Operación Jacobo: la liberación de un felino andino en el Sajama

El titi volvió a su hábitat en el parque Sajama después de cinco meses de cautiverio en el zoo. El hecho es un hito para el protocolo de medioambiente del país.
domingo, 4 de septiembre de 2016 · 00:00
 Liliana Carrillo V. / La Paz

 Pasado el mediodía del  11 de marzo, un felino  apareció en la cancha de césped sintético  de Patacamaya. Los pobladores describieron  al animal como "raro y arisco”. Más grande  que un gato doméstico, menos intimidante  que un puma,  ¿quién, qué era ese ser que deambulaba desorientado por el verde falso del  fieltro?

 Pelo abundante y gris con franjas oscuras,  orejas  grandes y  redondas, un metro -cabal- de la punta de la nariz a la cola y ojos vivaces como el pasto falso, el animal que desconcertaba a los  jóvenes fue identificado por los abuelos. Era un titi o  gato andino. 
Al llamado desde Patacamaya acudieron efectivos de  la Policía Forestal y de Medio Ambiente (Pofoma). Ellos     tampoco habían visto otro de su especie, al menos no uno  vivo. Y es que el Leopardus jacobitus (su nombre científico) está en peligro crítico de extinción. Claro que no se deja ver.
  
Capturado, el   felino fue entregado a la Gobernación de La Paz, que a su vez lo remitió al zoológico municipal Vesty Pacos. El 15 de marzo, sedado y en camioneta,  llegó   por primera vez un gato andino al zoo de Mallasa.

Fue bautizado como Jacobo, por su nombre científico. "En el zoológico fue sometido a todo tipo de análisis e incluso se mandaron pruebas a Chile para descartar infecciones virales. Es imposible saber si había estado en cautiverio pero su comportamiento silvestre indicaba que no”, explica la administradora del Vesty Pacos, Andrea Morales.  Jacobo era -dice la bióloga especialista en conservación- un candidato para ser liberado.

     Pero hasta hace seis meses no había un protocolo para la liberación de un animal salvaje en su hábitat. Nunca antes se había hecho de manera legal y por ello hubo  fracasos. Tras el cautiverio, varios ejemplares murieron rápidamente o contagiaron  enfermedades a su entorno. Se cuenta, incluso, de una organización que promocionó con bombos y platillos la liberación de un jaguar en Pando pero, ante la muerte  del felino camino al bosque,  compraron otro a cazadores para presentarlo como el original.   

Jacobo sin embargo iba a marcar un hito con su  liberación. Por tan  excepcional objetivo  se conformó un comité  en el que participaron el zoológico municipal Vesty Pakos, el Ministerio de Medio Ambiente y Agua, Wildlife Conservation Society, Alianza Gato Andino, Instituto de Ecología de la UMSA, Gobernación de de La Paz, Pofoma y la Asociación de Veterinarios en Fauna Silvestre. Nada menos.

 Desde el principio fue puntal de la misión la Alianza Gato Andino (AGA), una red internacional de científicos representada en Bolivia por Lilian Villalva. Esta bióloga menudita y de voz dulce es un referente en la especie.  

"El gato andino sólo vive en  cuatro países: Argentina, Bolivia, Chile y Perú.  En Bolivia está en peligro crítico, que es la categoría más alta de riesgo. A nivel del continente americano es el felino más amenazado.  Las causas  de ello principalmente se relacionan con la perdida y destrucción de  su hábitat  y el cambio climático”,  dice Villalba.

La aparición de Jacobo activó a la red AGA y desde Argentina se ofreció un collar con GPS para monitorear al gato andino una vez liberado. Para el seguimiento, se designó a Eliana Flores , de la Universidad  de San Simón. Mientras en el zoo, Jacobo era mantenido lejos de  la presencia humana, los especialistas eligieron  la quebrada Milluni (cerca de  la frontera con Chile) en el Parque  Sajama para la liberación.  

 El último  sábado de agosto, el Vesty Pacos despertó con inusual revuelo. A las 5:30, Jacobo fue sedado y, en una caja para mascotas,  instalado en una camioneta equipada con oxígeno y suero, al cuidado de dos veterinarios y dos biólogos.

  A las 6:30, el auto que llevaba al gato andino y otros seis de otras instituciones partieron en caravana desde  la Alcaldía. Poco antes, la directora general de Biodiversidad y Áreas Protegidas del Ministerio de Medio Ambiente y Agua, Teresa Pérez, había regañado a los fotógrafos que retrataron al felino, mareado e indefenso, que iniciaba el viaje.

 A las 13:00, la caravana llegó a su destino, tras cinco horas de viaje en carretera y  rutas de tierra, y 50 minutos de caminata. En   la quebrada de Milluni, con el fondo  del tata Sajama, excepcionalmente nevado, se erigen dos montañas  macizas. Entre ellas, un río con una cáscara de escarcha brota límpido y cantarino.

    "Aquí hay vizcachas y eso come el titi”, explica Rolando Zapana, jefe de protección del  Sajama. Con él trabajan seis guardias del SERNAP, seis para vigilar las  100.223 hectáreas del parque.

  Los periodistas somos acomodados en uno de los cerros. Es mediodía pero el viento  arrecia y empieza la espera. Una hora, dos, tres y ni visos de Jacobo. Especulamos para distraer el frío. ¿Qué pasó con el gatito? 

A las 15:20, a lo lejos se ve a seis caminantes que cargan una cajita. Llegan a la quebrada a las 15:40 y a la distancia apenas vemos sus siluetas. A las 15:45 abren la jaula y el felino sale raudo, mira atrás fugazmente y se pierde entre las rocas . A las 15:48 la Operación Jacobo  ha concluido con éxito.

       "El gatito no reaccionaba por la anestesia y por responsabilidad esperamos a que esté completamente repuesto”, explicará  después la directora de Biodiversidad después y lamentará "algunas fallas en el protocolo, que vamos a evaluar”.

Morales, la directora del zoo,  es  positiva. "Ha sido la primera vez que se ha hecho una liberación exitosa y se han dado los pasos para un protocolo”, dice en medio de la ofrenda a la Pachamama que celebró  el yatiri de la comunidad Sajama, Porfirio Laura. "Es de buena suerte el titi. Antes con él marcaban el ganado”, comenta. 

En los últimos días, los reportes de Jacobo indican que el gato se ha movido en la zona y ha cazado roedores. El final feliz para esta historia es saber que sobrevive  libre en el Sajama. Ojalá. 

 

 
 
 

 

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