Ocho tentaciones del alcohol para jóvenes y cómo evitarlas

Dos psicólogos analizan los motivos del consumo de alcohol en adolescentes y sus consecuencias. En Bolivia, 5% de la población empieza a beber antes de los 13 años.
lunes, 18 de diciembre de 2017 · 00:04

Página Siete / La Paz


El ocio,  las vacaciones y el ambiente festivo de fin de año pueden aumentar la probabilidad de consumo de alcohol en menores de edad. Expertos explican estos riesgos, sus consecuencias en jóvenes  y dan consejos para evadirlos.  


 En Bolivia,  al menos cinco de cada 100 menores de edad empiezan a consumir alcohol antes de los 13 años; y el 23% de la población,  antes de los 24 años, según el II Estudio Nacional de Prevalencia y Características del Consumo de Drogas en Hogares Bolivianos,  realizado en 2016.


  La psicóloga clínica especialista en terapia y consejería familiar y de pareja Ángela Ríos, y el psicólogo clínico, pedagogo y terapeuta Germán Vargas  exponen ocho  situaciones que aumentan la probabilidad de consumo de alcohol en menores.


 1. Solos o sin  supervisión 


El descuido de los tutores puede ser una incitación al consumo de bebidas alcohólicas a temprana edad. Ante esto, afirma la psicóloga Ángela Ríos, “lo primero es que exista una buena relación familiar y una mejor comunicación. Conversar sobre el tema y dar  ejemplo es lo importante”.


Los padres ven con preocupación adicional que cuando sus hijos beben, consumen bebidas adulteradas e ilegales. “Si sin ser adulteradas  ya provocan tantos daños, el consumo de bebidas alcohólicas adulteradas puede ser fatal”, indica la psicóloga.


Las bebidas adulteradas afectan el sistema nervioso central, destruyen la mielina, tejido que recubre  los nervios y evita que éstos se comuniquen. Pueden provocar desde ceguera hasta la muerte, por la disminución en la actividad del sistema respiratorio y cardiovascular.


2. Como juego aprendido


En ocasiones,  los adolescentes empiezan a beber a manera de juego e imitando lo que ven dentro y fuera de casa. Para evitar esta situación, conviene motivarlos a “dedicar el tiempo en actividades que disfruten, ya sean recreativas, familiares, de ocio sano o de desarrollo personal”, recomienda el psicólogo  Vargas.


Ríos recalca que en la adolescencia algunas estructuras cerebrales no han terminado de desarrollarse, por lo que pueden ser dañadas por el alcohol. “Los lóbulos frontales, que son los encargados de que podamos detenernos a pensar antes de actuar,  a tener conciencia social y a controlar el instinto agresivo y el sexual, aún no están en pleno funcionamiento”, advierte.


3. Por curiosidad


Muchos adolescentes usan el alcohol como medio de exploración de sus estados emocionales  y así disminuyen la culpabilidad y la responsabilidad de sus actos.


“Como consecuencia de estas prácticas, los menores  se exponen a sufrir de depresión, sentirse culpables o empezar a depender del alcohol para encontrar emociones agradables. Obviamente también hay consecuencias sociales, familiares y escolares”, señala Vargas.


Ante ello impera la necesidad de “la buena comunicación, el amor filial y que la familia fortalezca la seguridad, identidad, autoestima, autocontrol, capacidades, etcétera, que fomenten una personalidad que sea capaz de decidir ante las bebidas alcohólicas”, dice Ríos.


4. Por influencia de pares


Sobre todo los mayores de 13 años -cuando están con amigos- sufren presión de sus pares, que llegan incluso a obligarlos a beber.  A esto se suma que la adquisición de alcohol  es “sumamente” fácil, a pesar de las leyes al respecto, alega la psicóloga.


Los padres  pueden  fortalecer la autoestima del adolescente, apoyando sus criterios y la capacidad de autodeterminación a la hora de decidir y actuar. También pueden darle información sobre lo que el consumo de alcohol  causa en  adolescentes, afirma el  pedagogo.


 5. Por estatus en el grupo 


Este punto tiene  relación con el anterior, pero va un paso más allá porque implica la presión social. Los menores de edad temen ser excluidos de sus grupos de pares, amigos y otros.


Muchos consumen alcohol para adquirir un estatus en sus grupos. Esto se debe a que la adolescencia es un periodo de cambios, inestabilidad y búsqueda de la personalidad, explica Ríos. Vargas aclara que esta condición no discrimina género. 

 6.  Sin otras cosas que hacer

 Todo adolescente debe tener tareas u obligaciones  (a manera de unidad y cooperación familiar). Hay que motivarlo a realizar actividades deportivas, creativas,  en las que desarrollen sus aptitudes, refuercen conocimientos, y que no necesariamente implican gastos económicos.


También es preciso que los padres pongan reglas establecidas respecto a salidas, horarios, gasto de dinero y saber siempre dónde se encuentran.


7. Familiares alcohólicos


El ejemplo dice más que 1.000 palabras. Parece redundante, pero los padres, abuelos y tíos son responsables del consumo de bebidas alcohólicas en los menores, dice la psicóloga.


“Hay que fomentar una educación conjunta con la escuela que  reconozca los talentos de los menores, trabaje en equipo, inculque habilidades asertivas,  y, en definitiva, refuerce las habilidades  que necesitan  los jóvenes para sobrevivir a una cultura alcohólica y consumista es la salida”, agrega la terapeuta familiar.


8. Problemas familiares


Muchos menores de edad beben como una forma de huir de sus problemas familiares o emocionales.

Esto trae consecuencias  significativas como: baja autoestima, dificultad en sus relaciones personales, carencia de dignidad y peligrosa influenciabilidad, indica Vargas.


“Beber es un medio a través del cual olvidar o intentar sentirse mejor, ya que los adolescentes no saben gestionar sus emociones adecuadamente, no saben tolerar la frustración y el alcohol puede ser un medio para intentar superar ciertos miedos, una técnica (muy limitante) para no pensar en problemas sin resolver, un medio para no sentir dolor, etcétera”, asevera Ríos.

 
 

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