Chuquiago, la ciudad de los fantasmas

domingo, 30 de octubre de 2016 · 01:00
Leny Chuquimia /  La Paz 

Hace 468 años, Chuquiago Marka se fundó en el centro de la hoyada paceña. Rápidamente un laberinto de calles angostas se expandió desde Churubamba (Alonso de Mendoza) a lo que ahora conocemos como la calle  Jaen y todo el caso antiguo de la ciudad.

De esa primera urbe aún quedan casas coloniales, oscuras y misteriosas, en las que las leyendas urbanas se hacen realidad. La cruz verde de la calle Jaen es el testigo mudo de algunas
Desde sus inicios se dice que en esta calle, en horas de la noche,  se oyen cadenas,  el paso de carretas antiguas, los quejidos de los prisioneros de la Colonia   y las palabras dulces de una viuda que se le aparece a los hombres que bajo los efectos del alcohol caen a sus encantos. Como solución se decidió instalar una cruz, que según algunos ciudadanos no espanta a los fantasmas.

  "Una noche que bajaba por esta calle  sentí como que alguien venía corriendo por detrás, me hice a un lado pero nadie pasó, sólo el sonido de los pasos se perdieron”, dice José Luis Barrientos. 
Vive cerca del Vía Crucis, varias cuadras arriba de la Jaen, calle que forma parte de su recorrido diario. Asegura que no sólo hay "almas ”, sino también duendes.

  "Dicen que antes había varias vertientes y donde hay agua, hay duendes”, explica.

El Palacio de Gobierno y  la Gobernación son otros de los lugares que encierran misterios. Los funcionarios de lo  que antes fue el Palacio Prefectural  aseguran haber visto a una mujer rondar en los patios  internos, mientras que  por los espejos se ven pasar siluetas oscuras.

 En el Hospital de Clínicas, una enfermera con una capa azul mira por las ventas. Pasa a dar ronda  a los pacientes y desaparece en medio de la sala. 

El estadio Hernando Siles,  construido sobre un cementerio,  también tiene sus fantasmas. En las noches se oyen niños jugar  y por sus corredores no es raro toparse con un aparecido.

 

Una famila de   cazafantasmas bolivianos 

Leao Armas, su esposa Topacio y su cuatro hijos  son los cazafantasmas bolivianos. Han dedicado su vida a guiar a las almas atrapadas en este mundo a atravesar el umbral.

 En una entrevista con Telemundo, el jefe del clan familiar asegura que hasta la fecha han liberado las almas  de cerca de 300 casos. "A esto nos dedicamos, es lo único que sabemos hacer”, asegura Armas.

En su crónica  Los cazafantasmas bolivianos, Javier Badani explica: "La investigación se inicia estableciendo el tipo de entidad: maligna o benigna. Eso se logra a través de la medición de la temperatura del ambiente, una vez que se ha manifestado la entidad”.

  Según armas,  los  malignos son los que no logran encarnar y que vagan por el mundo. Su presencia se siente con calor.

Por el contrario la temperatura del ambiente baja y se llena de humedad  cuando la actividad paranormal proviene de una entidad benigna. Cada uno de los casos investigados es registrado en un video. 

Los llamados para pedir el servicio de la familia son varios. En las entrevistas que Armas da a diferentes canales nacionales e internacionales asegura que su agenda siempre está llena.

   "Esta noche, mientras usted se encuentre cobijado bajo las sábanas, Leao Armas  estará cazando fantasmas. Puede que, incluso, esté muy cerca suyo”, escribió Badani.

 

 
 
 
 

 

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