“Tías”, proxenetas del “negocio” del aborto clandestino en El Alto

Prestan dinero a las adolescentes víctimas de explotación sexual para que paguen un aborto en lugares precarios. Las obligan a atender a hombres para saldar la deuda.
domingo, 26 de agosto de 2018 · 00:04

Wara Arteaga / El Alto

Dan un lugar donde dormir o proveen un poco de clefa para volver dependientes a las jóvenes. Todo hacen a cambio de dinero. Ellas son “las tías”, proxenetas que se aprovechan de las adolescentes víctimas de explotación sexual que quedan embarazadas. “Las tías” prestan dinero a las menores para pagar un aborto clandestino.

Ellas conocen a curanderos y a las personas que venden mezclas de hierbas, saben dónde encontrar pastillas e inyectables y conocen centros médicos privados que trabajan en condiciones precarias. Ellas, “las tías”, como son llamadas por las víctimas, manejan el negocio del aborto ilegal en el centro de la ciudad de El Alto.

En las calles aledañas a la Ceja, desde los locales, camuflados como restaurantes, discotecas y alojamientos, se encuentran mujeres, adolescentes y niñas que son víctimas de explotación sexual comercial. En la misma zona, casi frente a frente o como si fueran vecinos, se encuentran algunos consultorios que trabajan con “las tías”. Estos centros médicos ofertan en letreros servicios como “prueba de embarazo”, “planificación familiar” y “cirugías”, entre otros.

A las 19:00, el frío ya se siente con fuerza en las calles de la Ceja. Algunas de las víctimas de explotación sexual usan ropa deportiva, otras llevan un conjunto de jeans, siempre están con la mano en puño, la misma que acercan a la nariz cada medio minuto.

Este medio acompañó en un recorrido a un equipo de la Fundación Munasim Kullakita, que sale una vez a la semana a rescatar a la población en riesgo y a las víctimas que ya ingresaron a las dinámicas de la explotación sexual comercial.

“Por la dinámica en la que están involucradas (la explotación sexual), ellas quedan embarazadas por su pareja o cliente, pues muchas veces cobran un poco más cuando lo hacen sin protección. Son dinámicas donde muchas adolescentes están inmersas. Generalmente cuando se enteran que están embarazadas, también se enteran que tienen VIH (Virus de Inmunodeficiencia Humana)”, explica Reyna Cachi, responsable del programa de atención a víctimas de trata de la Fundación Munasim Kullakita,.

Con el apoyo de Educo Bolivia esta fundación ayudó y brindó atención integral a más de 200 niñas, adolescentes y mujeres rescatadas de la trata. La más pequeña de las niñas acogidas tenía 11 años, pero había sido rescatada cuando tenía 10; lo que significa que fue sometida a la explotación sexual incluso antes.

“La mayoría de los bebés que nacen, se enferman con pulmonía, también tienen enfermedades del estómago”, comenta una de las educadoras, mientras camina cerca de una casa, a medio construir. La infraestructura parece cerrada, pero se escucha desde adentro música con volumen fuerte que incluso hace vibrar las ventanas. Es una discoteca clandestina.

Según los expertos, cuando las adolescentes que viven en la calle y son víctimas de explotación sexual comercial se enteran que están embarazadas tienen dos reacciones: Algunas piensan en salir de la dinámica y luchar por sus bebés, otras sienten que le harán daño (por su enfermedad) y quieren abortar.

“Ser adolescente, estar embarazada, con el diagnóstico (VIH), no tener dónde dormir y no tener el apoyo de los padres se convierte en una situación muy compleja para ellas”, comenta Cachi.

“Cuando las encontramos las llevamos al centro de salud y programamos su atención, pero tienen miedo o no van porque dicen que sufren maltrato, no podemos obligarlas. Nosotros coordinamos la atención, pero a veces dejan de asistir a sus controles prenatales”, dice Cachi.

Esclavas de una deuda eterna

Cuando una adolescente víctima de explotación sexual decide no tener al bebé, su único recurso es pedir ayuda a “las tías”.

“Las adolescentes cuentan que las ‘tías’ pagan el aborto. Lo hacen como un préstamo, a cambio de que las adolescentes paguen poco a poco con cada pieza que hagan (tener relaciones sexuales con clientes)”, comenta la educadora.

Y es que “las tías” se aprovechan de las adolescentes porque tienen muy pocos recursos o no cuentan con dinero. Entonces, les ofrecen pagar un aborto clandestino e insalubre como una forma de préstamo. Así una víctima de violencia de explotación sexual se somete a una deuda “casi eterna” con una proxeneta.

“Ellas son como las jefas. Conocen las formas de abortar y los lugares”, explica la educadora que guía el recorrido, en la avenida Tiahuanaco.

Según el informe Cuando las cifras hablan II de la fundación Ipas Bolivia, “las mujeres adolescentes y niñas suman las cifras de la mortalidad materna por abortos inseguros. En la mayoría de los casos se debe a la penalización del aborto que obliga a la mujer a acudir a la clandestinidad o por el bajo uso de métodos de planificación familiar o anticoncepción”. Entre los datos de esta investigación se estima que durante 2016 se realizaron 59.646 abortos, que significa un promedio de 163 por día en Bolivia.

Sin embargo, las cifras de los abortos clandestinos de las adolescentes víctimas de “las tías” no se conocen.

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