Se habla de fantasmas que rondan por las calles coloniales de La Paz

Cruz Verde y otras leyendas permanecen entre los vecinos

Muchos de estos relatos han sido recogidos en distintas publicaciones. Otros se van transmitiendo oralmente y preservando con el pasar de los años.
sábado, 19 de abril de 2014 · 20:24

Natalia Ramos /  La Paz
Si algo caracteriza a la calle Jaén es la amplia gama de leyendas y mitos que giran a su alrededor. Más allá de su historia, los vecinos en la actualidad tienen muy presente  las distintas versiones que circulan.
Algunas relatan historias sobre extraños ruidos en la noches y apariciones fantasmagóricas.   Lo cierto es que el conjunto de creencias y relatos adquieren un valor tradicional. Han sido recogidas en distintos documentos y libros de Sanjinés.
Entre ellas las que se refieren a  la Cruz Verde: "Ocurrió que en las dos esquinas de entrada a dicha vía  habitaban frente a frente dos curas que vivían maritalmente con sus barraganas. Los vecinos colocaron una cruz en cada esquina de dicha calle, para ahuyentar al demonio. Al final se quitaron esas cruces y se colocó un gran crucifico en la pared de la casa que después fue de la familia Ortega, que se llamó la Cruz Verde”
Otra añeja leyenda   señala que sobre la vía que da a la calle Jaén y el pequeño callejón de la calle Indaburo,  un estudiante pernicioso asustaba  a todo el vecindario. Por las noches  éste se disfrazaba de fantasma, despertando la imaginación de los transeúntes.
Una narración tradicional relata  que  durante la época republicana  que "un reo que huía porque iba a ser fusilado  se arrodilló al pasar ante el Cristo de la Cruz Verde, implorándole que lo salve del patíbulo. Se desprendió la cabeza del crucificado, lo que se atribuyó a un milagro”.

Murillo perdió su casa por disputas 
 Pedro Domingo Murillo vivió en la calle Jaén  entre   1803 y 1809, concretamente en la casa de José Ramón de Loayza. Según recoge la investigación de  la Dirección de Patrimonio  de la Oficialía Mayor de Cultura de la Alcaldía de La Paz,  el motivo de su residencia en este lugar se debe a que heredó la casa de su padre, ubicada detrás de la Iglesia de Santo Domingo.
Sin embargo, tras una serie de disputas judiciales iniciadas por   su tía, Catalina Murillo, perdió el inmueble.   La expropiación se hizo efectiva en el año 1944. Posteriormente, la casa fue restaurada con  todos los detalles de la arquitectura original del edificio.
El 15 de julio de 1950 Max Portugal, del comité Cuarto Centenario, dirigió el acto de entrega del edifico. Entre los asistentes,  el Presidente de la República, el gabinete en pleno, el alcalde municipal, el Concejo Municipal, los Amigos de la Ciudad, autoridades civiles, militares y eclesiásticas.
A partir de eso,  comenzaron  estudios científicos, culturales e históricos para promover exposiciones.  Tres años después,  el museo "Casa de Murillo” estaba funcionando plenamente.

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