El Carnaval concentra a más de un millón de personas

Río bailó bajo el zumbido del mosquito que contagia el zika

La mayoría ignoró las recomendaciones, especialmente dirigidas a las mujeres embarazadas, de evitar las aglomeraciones, los besos con extraños y cubrirse.
domingo, 7 de febrero de 2016 · 00:00
AFP y EFE / Río de Janeiro

Una masiva multitud de gente semidesnuda y sudorosa podría parecer el paraíso para los mosquitos que transmiten el zika, pero nada, ni siquiera una emergencia sanitaria declarada a nivel internacional  puede detener el Carnaval de Río.

Este fin de semana de Carnaval concentra a más de un millón de personas en el abarrotado centro de la ciudad, para la fiesta callejera del Cordao da Bola Preta.

Un agitado baile a ritmo de samba que toca en vivo una banda desde lo alto de un camión que sirve de escenario, mueve en la calle a un caleidoscopio conformado por miles de piratas, vikingos, gatos, conejos, payasos, cavernícolas, faraones, bebés, insectos, mariposas ...  es mucha, mucha piel.

Las mujeres con diminutos pantalones y los hombres sin camisa o con camisetas sin mangas, pueden sumar unos dos millones de brazos desnudos y otro tanto de piernas de donde elegir, es un buen menú para cualquier mosquito.

Pese a la preocupación internacional sobre la posible relación, aún no probada, entre el zika y el incremento de bebés con microcefalia o la posibilidad de que la picadura provoque un trastorno neurológico poco frecuente y potencialmente mortal, el temor parecía ser tan mínimo como la ropa.

"No tengo miedo”, dice Cristiane Ruiz, de 30 años, con pantalones cortos de mezclilla y la parte superior de un bikini de color naranja que cubre muy poco. "No creo que una zona de la ciudad como ésta sea buena para los mosquitos, porque no hay mucha vegetación” apunta mientras observa a su alrededor los altos edificios y las calles bordeadas por palmeras.

Al igual que muchos de los entrevistados por la AFP, esta mujer dice que no se ha molestado con cargar un repelente de insectos. Los ocupados vendedores ofrecen cerveza, agua helada y hasta disfraces a la multitud, pero ninguno parece tener repelente de insectos.

La creencia de que el zika pueda provocar microcefalia -es decir cráneos anormalmente pequeños- en los recién nacidos de madres infectadas, ha impulsado a varios gobiernos a advertir a las mujeres embarazadas que eviten viajar a gran parte de América Latina.

La Organización Mundial de la Salud ha declarado una emergencia, aunque sin confirmar todavía los temores de que el virus también pueda ser transmisible a través del semen, la sangre e incluso la saliva.

Las autoridades dicen que están erradicando el agua estancada donde se reproducen los mosquitos, fumigando estadios y aconsejan a los atletas y aficionados a usar ropa de manga larga, cerrar ventanas y aplicarse repelente.

Pero en la fiesta callejera en el centro de Río  fue sólo una de las múltiples que tuvieron  lugar ayer.   En Río de Janeiro, la ciudad del Carnaval por antonomasia,  había programadas 93 fiestas callejeras organizadas por los "blocos”, nombre con el que se conoce a las comparsas o bandas  de música carnavalescas.

Una necesidad de desahogarse  

El Carnaval, como su mismo nombre lo dice, es una fiesta que da la oportunidad de lanzar una cana al aire.
Este año, con el zika, una recesión profunda y un sombrío escándalo de corrupción, la necesidad de desahogarse parece ser mayor.

A pesar del flujo de alcohol, el calor y la multitud, la gran fiesta de Bola Preta no tuvo mayores incidentes.
Los informes de televisión señalan apenas un puñado de peleas o intentos de robo. Cuando un hombre fue detenido después de ser perseguido por la Policía, los agentes fueron aplaudidos por la multitud.

Cuando el cortejo de camiones que transportan la banda que toca en vivo, el sistema de sonido masivo y un grupo de bailarines, la multitud estalla en un frenesí de baile, saltos y movimientos al unísono.

Hasta los gigantescos vehículos empiezan a temblar al ritmo de los latidos. La buena onda  no deja lugar a preocupaciones, manifiesta Felipe Nazaret, un trabajador bancario de 22 años de edad, apenas vestido con una malla.

Cuando le preguntaron si se había puesto repelente, sacude la cabeza y suelta la risa citando una famosa línea de una canción de samba que dice: "El que me protege, nunca duerme”.

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