Devotos dan la bienvenida a Jesús con ramas bendecidas

Al concluir la homilía del Domingo de Ramos muchas personas hicieron filas y esperaron su turno para que los sacerdotes bendigan sus ramos.
lunes, 21 de marzo de 2016 · 00:00
Wendy Pinto  / La Paz

Interminables filas de devotos católicos ocupaban los pasillos de todas las iglesias;  las personas esperaban ansiosas su turno para que los sacerdotes echaran agua bendita sobre sus verdes y bien armadas palmas.
"¡Bendígamelo padrecito!, ¡a estas palmitas artesanales también!”, repetían.
 
"Hoy comenzamos la Semana Santa con la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, montado en un burrito. El pueblo lo recibe como un rey, con cantos y palmas, así lo hacemos nosotros”, dijo ayer el sacerdote en la homilía del tradicional   Domingo de Ramos en la iglesia San Francisco. 
 
Familias enteras acudieron a este recinto para escuchar cómo Jesús de Nazaret llegó a Jerusalén para vivir sus últimos días en los que se recuerda el lavado de pies a sus discípulos, la última cena y la crucifixión, sacrificio hecho para expiar los pecados de todas las personas.
 
"El Señor ha dado su vida para expiar nuestros pecados y por eso cada año lo recibimos con nuestras palmitas”, manifestó Emilia Aruquipa, quien vino con sus dos nietas  que en sus manos llevaban unos anillos de ramos con lentejuelas, uno rojo y otro naranja.
 
La gente con sus niños en brazos ingresaba apresurada a saber si ya había terminado la misa. "Me atrasé y tenía miedo de que termine, es que hacer bendecir los ramos es importante”, dijo Nicolás Aguirre.
 
Armando Llano, más tranquilo, llevó a sus hijos a escoger ramos para que éstos sean bendecidos por los sacerdotes. "Esa cruz trenzada me parece más bonita para ti, hijo, y esta canastita con retamas para vos, hijita”, detalló y adquirió las ramas artesanales a un precio asequible.
 
 Al interior de la iglesia, los fieles llevaban ramos de todas las formas, con trenzas simples y  múltiples, desde las tradicionales palmas hasta elegantes ramos parecidos a un arreglo de mesa.
 
"Es una reconciliación con   Cristo, por eso llevamos ramos; no importa el costo, la cosa es tener uno bendecido”, señaló Gloria Ajuacho, quien adquirió un ramo artesanal por 30 bolivianos. Ella y su esposo llegaron desde Oruro para escuchar la misa. "Ya es una tradición familiar”, agregó.
 
Con las cabezas agachadas, los fieles rezaban sin despegarse de sus ramos, luego los pocos que conocían las letras de las alabanzas cantaban y el resto se miraba avergonzado. "Jesucristo, Jesucristo,  yo estoy aquí”, era la frase más coreada.   
 
Concluida la homilía, los devotos se apresuraron en salir hacia los pasillos e hicieron largas filas para recibir el agua bendita sobre sus recién compradas palmas. 
 
"¡A la fila, a la cola!”, exclamaban algunos, mientras que otros más astutos aprovechaban un  descuido para recibir la bendición sin hacer fila. Los religiosos los miraban, pero su atención se centraba en remojar las flores en los baldes de agua para  rociar el ahora agua bendita sobre los ramos y las cabezas de los devotos. "¡A mí, padrecito!”, "¡A mis hijos también!”, "¡A mis ramos por favor!”, solicitaba la gente.
 
La multitud era tal que los religiosos tuvieron que apresurarse mojando a los que estaban en frente. "Me mojó como si fuera un endemoniado”, reía   algún  joven, mientras se secaba.
 
Al terminar esta misa, los sacerdotes se alistaban para celebrar la siguiente homilía debido a la cantidad de personas que esperaban  en la puerta.

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