Ontiveros, la joven que “regala ” una escuela de robótica a El Alto

Participó desde sus 13 años en competencias internacionales de robótica. Fundó un centro para enseñar a los niños alteños desde computación hasta cómo crear robots.
miércoles, 16 de mayo de 2018 · 00:04

Wara Arteaga / La Paz

Cuando Priscila Ontiveros, una estudiante de sexto de secundaria, habla con los niños,  lanza una pregunta  a los pequeños.  “¿Alguno de ustedes sueña con visitar la NASA?”. Segundos después, la joven  responde: “ Yo he visitado la NASA, conozco a un astronauta y no es imposible”.

La pregunta es  clave  en todos los cursos que dicta Ontiveros, pero  más  en la ciudad de El Alto, donde las clases de robótica, matemáticas y computación son un lujo para algunas familias.  Y ahí, en la urbe más joven del país, la joven fundó una escuela de robótica para   apoyar a los niños  que  sueñan con ir a la NASA.   

De ojos grandes, tez morena y una enorme sonrisa, la joven de 17 años,  recuerda que le gustaba construir objetos  desde pequeña. Desde los 13 años, Ontiveros   participó  en cuatro torneos internacionales, ganó los últimos tres.  Su primera oportunidad fue en Chile, el año 2014,  cuando su  equipo se destacó como mejor diseño de robot. Pero ella y sus compañeros  no ganaron.  “Teníamos las mismas piezas, los mismos equipos, lo que nos diferenciaba era el tiempo de práctica”, reconoce ahora. En La Paz, la robótica es un pasatiempo para los estudiantes, en otros países es una  materia que requiere mucha dedicación,  dice.  

De esas experiencias, la joven  aprendió a perseverar. Aunque dicta clases a niños de escuelas y en cada curso busca motivar  para  que los pequeños estudien   robótica, también destaca que para conseguir varios logros  hay que aprender de la derrota. “He perdido más veces de las que he ganado”, resume  de esa manera su trayectoria. Su esfuerzo valió la pena ya que en 2016 ganó una beca  y se fue a la NASA. 

   En sus primeras derrotas, la joven inició un camino de autopreparación. Ni bien terminaba las clases   del colegio,  iniciaba  sus prácticas para  explorar el mundo de la  robótica   hasta las 22:00. Luego,   inició cursos de capacitación  a niños de escasos recursos en El Alto. 

“No hay duda de que hay talento”, dice orgullosa cuando se refiere a la fundación de  First Lego League Cowork, el año pasado en   El Alto. Vive por Mallasa y cada vez que sube a Ciudad Satélite, donde se encuentra el centro, viaja  por más de dos horas para dar los cursos. 

Al principio daba clases gratis en  los distintos distritos de El Alto. De  ahí nació la propuesta de  fundar la escuela. “Era como una idea, hay muchas ideas locas  que se me ocurren. Dije: ‘hay que hacerlo’”. 

 Este centro tiene diversos ambientes, salas de realidad virtual, televisores plasma que funcionan con bicicletas y sillones  con diversas entradas para que los estudiantes conecten  sus computadoras mientras descansan en la recepción. Cada niño puede acceder a material y equipos propios, sin compartir, todo esto sucede al interior de un escenario que simula ser una nave espacial. Así lo soñó Priscila, el mayor reto para lograr su meta  fue conseguir el dinero. 

Ella tenía 16 años cuando llegó a las oficinas del empresario Samuel Doria Medina. “Hice una presentación para exponerle mi idea, mi papá me acompañó”, recuerda Priscila, quien destaca la ayuda  de sus padres.  

Como muestra de ese apoyo que recibió del empresario, una pared con su imagen  destaca en el auditorio del centro de robótica que ya tiene más 100 de alumnos. 

Los niños aprenden de forma personalizada y  el pago de su ingreso es similar al de una membresía. Ellos van en su tiempo  libre, en las tardes o por las mañanas. Se quedan las horas que deseen permanecer en ese sitio. “A veces me sorprenden mucho, porque cuando les doy las piezas de lego ellos arman los prototipos de diferentes maneras. Yo también aprendo de ellos”, dice Priscila, quien  divide su tiempo  entre las clases y su preparación para  ingresar a la universidad. Quiere ser ingeniería aeroespacial.

 

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