Niños y niñas de América Latina luchan por el derecho al trabajo

En Bolivia la ley 548 del Código Niño, Niña, Adolescente prioriza la protección antes que la prohibición del trabajo de los pequeños.
lunes, 23 de octubre de 2017 · 00:00
J. Antonio Vásquez  / La Paz
 
Jimena Mamani Lazo, de 19 años, recuerda que desde niña empezó a trabajar en varios oficios que le hicieron entender que "conseguir algo en la vida” no es fácil. Desde hace tres años, ella forma parte del Movimiento Latinoamericano y del Caribe de Niñas, Niños y Adolescentes Trabajadores (Molacnats) que lucha por el derecho  al trabajo de este sector de la sociedad.  
 
Ella vive en el Distrito 7 de la ciudad de El Alto, en el barrio de Laguna San Roque, y  empezó a trabajar desde sus 10 años como mesera, ayudante de cocina, costurera y ahora se dedica a vender chompas en diferentes barrios. Gracias al apoyo de sus papás, logró desempeñarse en esos oficios con los que ahora puede apoyar económicamente a su familia. 
 
"El trabajo me ha ayudado a superarme, a tener conciencia y a madurar un poquito más para ver la realidad de lo que pasa en nuestra sociedad”, dice Mamani,  la mayor de cinco hermanos, durante el  Foro Internacional denominado Políticas Públicas con Infancias y Adolescencias Trabajadoras que concluyó el sábado.
 
Entre el 16 y  21 de octubre, en las instalaciones de la UMSA, niños, niñas y adolescentes trabajadores de México, Colombia, Perú, Venezuela, Argentina, Paraguay, Ecuador y Costa de Marfil,  junto a   expertos en políticas públicas y proyectos, de Europa,   analizaron  las prácticas y enfoques del trabajo de protección y defensa de derechos con la niñez trabajadora en el país.
 
En Bolivia la ley 548 del Código Niño, Niña y Adolescente prioriza la protección antes que la prohibición del trabajo de niños y niñas, lo que ha causado un intenso debate en este foro internacional.
 
"En Ecuador y en Colombia los niños no tienen derecho a trabajar. En Bolivia se ha logrado modificar el código del niño, no en su totalidad como queríamos”, señala el orureño Eddy Dávalos, de 18 años, que empezó a trabajar de albañil a sus 11 años para costearse los estudios.
 
A sus seis años, Nadia Mendoza Rodríguez, de 16, trabaja en un taller familiar donde embolsaba mochilas y las ordenaba por tamaño. "Yo lo hago porque necesito el dinero y aportar a mi casa porque mi papá falleció y mi mamá tiene deudas”, agregó.
 
El coordinador de Molacnats, Francisco Tierribia, expresó que el principal objetivo de la entidad es concienciar a  la sociedad para que entienda que "hay  una diferencia entre trabajo de los niños y adolecentes en una empresa y la explotación”.
 
"Exigimos que los Estados de la región puedan impulsar políticas públicas en las que se pueda reconocer la voz de las niñas y niños trabajadores durante la elaboración de leyes y reglamentaciones”, manifestó Tierribia.
 
El paranaense Dani Cleu, de 19 años, contó  que, gracias a un programa del Gobierno brasileño,  tuvo la oportunidad de trabajar a sus 15 años. "Nosotros tenemos derecho al trabajo”, añadió.
 
Para el peruano Ángel Rodríguez, de 15, que empezó a trabajar desde sus siete años, el trabajo es un lazo familiar importante. "En la relación entre padre e hijo que se ve en todo el mundo siempre hay un vínculo que los une, y ese es el trabajo”, agregó.
 
"En Perú y en Latinoamérica el vínculo del trabajo une a la familia. Las personas tienen que tomar conciencia y saber que nosotros también tenemos voz”. 
 
El peruano Ángel Rodríguez
 
"Hemos visto que la reglamentación (de la ley 548 del Código Niño, Niña, Adolescente) no está a nuestro favor según el análisis que hemos  hecho”.  
 
El orureño Eddy Dávalos
 
"Los niños trabajamos porque queremos tomar una experiencia de vida y que en un futuro esto nos sea de provecho. Me siento muy orgullosa de trabajar”.  
 
La paceña Nadia Mendoza
 
"Creo que (el trabajo) no es una necesidad, pero sí es una forma de vivir en la que las personas se desenvuelven y luego se vuelven independientes”.   
 
El brasilero Dani Cleu
 
"En uno de los trabajos que tuve, a los dueños no les importaba si estudiaba; no me daban tolerancia. Eso me afectaba en mis estudios y  notas”. 
 
La alteña Jimena Mamani
 
 

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