30 mil sonrisas en El Alto, el legado del padre Obermaier

Cientos de niñas y niños acudieron a la avenida Bolivia, en la zona de Villa Adela, para recibir muñecas, volquetas, chocolate, cortes y peinados, y amor.
sábado, 24 de diciembre de 2016 · 00:00
 Juan Carlos Véliz M. / El Alto
 
Maritza (de 9 años) se levantó de la cama a las  5:00,  hizo despertar a sus tres hermanos menores de siete, cinco y cuatro años para llevarlos a la avenida Bolivia,  de la zona de Villa Adela. Caminaron, según cuenta, desde la zona Kiswaras durante una hora hasta uno de los puntos de distribución de juguetes instalados por la Fundación Cuerpo de Cristo.
 
Ella recibió una muñeca Barbie y sus hermanitos volquetas. Como ellos, centenares de niñas y niños llegaron hasta Villa Adela para recibir amor, juguetes y un vaso de chocolate de la campaña "Telemaratón Por la Sonrisa de un Niño Alteño”, fundado por el extinto padre Sebastián Obermaier.
 
El agasajo comenzó a las 8:15, después de que fue inaugurado por el obispo de El Alto, monseñor Eugenio Scarpellini. 
 
Los  pequeños estaban desesperados por llegar a los seis puestos que se instalaron sobre la amplia avenida Bolivia, pero para llegar a esa "meta” tenían que hacerse marcar el dedo índice con tinta indeleble como señal de que ya recibieron sus juguetes.
 
En las mesas se apilaron decenas de cajones de muñecas y volquetas, mientras los voluntarios de la fundación, voluntarios del GACIP, Cebras y Paquito animaron y guiaron a los niños hacia los puntos de distribución. Algunos se tomaron fotos con Paquito y con las Cebras.
 
"¡Niños corran!, ¡vengan a esta mesa, está vacía!”, animó Daniela Martínez, una de las voluntarias que trabajó desde niña con el padre Obermaier. "Se sintió la ausencia del padre, porque él siempre sabe estar con su alegría, con sus ganas de dar regalo a los niños, nos hace falta”, recordó.
 
La imagen de Obermaier estuvo presente en la campaña en un cuadro. Sonriente y con el cabello blanco, el "padre de El Alto” observaba su legado. 
 
"El padre Obermaier quería ver siempre niños felices”, dijo el padre Pavel Padilla. Su anhelo se cumplió.
 
A las 9:45, las seis mesas en las que se distribuían  juguetes se levantaron para que se formen dos filas y se habilitaron sólo dos puntos de distribución. A las 10:00 se registraron filas dobles de hasta de cuatro cuadras con niños que llegaron hasta de zonas alejadas como  San Roque y Ventilla. El fuerte sol no cejó el anhelo que conseguir un regalo.
 
Otro grupo de voluntarios, con peines y tijeras, ofrecía cortes y peinados a los infantes, que tras el retoque personal acudían en fila para recibir un vaso de chocolate caliente con pan.
 
A las 10:40 se acabaron las volquetas y sólo quedaban "barbies” y a las 10:58 se acabaron todos los juguetes.
 
Maritza agarrada de su muñeca Anahí, así la bautizó, junto a sus hermanos retornaron caminando a Kiswaras. "Me gusta el regalo, voy a llevar tierra, personas…”, anunció Alexander, su hermano, mientras tiraba con un guato su volquetita por el asfalto. 
 
La  campaña
  •  Cifras Se han distribuido 30.000 juguetes en la campaña, pero el legado del padre  Obermaier no solo tuvo como escenario Villa Adela, sino también el sector de Seke, donde se distribuyeron 2.000 juguetes, y  varias provincias de La Paz.
  • Historia  La primera campaña se realizó en 1998 con 15.000 juguetes, el año pasado se distribuyeron 20.000 y este año 30.000. Son 18 años ininterrumpidos que Obermaier y su equipo arrancan sonrisas. Para 2017 se proyecta 35.000.

 

 
 
 
 
 

 

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