Llanto y clamor de justicia acompañan la última visita de Illanes al Palacio

Entre pedidos de paz, el ataúd del Viceministro llegó al Palacio Quemado custodiado por los Colorados. La capilla ardiente fue visitada por cientos de personas. Los mineros velan a sus muertos desde la clandestinidad.
sábado, 27 de agosto de 2016 · 01:38
Leny Chuquimia /  La Paz

   "Estoy muy bien de salud, que se tranquilice mi familia”,  fue el último mensaje que Rodolfo Illanes envío a sus seres queridos  el pasado jueves. Horas después  su cuerpo fue hallado sin vida,  envuelto en una frazada, abandonado en medio de la carretera cerca a Panduro. Allí había acudido para tratar de instalar el diálogo con los mineros movilizados.    

Autoridades, amigos y familiares del Viceministro de Régimen Interior acompañaron ayer la última visita de la autoridad al Palacio de Gobierno. Con gran pesar, lo velaron,  le rindieron un homenaje y le dieron el último adiós. El vicepresidente del Estado, Álvaro García Linera, y el ministro de la Presidencia, Juan Ramón  Quintana, recibieron el cortejo fúnebre.

¡Justicia para Rodolfo!, es el grito que quiebra el silencio -incómodo por la incertiumbre y la tristeza- que rebota en las  paredes  del Palacio de Gobierno. Las puertas principales se abren y el cuerpo del Viceministro ingresa dentro de un féretro sellado. 

Se desliza flanqueado por la guardia de los Colorados que lo custodian hasta un altar. Tras  él  se arrastra una ráfaga de llanto de quienes ahora lo sobreviven.

 "Qué pena”, comentan los asistentes mientras los arreglos florales  pasan  de mano en mano   dejando en el piso pétalos que nadie se atreve a levantar. "No alces. No es bueno, te puedes llevar la pena a tu casa”, recomiendan algunas mujeres mientras reparten   bolsas  con coca y lejía.

A un costado del ataúd, el Padre que hará la bendición de capilla ardiente  enciende una vela, busca un versículo marcado en la  Biblia y empieza con una reflexión. "Hay rabia, pero no es momento de tener rencor o de buscar venganza. Pidamos que Dios lo tenga en su gloria”, asevera con  voz tan calma que devuelve el silencio al lugar.  

 Frente a él, la familia de Rodolfo Illanes se deshace en el dolor y la pena. Las manos y labios de los deudos tiemblan al apretar  los puños como queriendo retener  a quien ya no está.

     "Yo no sé en que tiempo, pero él tenía una vida familiar a la que le daba mucha importancia y cariño. Tenía actividades y eventos a los que iba con toda su familia”, señala el  ministro de Trabajo Gonzalo Trigoso, sentado en medio de otras  autoridades.  

¡Compadre!, solloza una mujer frente a los restos que reposan sobre centenares de flores. "Fuiste ejemplo de vida, de lucha y de persona. Nos has enseñado con el ejemplo mientras vivías con nosotros”, le dice levantando la voz y haciendo pausas  como esperando una respuesta. 

Se limpia las lágrimas con los flecos de su manta negra. Detrás de ella otras mujeres y hombres lloran. "Rodito, ya estás  junto al compadre Palenque. Ya estás con él”,  dicen los hombres trayendo a la memoria de los presentes el  paso de Illanes por CONDEPA.

      Afuera, en la plaza Murillo, un tumulto   trata de ingresar. La seguridad del Palacio cierra las puertas y no permite el paso a nadie. "Ya no hay espacio”, argumentan y no ceden.

Dentro del Palacio es difícil moverse. Los periodistas están apiñados en una tarima o se mueven por las esquinas tratando de captar algún detalle inesperado. Los dolientes ocupan las primeras filas de asientos de  la derecha mientras que las autoridades se ubican en las de la izquierda. 

    En el momento de las condolencias se desata  una marea de personas que desean aproximarse a dar un abrazo a los familiares y un ultimo adiós al viceministro. Algunos levantan una plegaria sin acercarse mucho al ataúd, como temiendo pasar un cerco que no existe.  Los amigos esperan pacientes; mientras que otros comienzan a dar los pésames por las autoridades reelegando a los dolientes.  

Funcionarios de ministerios e instituciones, públicas, colegas, amigos y hasta curiosos desfilan frente al altar. Cerca a  las 14:00 las puertas del Palacio se abren y gran parte de la gente sale para que otro grupo entre.   

El primer estandarte rojo y azul llega. En la punta lleva un crespón negro en señal de luto. En una fila ordenada ingresan las autoridades de la Universidad Mayor de San Andrés donde Illanes  estudió y después  fue docente de la facultad de Derecho. 

El rector de la casa superior de estudios, Waldo Albarracín, presenta su pesar. Asegura que fue a  despedirse no sólo de un docente, sino, de un compañero de estudio y de lucha. "Rodolfo era mi compañero de curso. Los dos  siempre fuimos de izquierda. Fue  un amigo con el que compartí la lucha contra la injusticia, la vida sindical desde que éramos estudiantes y ya en el ejercicio de la profesión continuamos con la lucha desde donde pudimos”, dice con tristeza .

Afuera, en medio de la plaza Murillo, los dirigentes de  las organizaciones sociales brindan conferencias de prensa para hacer pública su posición frente al conflicto. Entre ellos,  están grupos de mineros que se colocan los  cascos para demostrar su rechazo por la muerte de la autoridad. "Ponganse el casco, que  vean que estamos aquí”, se dicen entre ellos.

 Al acercarse para entrar al velorio,  llaman la atención de otro grupo de personas. "¿Qué están haciendo aquí esos mineros?. No deberían   dejarlos entrar”, dicen asociándolos con  los que segaron la vida de Illanes. 
   La reacción no se deja esperar. ¡Justicia para el doctor Illanes! ¡Justicia!, gritan mientras los cooperativistas entran a palacio. Levantan pequeños carteles impresos en hojas blancas con los que piden "dialogo y paz”.

 "Pedimos que se haga una investigación justa y que se castigue a los culpables. Es necesario instalar el dialogo, queremos paz”, dice uno de los que protestan. No quieren dar sus nombres pero aseguran ser parte de un movimiento ciudadano.

    Algunos de ellos deciden entrar al despedirse pero en la puerta, los guaridas  les piden dejar sus pequeñas pancartas.  

El viceministro recibió con los honores  póstumos de autoridades, el nombramiento de Héroe de  los Recursos Naturales ante la presencia de varias instituciones y de la prensa en su totalidad.
   A kilómetros del suyo, en medio del altiplano, otros tres cuerpos se velan y entierran. A cielo abierto, sin mas honores que el de los  cascos y una bandera. 

    En todos los casos, los que los sobreviven sufren  pérdida irreparable de quien nunca volvió. En los cuatro velorios hay rabia,  dolor y clamor de justicia.

     "La  muerte de nuestro compañero duele tanto  como las tres  que le  precedieron. Pero las circunstancias son la diferencia. El dolor de saber que murió tratando de buscar una solución al conflicto. No entendieron su mensaje, lo secuestraron y finalmente lo asesinaron, eso es un crimen de lesa humanidad para el que pedimos justicia. Esa es la exigencia mía como persona y la de la universidad”, asegura Albarracin al dejar   el velorio.

 

 

 
 
 
 

 

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