Una joven locomotora revivirá las glorias ferrocarrileras de Guaqui

Tuvo la primera estación de trenes y fue puerto internacional. Hoy, Guaqui se lanza como destino promoviendo su historia con un complejo de museos.
domingo, 16 de abril de 2017 · 01:45
Leny Chuquimia /  Guaqui 
 
 Imponentes, tres locomotoras descansan en  la maestranza  de la que  fue una de las terminales férreas más importantes  del país y, a pesar de  sus años,   brillan como si fueran nuevas. La más pequeña y nueva de todas -la "Zorrita”- se  alista para  iniciar sus  recorridos turísticos y desempolvar los rieles de Guaqui después de tres décadas. 
 
Inicialmente la joven locomotora hará viajes turísticos al interior  del municipio lacustre paceño. "Y si todo sale bien, por qué no,  podría llegar hasta Tiwanaku”, señala en medio de las enormes máquinas la guía del museo de trenes de Guaqui, Fanny Tórrez.
 
"Esta es nuestra pequeña”, dice y muestra a la "Zorrita” en el enorme galpón. Ha sido  prácticamente construida por don Lucio (Vargas), que es uno de los trabajadores que desde hace años  da mantenimiento a las máquinas. Por eso las locomotoras parecen inmunes al   tiempo.
 
"Cuando empiece sus recorridos va a  pasar por el pueblo. La idea es  que los visitantes puedan  recorrer los alrededores y disfrutar del paisaje que tenemos en Guaqui”, asegura Tórrez.
 
Museo de trenes
 
Junto  a la pequeña locomotora "Zorrita”  están    la "Illimani 6”, que -aunque jubilada- fue utilizada en el rodaje de la película Los Andes no creen en Dios (Antonio Eguino, 2007), y la     "Santa Fe”, que fue llevada  al museo desde Tupiza.  "Es la más grande, pero   no hizo recorridos en Guaqui”.
 
 
El museo de locomotoras es parte de los cuatro repositorios  inaugurados en Guaqui en  2014 y el más visitado.  Tras sus muros de calamina y madera se conservan mobiliario, máquinas  y herramientas que eran utilizados para el mantenimiento  de los trenes cuando éstos aún funcionaban: hasta fines del siglo pasado.
 
 Este repositorio de Guaqui también    guarda un pedazo de la memoria de La Paz: cuatro de los ocho tranvías eléctricos que funcionaron en la sede de Gobierno durante décadas hacia 1900. Bien conservados,  esos vagones  invitan a un viaje al pasado.
 
"El castigo del Tata Santiago”
 
En 1986, un desborde del lago Titicaca inundó por completo el taller de maestranza de Guaqui y paralizó  las operaciones de esa estación de trenes. Tras la emergencia  vino la privatización. 
 
Los lugareños atribuyen aquel evento a un castigo del patrono del pueblo: el Tata Santiago. El santo justiciero fusiona la imagen occidental del apóstol de Cristo con la de la divinidad andina del rayo:  Illapa.
 
 
Milagroso y temperamental, así lo definen sus devotos. "Con su espada  de rayo él castiga, por eso le pedimos justicia. Pero si le haces renegar, ahí tienes que prepararte ”, asegura Rosa Aruquipa, una de sus fieles.
 
  Sabedores de su genio, los devotos llegan a la iglesia de Guaqui exclusivamente para verlo. Entran por el pasillo central, le dejan flores, velas y una plegaria. Sin perder de vista su altar,  salen  caminando de  espaldas.
 
En el pueblo aseguran que la morenada es la danza exclusiva del Tata. Pero el año  de la gran inundación una fraternidad  rompió  la tradición. "En esa fiesta patronal una de las comparsas  bailó tinku en transgresión a los gustos del celoso Tata”, explica Fanny.
 
Esa afrenta  causó su enojo. "Dicen que él hizo crecer las aguas del Titicaca, que inundó todos los galpones de la estación y parte del pueblo”, relata.    
 
En el museo de Guaqui  el Tata  tiene un lugar especial. Junto a varios retablos tallados a mano, hay  dos imágenes de yeso  de Santiago de 20 centímetros de alto cada una, que datan de épocas republicanas.
 
 Una de ellas llama la atención. Con  rostro brillante, el Tata mira por debajo de un sombrero de lana de oveja. Un colorido poncho tejido a mano  cubre su traje militar. En la mano izquierda levanta una espada y un chicote.
 
Entre diablos y morenos
 
El complejo de museos  también dedica una de sus salas a  las tradiciones y la vida cotidiana de Guaqui. Un amplio pabellón se dedica exclusivamente a  una colección de máscaras y trajes antiguos de diferentes danzas nativas y criollas de la región. Desde las vitrinas, decenas de ojos redondos y desorbitados dan la bienvenida a los visitantes.
 
Todas las máscaras son parte de  una colección privada que fue donada por la Fundación Cultural Quipus, dirigida por Peter Mc Farren. Elaboradas  en  yeso y con cuernos de madera, hay caretas de diablo que datan de 1800.
 
Detrás de ellas, como en un bloque en plena   entrada folklórica, una docena de trajes de moreno  parecen bailar. Las antiguas máscaras -casi irreconocibles en relación con    las actuales- tienen   coronas plateadas y caras   oscuras. Los ojos prominentes se acomodan a los costados. La  lengua y el labio inferior   cuelgan  en  una sonrisa descomunal.
 
Hay vitrinas que exhiben  trajes de llameros, kusillos y ch’utas y muestran los cambios en los atavíos de estas danzas a través del tiempo. Cierra la muestra el traje del mítico J’acha Tata Danzante  de Achacachi. 
 
Esa máscara exhibe unos dientes filosos que sobresalen de una boca sin expresión. Pesa más de cinco kilos y las historias dicen que quien bailaba con ella acababa quebrándose el cuello.
 
 De los trenes a los navíos lacustres 

La ruta de ferrocarriles Guaqui-La Paz fue la primera línea férrea implementada en Bolivia en la primera década del siglo XIX. Durante la presidencia de José Manuel Pando también se construyó el   Puerto Mayor Lacustre de Guaqui, donde  funciona hasta hoy la Escuela Naval.   
 
Ubicado a orillas del lago Titicaca, este pueblo  se convirtió en el articulador más importante de la región.  La estación de trenes y el  puerto  eran la conexión para el paso de  mercadería y personas desde y hacia  Perú.
 
 
Tras el auge de las vías terrestres y aéreas, la experiencia de la conexión entre  los rieles a la navegación hoy se recupera por  medio de un buque multipropósito. De construcción completamente boliviana, el navío militar y de investigación científica también  incursiona en el turismo.
 
"Este es el buque Mosoj Wayna, es una unidad representante de la Armada Boliviana. Con orgullo podemos decir  que esta hermosa embarcación  fue  hecha en Bolivia con propósitos no sólo institucionales sino de apoyo social”, dijo el teniente de navío José Luis Huacote, encargado de comercialización.
 
El buque navega ya hace 10 años. Inicialmente estaba destinado a dar capacitación a los marineros y  apoyo técnico  de las FFAA.  Desde hace unos años, es el atractivo de  paquetes turísticos. 
 
Pero también ha empezado con los viajes lacustres comerciales. Su salón es alquilado para diferentes eventos: desde seminarios, reuniones ejecutivas hasta bodas, bautizos y renovaciones de votos. 
 
El costo de un viaje del  buque Mosoj Wayna  para una boda, por un lapso mínimo de cinco horas, tiene un costo de 10.000 bolivianos. "Los interesados pueden armar sus paquetes  con lo que tengan destinado como presupuesto. Acá también tenemos   opciones de menú y otras”, sostuvo   Huacote.
 
Dónde está  Guaqui
  • Distancia  Está a 92 kilómetros de la sede de Gobierno. El recorrido por carretera demanda dos horas.
  • Museos La entrada a los museos es de 10 bolivianos para adultos nacionales; tres para niños y 30 bolivianos para visitantes extranjeros.
  • Gastronomía  En el pueblo se puede comprar queso fresco y consumir platos hechos a base de  pescado. La cafetería del complejo de museos ofrece desde mates, galletas hasta  platos de comida al gusto.
  • Paquetes La empresa estatal BOLTUR cuenta con paquetes turísticos para  Guaqui. Estudia un  nuevo recorrido que integre este municipio con Tiwanaku y Taraco.

 

 
 
 
 

 

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