Peregrinos ignoran sus dolores y ampollas para llegar a Tiquina

“Mi fe hacia la mamita me mueve”, con esa frase explican los fieles católicos sus razones para realizar su dura caminata hacia el Santuario de Copacabana.
viernes, 14 de abril de 2017 · 02:03
 Wendy Pinto  / Tiquina

"Tengo los pies adoloridos y la espalda contracturada, pero vale la pena venir por la mamita de Copacabana. Con ésta son 49 veces que vengo y lo seguiré haciendo aunque tenga ampollas”, aseguró don Javier Centellas, de 61 años de edad, que se encontraba en una carpa de la Cruz Roja Boliviana (CRB)  ubicada en Compi.

Recostado en una cama recibía un masaje muscular con una pomada antiinflamatoria, debido al dolor que sentía en sus piernas. Con la mirada en un punto fijo, sonrió al recordar su primera peregrinación. "Tenía 13 años, fuimos con 16 amigos (ríe) y llegué a Huarina llorando, todos se rieron de mí, era algo muy feo desistir, así que continué y llegué a Copacabana”, contó.

A partir de esa experiencia, que fue por diversión, él empezó a ser devoto de la Virgen de Copacabana. Con todos los años de peregrinación, él ahora asegura que ella  es milagrosa. 

Metros más adelante, con gafas oscuras y bloqueador solar en el rostro, Erwin Espinoza  caminaba solo, a pesar de que vino con su hermana y sus amigos, porque lo hizo sin  descanso. 

Se envolvió las rodillas con chalinas de lana para no sentir el frío y dijo que tenía seis ampollas en los pies, pero que no las quería tratar porque quería llegar a las 19:00 a Tiquina para acampar. "Los pies ya no te dan, el peso de la mochila cansa y el frío te pasa, esta caminata es durísima, sólo es para los que tengan fe de verdad”, indicó.

Son 17 años que Erwin peregrina y afirma que la Virgen cumple todos sus pedidos. "He pedido que me dé una esposa y dos hijos, y me los dio, ¡peregrinaré hasta que las fuerzas me digan ya no más!”, exclamó.

El sol del mediodía resplandecía y a pesar de que en el cielo habían muchas nubes,  el calor sofocaba a los peregrinos, quienes al ver puestos de  venta de comida en el camino apresuraban el paso. "Casera véndeme agüita”, "¿qué platitos de comida tienes?”, "¿tienes durazno?”, "dame dos sándwiches para llevar”, eran las frases plenas de apetito  que se oían en los improvisados puestos de venta.

Descansaban de 15 a  45 minutos y retomaban la marcha. Los ciclistas hacían su parada y sin importarles quienes los rodeaban, se lanzaban al césped, jadeantes, como si fueran a morir. Se frotaban los ojos y no se movían hasta recobrar las fuerzas. Cuando volvían en sí, se reían de los amigos que también se lanzaban agotados al pasto. 

Una pareja de jóvenes esposos pedaleaban  sus bicicletas con todo su vigor. Partieron a las 6:00 de ayer desde la tranca de Río Seco. Para Patricia Yujra fue muy dificultoso porque era su primera vez, en cambio para su esposo Javier Choque era sencillo. Con el rostro enrojecido, Patricia tomaba a cada instante sorbos de agua. "Estoy muy cansada,  me salieron ampollas en las manos por manejar, pero mi fe hacia la mamita me mueve”, dijo.

Otros ciclistas los pasaban velozmente, su esposo acomodó las frazadas debajo del asiento de la bicicleta. "Pediré salud para toda mi familia”, dijo.

Más adelante, con paso firme se encontraba Nelly López, una joven de 30 años de edad, quien escuchaba en sus audífonos música religiosa en conmemoración a la Semana Santa. Cubierta con un sombrero de ala ancha y una colorida pañoleta aseguró que ya había pagado por todos sus pecados la noche anterior.

"Llevé un mate en mi botellón, acampé y me dormí porque estaba agotada, desperté en la madrugada con un frío tremendo; todo el mate se derramó en la parte izquierda de mi cuerpo, estaba mojada, ahí me he arrepentido de todos mis pecados, hasta de los que recién voy a cometer”, dijo entre risas.

Un espacio para el almuerzo

Al llegar a Huarina, varios peregrinos hicieron una masiva parada, las caseritas ofrecían la variedad de pescados del lugar: trucha, pejerrey, ispi, k’arachi y mauri. También hubo otros platos sin carne roja, como papas a la huancaína  y cochayuyo.

El líder del grupo SAR Illimani de la Fuerza Aérea Boliviana (FAB), Ariel Uruchi, se puso de pie y dijo a su tropa: "Es hora de continuar”. Los jóvenes, después de haber almorzado, se pusieron de pie y continuaron.

"¡Ya recargamos pilas con el almuerzo, vámonos!”, dijeron el resto de los peregrinos.

Tradición familiar

La familia Churqui caminaba sin parar en el lugar conocido como las Tres Marías, cerca de Tiquina. Los niños jugaban con las ramas y se jaloneaban las gorras alrededor de sus padres, mientras éstos charlaban. 

Don Edwin Churqui aseguró que la peregrinación era tradición familiar, que ahora él y sus hermanos transmiten a sus hijos. "Inculcamos todo esto para fortalecer nuestra fe y la tradición familiar, que es escaparnos de la ciudad y respirar aire fresco. La meta de este año es llegar a Tiquina a las 19:00 y acampar con todos los Churqui, debemos ser como 15 personas”, reiteró.

Don Edwin dijo que con el pasar de los años la caminata se hace más pesada y que le salieron más ampollas que cuando era joven, pero que lo vale por la devoción a la Virgen.

Un pedido especial

Mascando coca y con los pies llenos de ampollas, Jefferson Ulloa León  caminaba concentrado a un lado de la carretera. Muy devoto en la Virgen de Copacabana aseguró que tenía dos pedidos especiales: uno por la salud de sus mellizos recién nacidos y otro por la libertad de su tío. "Mi fe es muy grande, venir aquí es muy especial. Voy a pedir por mis hijos y por  la libertad de mi tío Eduardo León, que se haga justicia”, afirmó y continuó. 

Peregrinos en cuatro patas

Con un año de edad, Beto caminaba jadeante con toda la fatiga que le provocó el sol, pero aún tenía fuerzas para levantar sus cuatro patas. "Es un San Bernardo y es la primera vez que nos acompaña”, aseguró Sergio Titi, dueño del can.

Su hijo Willy dijo que la caminata era un poco más cansadora que las anteriores porque estaban con Beto y porque vinieron desde Ventilla la noche del miércoles. Sus hermanos alentaban a  Beto para que no se dé por vencido. Llegó a Tiquina a las 18:00.

 En ese lugar, muchos fieles pasan al otro extremo para continuar  hacia el calvario de Copacabana, otros decidieron acampar para retomar el peregrinaje en la madrugada. Algunos se dan por vencidos y vuelven a sus hogares, otros cumplen  tres años  de peregrinaje, desisten y nunca más regresan. "Todo se debe a la fe que uno tiene”, coincidieron.

La mayoría coincidió en decir que la cantidad de fieles se redujo en relación con otros años.

 

 

 
 
 

 

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos

115
52

Otras Noticias