América Latina reaviva debate sobre aborto: 3 países lo prohíben y 3 lo despenalizan

En los países con legislaciones que prohíben o condicionan la práctica, la mortalidad materna es un problema creciente, al igual que el alza de embarazos peligrosos que se convierten en un tema de salud pública.
lunes, 20 de agosto de 2018 · 00:04

Leny Chuquimia / La Paz

De los 18 países de América Latina, tres despenalizan el aborto mientras que otros tres lo prohíben totalmente. El resto, entre ellos Bolivia, restringe la interrupción del embarazo hasta por cuatro causales. Por ese motivo, muchas mujeres optan por abortos clandestinos, que son catalogados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como “nada seguros”.

Según un estudio de esta institución y el Instituto Guttmacher, publicado en septiembre de 2017, entre 2010 y 2014 en el mundo se realizaron 25 millones de abortos “peligrosos” por año. El 97% de ellos, en países en desarrollo de África, Asia y América Latina.

“Cuando las mujeres y las niñas no pueden acceder a servicios eficaces de anticoncepción y a aborto seguro, hay graves consecuencias para su propia salud y la de sus familias. Pese a la evidencia y a los recientes avances en materia de tecnología, siguen produciéndose demasiados abortos peligrosos y demasiadas mujeres continúan sufriendo y muriendo”, dijo Bela Ganatra, autora del estudio y científica del Departamento de Salud Reproductiva e Investigaciones Conexas de la OMS.

En Bolivia, de acuerdo con datos del Estudio de Mortalidad Materna y del último censo poblacional, el aborto inseguro es la tercera causa de mortalidad materna. Ese dato fue parte del debate sobre la ampliación de las causales para la interrupción voluntaria del embarazo (IVE) sin pena legal, establecido en el proyecto del nuevo Código Penal. La norma fue aprobada pero nunca entró en vigencia.

Legalización y clandestinidad

A nivel mundial, actualmente cinco países mantienen la prohibición total de la IVE: Malta, el Vaticano, El Salvador, Nicaragua y Honduras. Los tres últimos están en América Latina.

En esta región otros 12 países restringen la práctica a causales como la violación, el incesto, la inviabilidad del feto, el peligro de la vida de la madre u otras. Sólo Uruguay, Cuba y México lo han despenalizado totalmente.

Los datos de la OMS dan cuenta de que la tasa anual de aborto más alta entre 2010 y 2014 se registró en el Caribe con 59 por cada 1.000 mujeres en edad reproductiva. Le siguió América del Sur con 48 abortos por cada 1.000 mujeres, cifra muy por encima de las tasas de América del Norte con 17 y Europa del oeste y del norte, con 16 y 18 respectivamente, continentes donde el aborto es legal.

Argentina y la lucha migrante

Con 38 votos en contra, 31 a favor y dos abstenciones, el pasado 9 de agosto el Senado de Argentina rechazó el proyecto para legalizar el aborto. La jornada movilizó a miles de mujeres de todas las edades a favor de la norma. El símbolo de la campaña fue un pañuelo verde, confeccionado en una cooperativa textilera de mujeres migrantes.

“Si bien acá en Argentina la práctica del aborto es criminalizada para todas las mujeres, particularmente en el caso de las migrantes tiene una carga de racismo y xenofobia. Eso hace que sea más restrictivo, complejo y violento. Muchas, por temor a ser discriminadas o denunciadas, simplemente deciden ir a los lugares clandestinos”, dice Delia Colque, boliviana de nacimiento y miembro del colectivo “Ni una migrante menos” en Argentina.

Señala que esta carga doble para la mujer extranjera se debe a los cambios en políticas migratorias asumidos por el Gobierno. “Acá se han construido leyes exclusivas para nosotros, los migrantes”, asegura.

Por la clandestinidad no hay datos, pero el colectivo calcula que cerca del 40% de las mujeres que mueren en Argentina por abortos clandestinos son extranjeras. “Son mujeres sin documentos, pobres y sin recursos para un aborto seguro o que simplemente tienen miedo”, explica.

En contraparte, Uruguay es un referente en cuanto a la legalización de la IVE. En cinco años de vigencia de la norma de despenaliza ción, ese país se ha convertido en el segundo con la tasa de mortalidad materna más baja del continente y los embarazos no deseados se redujeron en un 8%. Sin embargo, sólo pueden acceder a este derecho las uruguayas de nacimiento o aquellas que tengan la radicatoria “por lo menos temporal”.

“Acá (en Argentina) no es así. Por eso nosotras, como migrantes, nos hemos unido a las movilizaciones, para que sea para todas sin importar su condición o su nacionalidad”, dice Colque.

El sistema de salud boliviano atiende diariamente a 115 mujeres por abortos peligrosos

Según datos del Ministerio de Salud, a diario, 115 mujeres llegan a los diferentes hospitales públicos, privados y de seguridad social de Bolivia por abortos mal realizados. Hemorragias, restos e infecciones son las principales complicaciones de los procedimientos hechos en malas condiciones y casi siempre en secreto.

En 2013 una cifra similar fue arrojada por un estudio de la investigadora estadounidense Natalie Kimball y una red de médicos de organizaciones no gubernamentales (ONG) que trabajan en el tema. El documento explicaba que por la penalización las mujeres consumían hierbas para expulsar el feto o se provocaban hemorragias rodando por gradas.

La OMS ha clasificado a las IVE en seguras, menos seguras o nada seguras. Las primeras son los realizadas por personal formado y con uno de los métodos recomendados. Las menos seguras son aquellas que sólo cuentan con uno de estos criterios. En las nada seguras ninguna de las dos condiciones se cumple.

“Después de darle el dinero, la enfermera hizo una llamada y me llevó a una habitación oscura donde había una camilla en la que esperé al médico. El lugar estaba al final de un pasillo sin luz y sin ventanas. Recién me di cuenta que nadie sabía dónde estaba, que si algo me pasaba estaría sola”, cuenta Ana María (nombre ficticio).

No la anestesiaron. Sólo le dieron una pastilla que le dijeron era un calmante y relajante. Fue incómodo y doloroso.

“Cuando todo pasó, el doctor salió para que pueda vestirme y recién vi a detalle la habitación. No había azulejos ni en pisos ni paredes, nada podía lavarse o desinfectarse. Los instrumentos que había usado en mi cuerpo estaban en una fuente con agua y detergente”, recuerda.

Cuando llegó a ese lugar por la zona del Cementerio, ella tenía 28 años de edad. Señala que -por fuera y por dentro- el lugar era como cualquier consultorio médico chico de una zona popular. Allí incluso había otros pacientes esperando sin pensar que en pasillos ocultos se hacían estos procedimientos.

Al irse le entregaron 12 cápsulas de ampicilina. No hubo ninguna receta que delate quién o dónde se hizo la prescripción.

Se abre el debate

  • Argentina En una lucha que se apoderó de las calles, el movimiento feminista argentino logró sumar a mujeres de varios países a su campaña por la legalización de un aborto libre, seguro y gratuito. El proyecto de ley que en una primera instancia fue aprobado por los diputados fue rechazado en Senadores el 9 de agosto. Una de las posibilidades que se abren cuando las dos cámaras fallan de forma distinta es la de ir a una consulta pública.
  • Chile En 2017, Chile legalizó el aborto en tres causales. Tras las movilizaciones en Argentina, bajo el lema “No batan tres”, un grupo de 10 diputadas han planteado la despenalización total de la interrupción del embarazo hasta las 14 semanas de gestación. Al igual que el país guacho, ellos optan por las modificaciones en el Legislativo.
  • Brasil A diferencia de Argentina y Chile, Brasil ha llevado el tema a la vía judicial. La Corte Suprema brasileña tiene en mesa una queja que afirma que los artículos 124 y 126 del Código Penal, que penalizan el aborto, son incompatibles con la actual Carta Magna.
  • Colombia El movimiento feminista ve que es el momento para despenalizar completamente la IVE.

Bolivia: los altos riesgos de la clandestinidad camuflada

El Código Penal vigente en Bolivia castiga con hasta seis años de cárcel a quien “causare la muerte de un feto en el seno materno o provocare su expulsión prematura”. Sólo durante agosto de 2017 siete mujeres, en cinco ciudades del país, fueron arrestadas por este delito. A ellas se suman las personas que fueron detenidas acusadas de complicidad.

Los hechos fueron denunciados por el Pacto de Despenalización del Aborto como una “campaña feroz e inhumana que condena a las mujeres”. Esta situación sería una de las causas para que las mujeres acudan a centros clandestinos y peligrosos.

En diferentes zonas de La Paz y El Alto se realizan abortos en clínicas o consultorios ilegales que usan como fachada laboratorios que ofrecen “test de embarazo en sangre y orina”. En el centro de la sede de Gobierno, varios edificios de las calles Figueroa, la Tumusla, la Max Paredes o la Garita albergan a decenas de estos locales.

A Carolina T., de 33 años de edad, le practicaron un raspaje en uno de ellos y asegura que no le fue difícil encontrarlo. “Me dieron el dato en esos laboratorios en que me hice la prueba en sangre. Cuando dio positivo no podía creer que estaba embarazada porque llevaba más de un año tomando la píldora”, dice.

Recorrió varios de estos locales y en cada uno le ofrecieron “una solución”. Los precios iban desde los 500 bolivianos hasta los 1.800. “En el más caro decían que todos los instrumentos que usaban eran desechables. Aseguraban que era lo mas salubre, pero no tenía ese dinero. Era mi sueldo entero”.

Llegó a un consultorio cerca de la Subalcaldía Max Paredes. Ahí, como requisito le pidieron realizarse una prueba en el mismo lugar. “Tenía tres pruebas positivas pero igual la encargada me acompañó al baño para comprobar los resultados. Me dijo que el costo era de 700 bolivianos, me preguntó quién me había enviado y me entregó un tipo formulario de consentimiento en el que daba fe de que había llegado a ese lugar con un sangrado abundante y pidiendo ayuda inmediata, que todo el procedimiento era para salvarme la vida”, relata.

Nunca vio al médico. Desde que entró a la habitación en la que se realizó el procedimiento, el galeno llevaba un gorro, una bata y un barbijo. No supo su nombre o si en realidad era médico. “Supuse que lo era porque cuidaba mucho que no lo viera”, afirma.

Otras causales

La madrugada del 6 de diciembre de 2017, el Senado boliviano aprobó un Nuevo Código Penal que ampliaba las causales para un aborto legal. La norma admitía la IVE cuando la mujer sea estudiante o tenga a su cargo adultos mayores, personas con discapacidad o menores de edad. En la primera etapa del debate la extrema pobreza figuraba como otra causal.

Yoselin Q. llegó a uno de estos centros clandestinos por desesperación. Apenas había pasado los 20 años y recuerda esa decisión como la más traumática de su vida. “Me marcó. Era algo que no estaba planeado. Era joven, sólo estudiante y sólo podía pensar en el sufrimiento que le esperaría a un bebé que nacería prácticamente en la calle, de donde yo misma viví mi niñez... sé lo que se sufre. Imagínate una chica joven, pobre, sola, sin nada de nada”, cuenta.

Como las otras mujeres que tuvieron la experiencia, asegura que nunca vio la cara del doctor. “Sólo me hablaba para indicarme qué hacer. Los dos estábamos en el anonimato”, explica.

Del proceso recuerda el dolor y la sensación de que algo la punzaba por dentro sin causar más reacción que la de llorar. Luego de que todo terminó estuvo una media hora más sangrando, sintiéndose más y más débil.

“Tuve miedo y también tristeza. Si fuera legal no dejaría de ser una decisión dolorosa y muy difícil, pero por lo menos sería segura”, comenta ahora.

Si bien el sistema de salud boliviano establece la gratuidad en métodos anticonceptivos -según datos del INE-, el 21% de las mujeres aún usan métodos tradicionales y menos efectivos. Sólo un 9% opta por los definitivos, por desconocimiento o restricciones injustificadas.

Ese es el caso de Alejandra B. A los 25 años dio a luz a su segunda hija y antes de la cesárea pidió que le practiquen una ligadura de trompas. “Me lo negaron, dijeron que era muy joven y me podía arrepentir. No pasó ni un año y me embaracé y fui a buscar una de esas ‘clínicas’ de las que sabemos que hay por ahí”, relata.

Fue la enfermera la que le dio una tabletas de misoprostol. Le explicó cuántas y cada cuánto tomarlas y le entregó una pequeña tarjeta con un número y la dirección un centro médico. “Si notas que sangras de más, llamas y te vas a ese lugar”, le dijo.

“No tuve complicaciones, pero vi la oscuridad que ronda a la ilegalidad. Yo sobreviví a esta experiencia pero muchas no lo hacen”, sostiene.

En La Paz , colectivos bolivianos apoyaron la despenalización del aborto en Argentina.

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