El Tata del Gran Poder estrena traje y está listo para su fiesta

viernes, 20 de mayo de 2016 · 00:00
Leny Chuquimia  / La Paz
 
Sentada en la misma banca del templo del Gran Poder que hace un año, doña Lucy Patzi de Carrillo espera el rito  que marca el inicio oficial de la Fiesta Mayor de los Andes. "Ya ha llegado el día”,  dice mientras se encoge de hombros y  una pícara  sonrisa  se desborda entre las  manos que apoya en sus mejillas.
 
Con una bendición del párroco del templo y en presencia de una veintena de fieles, ayer los prestes mayores del
Gran Poder 2016  realizaron el cambio de manto al Tata, el patrono e inspiración de la fiesta. Con nuevas galas, la imagen de más de dos metros de alto está lista para presenciar mañana, desde la puerta de su morada, el paso las 69 fraternidades que le ofrecerán su danza a cambio de sus favores.
 
Hace un año, doña Lucy acomodaba las ropas de la réplica pequeña del Tata y de la imagen del niño Manuel. Ahora, con el rostro deslumbrante, rodeada de sus cuatro hijos, sus yernos y su esposo, ella se encarga de la imagen central, cuyo arreglo recae en la familia del Preste  Mayor del Gran Poder. 
 
"El tiempo ha pasado rápido. Estamos pasando el preste, es con toda fe. Estuve mal de salud y el Tata me ha sanado, me ha dado nueva vida, me ha hecho el milagro. Por eso es que este año le estoy sirviendo”, comenta doña Lucy y recalca: "Me he ofrecido para agarrar el preste. Me he rogado para que me lo den”.
 
Su esposo, Víctor Carrillo, en un tono más serio pero no exento de  emoción, relata aquel milagro que los motivó a ser pasantes de la fiesta. "Mi esposa estaba muy enferma, nos dijeron que tenía cáncer. Estábamos muy mal, tristes, y nos hemos acercado al Tata. Le hemos pedido el milagro, hemos orado y Él nos ha bendecido. Mi esposa ahora está sana, no tiene nada. El cáncer ha desaparecido”, asegura.
 
Algunos de sus conocidos dudaron del resultado positivo e insinuaron que  debió ser el médico quien se equivocó o les mintió con el diagnóstico inicial. "Pero yo sé que fue obra del Señor del Gran Poder”, enfatiza Víctor porque el milagro de sanación no vino solo. 
 
"Éste es mi otro milagro”, dice  Lucy y señala  a un pequeño de siete años que tiene su misma sonrisa. "Mi Santiaguito. Me embaracé de él cuando pensé que todo estaba perdido. Después de 20 años tuve un nuevo hijito, el único varón, qué más puedo pedir”, cuenta mientras sus tres hijas mayores dan las últimas puntadas con hilos dorados a la túnica de la imagen. 
 
Los colores del ropaje, decididos en una reunión familiar, son el turquesa, el rojo y el blanco. El manto tiene  reflejos verduzcos y lleva un bordado dorado con pedrería hecha a mano. "La ropa ha estado haciéndose en el taller  artesano desde septiembre”, dice la primogénita del matrimonio, Rosario Carrillo.
 
Con mucho respeto, Rosario espera su turno para poder limpiar el rostro del Tata. Junto a sus hermanas, prepara trozos de algodón  que unge en aceite perfumado y con los que acaricia   los ojos,  cabeza,  manos y  pies de la imagen. Los ex y los futuros pasantes del Gran Poder, además de algunos fieles,  piden que les dejen hacer el mismo ritual.
 
"La noticia de que mis papás iban a ser los prestes fue la mejor. No puedo explicar lo que se siente  después de tantos años de bailar, rezarle y tenerle devoción que hoy estemos acá atendiéndolo, cambiándolo, sintiendo sus manos  y sus piecitos”, dice Rosario mientras recibe de su madre las réplicas pequeñas del Tata y del niño Manuel. 
 
Ambas  tienen  ropajes que hacen juego con el del "papito Jesús”, como ella llama íntimamente al Señor del Gran Poder.
 
Mientras los hombres levantan y acomodan la imagen enorme en su pedestal, las mujeres se aglomeran en torno a las estatuas pequeñas, las mismas  que los  futuros prestes acogerán en su casa  hasta el próximo año. Éstas llegaron al hogar de los Carrillo en marzo pasado.
 
"Ven, ponle el zapatito al niñito para que te dé sus bendiciones”, me invita Rosario. La zapatilla está hecha en filigrana de plata, se siente frágil al igual que el pie del pequeño Manuel que me mira desde el fondo de dos hileras de pestañas espesas.
 
"Hazle varios nudos”, indica Vanesa -la menor de las hermanas- al ver la poca agilidad de mis dedos en una pieza tan pequeña.  Manuel parece verme con una sonrisa burlona que deja entrever dos dientes blancos que le frotan con aceite. "Bien travieso es. En casa le ponemos dulces y chocolates, y una pelota con la que juega de noche”, dicen.
 
Como Lucy en 2015, ahora Norha de Muller -esposa de Raúl Muller- ayuda en el arreglo de las réplicas. Los esposos han sido designados  pasantes del 2017. "Yo también estoy aprendiendo para el año”, comenta mientras cuenta los milagros que el Tata le cumplió a ella y que el próximo año agradecerá asumiendo el cargo de  Preste Mayor. 
 
"Tata, todo lo que le estoy contando me estás escuchando, sabes que no puedo mentir y menos delante de vos”, le dice Norha a la imagen del Señor del Gran Poder. Le sonríe y le susurra algo más   en complicidad  para tocar su frente con la suya.

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