisladores en Argentina es en el fondo un retroceso. ¿No es cierto?
En Argentina,  los trabajadores de base en general no se desprendieron  de las ilusiones democráticas. Creen en la democracia burguesa. Ningún partido plantea la posibilidad del socialismo como una necesidad histórica. No lo dicen en las campañas para no asustar al electorado. 
La gran limitación, a mi juicio, del movimiento obrero argentino es que no han superado el nacionalismo burgués. Van de una fracción peronista a otra fracción peronista. En cambio los trabajadores bolivianos sí superaron el nacionalismo burgués en todas sus variantes y ahora de manera independiente buscan conquistar el poder.
 Si el fin es la revolución, ¿cuánto tiempo hay que esperar para que se den las condiciones adecuadas o es que deben crearse?
Las condiciones objetivas para la revolución social están dadas a nivel mundial y se expresan en la crisis y en la descomposición del capitalismo como sociedad. Si no hay la dirección revolucionaria para terminar de sepultar a ese capitalismo putrefacto,  se nos vendrá la barbarie.
Las  condiciones objetivas están súper maduras, lo que falta es la condición subjetiva, y ésta es el avance  de los trabajadores, de las masas en su madurez política, y lo más importante, su partido revolucionario que exprese  con nitidez el objetivo estratégico: la revolución para la instauración de un verdadero gobierno de obreros y campesinos ante el fracaso de la democracia burguesa  aquí en Bolivia.
¿Qué hace para luchar contra los estereotipos del trotskismo?  
 Nosotros, como militantes, estamos en el medio de la lucha de clases. Unos te expresan su aprecio, quieren que sigas adelante, te animan  y te admiran; y otros, directamente en la calle te pueden llegar a insultar.
 Nos mantenemos consecuentes porque tenemos programas de principios y eso marca nuestra moral y nuestra ética.
 Ésa es la obsesión de un trotskismo y trabaja todos los días en los sindicatos, en las organizaciones populares, para penetrar en el seno de los trabajadores, concienciar, elevar su madurez política, porque la revolución la van a hacer las masas, los trabajadores de base, sobrepasando inclusive a sus burócratas sindicales, convertidos en agentes del actual gobierno y que constituyen una muralla muy dura de sobrepasar. Entonces, nuestro trabajo es ese cotidiano de lograr pasitos para acercarnos a ese objetivo estratégico.

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