Multitud dice adiós al “tata” de El Alto

El sacerdote alemán descansa desde ayer en la parroquia de Villa Adela, una de las 71 que él construyó. “Él sabía hacer el bien y Cristo lo quería”, dice en su mausoleo.
viernes, 5 de agosto de 2016 · 00:00
Madeleyne Aguilar / El Alto

"¡San Sebastián!, ¡San Sebastián!”   fue el clamor de miles de alteños que  dieron el último adiós al padre Obermaier. El masivo cortejo fúnebre recorrió El Alto entre pañuelos blancos y lágrimas por el sacerdote alemán más alteño. Desde ayer sus restos descansan en el templo de  Villa Adela, donde cuidó a sus feligreses durante  38 años.    

Antes del mediodía, seis sacerdotes levantan en hombros el féretro del padre, que durante dos días fue velado en la parroquia Corazón de Jesús. Entre cientos de apenados deudos, el  ataúd -cubierto por las banderas de Bolivia y Alemania- pasa por una cadena formada por decenas de monaguillos y la multitud hace  un minuto de silencio.

La marcha fúnebre del padre Obermaier parte  desde la Plaza de la Cruz de Villa Adela. A su paso por las avenidas Bolivia y Junín muchos más  se unen mientras otros observan con pena, desde las ventanas de las casas. 

"Qué bella persona que ha llegado a El Alto y hoy se va… Él me ha bautizado, con él también fue mi primera confesión. Por eso he venido a despedirme. Gracias, padre Obermaier”, expresa  Inés Laura mientras saluda al cortejo  levantando el brazo.

Dos motos y un automóvil policial abren  paso a una banda que entona boleros de caballería. Desde la vagoneta blanca de Obermaier -la que el padre llamaba Francisco- se reproducen por parlantes los rezos que guían a la procesión. 

Encabezando las filas hay dos estudiantes de la unidad educativa Amigo Chaco, que cargan un retrato del  difunto. "Siempre estarás en nuestro corazón”, dice.

"Le agradezco mucho todo lo que nos ha dado. Él ha bendecido las viviendas de mi zona, construyó escuelas y la iglesia. Allí lo conocí… Yo tenía 26 años. Recuerdo que el padre nos hizo escuchar la misa de rodillas. Nos dijo que nunca nos olvidaríamos de él. Es verdad, siempre lo recuerdo”, dice la vecina de la zona Mercedario, Sandra Andrade. 

En la avenida Hernando Siles el ataúd es bajado de la plataforma y desde allí los sacerdotes lo trasladan en hombros hasta la plaza Simón Bolívar. A la 1:36 los vecinos de Villa Adela agitan pañuelos blancos  porque el cuerpo del sacerdote ha regresado a su parroquia. En las calles,  niños, adultos, personas con discapacidad e incluso mascotas  le dan  la despedida a Obermaier.

Los jóvenes voluntarios de la fundación Cuerpo de Cristo intentan organizar a la multitud, pero la gente se amontona. A las 14:00 se inicia la misa de cuerpo presente con la lectura de cartas de representantes de la Iglesia.

"Misionero, perseverante e incansable en sus proyectos, convencido que es posible apostar por el desarrollo integral de las personas. Se hizo aymara entre los aymaras…” dice sobre Obermaier el obispo de Potosí y presidente de la Conferencia Episcopal  Bolivia, Ricardo Centellas.

  "Llegando a la perfección en poco tiempo, su alma era agradable a Dios, por eso Él se apresuró a sacarlo de en medio de la maldad”, dice el mensaje del nuncio Giambattista Diquattro,.

En  la homilía, el obispo de El Alto, Eugenio Scarpellini, recuerda que en su vida sacerdotal,  Obermaier también tuvo problemas e incluso fue víctima de  amenazas. "Recuerdo que  me decía ‘esto no es nada, va a pasar’ para tranquilizarme”, cuenta el monseñor mientras el olor del sahumerio llena la sala.

 En la ceremonia están presentes los expresidentes Carlos Mesa y Jorge Quiroga. También el procurador General del Estado, Héctor Arce, y la alcaldesa alteña  Soledad Chapetón.

"En nombre de la ciudad de El Alto quiero agradecerte. También a tu familia y la iglesia  por haber sembrado tu semilla aquí, en éste que es tu pueblo. Él decía ‘no hay que desmayar, hay que mirar siempre al cielo y seguir adelante’. Gracias padre, vas a vivir en el corazón de todos los alteños”, declara la Sole.

Para el momento de la comunión, decenas de ministros llevan la hostia a la multitud mientras jóvenes voluntarios cantan:  "Que alegría cuando me dijeron/ vamos a la casa del Señor/ ya están pisando nuestros pies tus umbrales Jerusalén”. 

La gente llora cuando levantan el ataúd para llevarlo al mausoleo que se ha construido en la parroquia, una de las 71 que construyó Obermaier en  El Alto. El padre también creó la fundación Cuerpo de Cristo, que administra hogares para niños, jóvenes y personas de bajos recursos. 

Los vecinos de Villa Adela lo despiden exigiendo a gritos que se lo declaren santo. A las 3:30, el padre Sebastián Obermaier es sepultado bajo  la torre de su parroquia. "Él sabía hacer el bien y Cristo lo quería”, dice el mensaje en su nicho.

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