La otra niña, Damaris, tiene más probabilidades de vivi

Operan de emergencia a siamesa, su situación es “muy delicada”

Danitza vive aún, pero después de la intervención médica su cuerpo quedó “deprimido”; además, padece un serio problema cardiaco.
jueves, 19 de septiembre de 2013 · 00:56
Opinión  / Cochabamba
Una de las niñas siamesas que fueron separadas mediante una cirugía el domingo 15, Danitza,  sobrevivió a otra intervención anoche.
La operación  fue de emergencia y se extendió por dos horas. Afuera, la madre lloraba y el padre trataba de mantener distraídos a los hijos mayores.
Luego de ese periodo salió el cardiocirujano Carlos Brockmann, quien con voz entrecortada dijo que la niña vive aún, pero su estado es sumamente delicado. "Todo su cuerpito ha quedado deprimido”, explicó.  
Las siamesas, que nacieron cuatro meses atrás, han superado todo pronóstico médico.
 La primera vez que se le comunicó a María Isabel Gerónimo, la madre de las siamesas, que llevaba un embarazo gemelar le dijeron también que las niñas se encontraban frente a frente, una circunstancia extraña, percibida a través de una ecografía que, sin embargo, no detectó que las niñas estaban unidas.  
Al ser separadas, un corazón se quedó en el lado izquierdo y el otro se ubicó en el  derecho, lo que implica un mayor riesgo y malformaciones en otros órganos.
 Brockmann, el vocero del equipo médico que separó a las niñas en el Hospital Boliviano Belga, dijo que  es probable también que el bazo de Danitza esté en el  lado derecho, es decir en una posición anómala y contraria a la normal.  
El especialista dijo que la principal razón para que la siamesa Danitza no salga adelante es su problema cardiaco, a lo que se suma una infección cerebral.
Su cabeza fue drenada para bajar un absceso, mediante una cirugía realizada por el especialista Miguel Sáenz.
Brockmann afirmó que el estado de mejoría de las niñas es alentador y  adelantó el posible retorno al hospital Viedma de la niña Damaris,  que tiene mayor probabilidad de vida, siempre que sea "extubada”, es decir que deje de ser asistida mecánicamente.
Pese a la respuesta favorable de Danitza, la pequeña necesita mayor cuidado y permanente monitoreo, pues presenta una cardiopatía xianógena (o de los "niños azules”), no respira bien y por tanto sus tejidos no se nutren adecuadamente, lo que genera la aparición de nuevas infecciones.

Brockmann recalcó que Danitza deberá ser sometida con el paso del tiempo a cirugías "paliativas  no correctivas”.

La madre de las niñas estuvo inconsciente

Jackeline Rojas / Opinión
La madre de las niñas siamesas, María Isabel Gerónimo, estuvo inconsciente por cuatro días después del nacimiento de Damaris y Danitza.
El día que vinieron al mundo sus niñas, cuatro meses atrás, ella se desmayó. No recuerda  cómo ocurrió porque estaba sola y no sabe qué tiempo estuvo inconsciente. Fue socorrida por su madre y trasladada al  hospital Cochabamba.
Allí notaron que tenía preclampsia, que sobreviene cuando la presión es elevada durante el embarazo,  por lo que la trasladaron  de emergencia al nosocomio Germán Urquidi.
Las siamesas llegaron tras una cesárea. María Isabel fue internada en terapia intensiva por su elevada presión, que no se estabilizaba, aunque finalmente  salió de ese peligroso estado.  
Despertó un lunes y conoció  a sus hijas el miércoles, casi una semana después del nacimiento.
Le dieron la  noticia con un psicólogo. Conocer la situación de las pequeñas  le afectó  la presión. "No me podía imaginar que estaban pegadas. Varios días mis ojos se hincharon  de tanto llorar”, recuerda.
"Sé que Dios me ha dado a mis niñas, debe haber alguna razón para que estén así”, expresa.
El mayor de los hijos, David, y Daniel, el menor, prometieron cuidar de las siamesas, jugar con ellas y enseñarles a pintar.
Los médicos recomendaron que la madre evite emociones fuertes.
Se levanta temprano y lleva a David, el hijo mayor, al kínder, y luego deja el almuerzo preparado: arroz y aceite.
 La joven madre alquila una habitación en la  zona sur  de Cochabamba, cerca del kínder Rayito de Luz, al que asiste David.
"Es un afán ir y venir del hospital, pero verlas es lo que más quiero. A mis bebitas les digo que deben luchar por su vida, que  son mi milagrito”, dice.

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