Rocha, el río contaminado que aún alimenta plantas y animales

En las riberas del afluente que atraviesa la ciudad de Cochabamba sólo se observan charcos de agua negra, rodeados de escombros y pañales sucios. Algunos lavan ropa en ese río.
domingo, 14 de octubre de 2018 · 00:04

Wara Arteaga / Cochabamba

“Aquí vienen a lavar ropa”, dice Valeria Jhon, una mujer que vive en una zona muy cercana al río Rocha, que cruza el centro de la ciudad de Cochabamba. Asegura que ya se acostumbró al aspecto del cauce, pero cree que lavar ropa con aguas de este caudal contaminado es inaceptable.

El río Rocha tiene una extensión de 68 kilómetros y atraviesa el 76% del departamento de Cochabamba. Según el último informe de la Contraloría, la contaminación se encuentra en todo el transcurso de este caudal. Investigadores y vecinos coinciden en que este cauce ya es insalvable.

Página Siete visitó la ciudad de Cochabamba e hizo un recorrido por las riberas del Rocha. A simple vista, conforme el caudal entra al Centro de la Llajta, el agua se vuelve más oscura y tiene mal olor.

La visita de este medio comenzó a unos pasos del Cine Center de Cochabamba, donde se encuentra un puente. En el lugar, los vecinos caminan a paso rápido y mirando a los costados, perturbados un poco por el olor y otro poco por la imagen que ofrece el caudal. Se observan charcos de agua negra, rodeados de pañales sucios, llantas, latas, escombros e incontables desechos que desprenden un olor fuerte.

Mónica Tórrez, una vecina que todos los días pasa por el puente para ir a la universidad, cuenta que “el mal olor del río es insoportable y es más fuerte cuando hace mucho calor”, comenta.

Este río nace en la cordillera de Tiraque; llega hasta Capinota, donde se junta con los ríos Tapacarí y Arque para confluir con el Caine. Recorre 10 de las 16 provincias y 24 de los 47 municipios de Cochabamba. De acuerdo con el Censo del año 2012, el 75,23% (1.322.696 personas) del total de la población de este departamento, habita en torno al afluente.

En la avenida Uyuni, el Rocha sigue su paso. Cerca del lugar se ven muchos perros que descansan en la tierra o en las orillas del cauce, rodeado de basura. “Traen a vacas y burros para que tomen del agua”, dice Tórrez, sobre la presencia de otros animales que consumen agua contaminada.

Según los resultados de la aplicación del Índice de Calidad del Agua (ICA), las aguas del río Rocha están entre malas y muy malas, con índices de calidad que oscilaban entre 20 y 30, valores que se encuentran por debajo del mínimo establecido (51) que corresponde a aguas de calidad media.

Ese estudio determinó que el afluente cochabambino tampoco cumplía las condiciones de un cuerpo de agua clase B; por lo que sus aguas no son aptas para el uso agrícola.

La inseguridad es también otro problema de los vecinos que viven cerca del río Rocha. Debajo del puente de la avenida Santa Cruz, se divisan algunas sombras, son personas, algunas sentadas y otras paradas. Todas indigentes.

“Antes había un policía que hacía guardia”, comenta Jhon. Añade que aunque ya no se cuenta con la presencia del uniformado, de día no hay tanto peligro como de noche.

Frente al estadio Félix Capriles el panorama es diferente. El color del agua cambia de negro a verde oscuro. Ya no hay tantos desechos y la gente duerme en las orillas del lugar, en una jardinera bien cuidada.

De hecho, dos funcionarios se encargan de regar el pasto del jardín con una manguera conectada a una bomba que extrae el agua del río. “El río está limpio”, asegura Marta Rivas, una mujer que vive cerca de 60 años cerca en el lugar. “Antes estaba lleno de basura”, compara.

En junio de este año, se realizó la primera campaña de descontaminación y recuperación del espejo del agua del río Rocha y se contó con la participación de siete municipios que forman parte de la región metropolitana. La iniciativa ya se realizó tres veces.

“Las jardineras se riegan con agua del río. Ese mismo pasto es consumido por las vacas, algunos traen a su ganado para comer en el lugar”, lamenta la vecina Graciela Ortuño, quien asegura que la carne de los animales es luego consumida por los pobladores.

Con ayuda de una bomba, riegan las jardineras del parque.
Fotos: Marco Aguilar / Página Siete

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